Ciertamente, nuestra casa se habría vestido de invierno, marcando el imperativo gris en todas sus tonalidades. ¿Te recuerdas cuántas caminatas sombrías hicimos entre alcoholes, cigarrillos, marihuana y amigos? ¿ Te recuerdas cuánto evadimos a la querida Soledad, que hubiera sido nuestro perfecto hilo conductor para crecer? Estuvimos allí, a centímetros de distancia solo viéndonos sin conocernos, durmiendo en el mismo lecho, cubriéndonos con las mismas sábanas… retozando, uniendo y mezclando los mismos sudores y fluidos, boca a boca, cuerpo a cuerpo, como dos perfectos desconocidos.

Por alguna irrefutable circunstancia, un feroz lobo devoraba mis entrañas, buscando acabar con todo esto. Dejaba ver en mi rostro unas rojas y marcadas alas de mariposa, pero nosotros, ahí enhiestos frente a la tormenta que abrazaba y revolvía todo a nuestro alrededor… estábamos ahí, tú con tus ocupaciones y yo con mi capucha negra, acostada, fumando un cigarrillo tras otro, sin construir nada, aguardando «el momento» dentro de una misma casa sin aroma a hogar, hasta que la casualidad hiciera su trabajo y llegara aquella luz que nos hizo converger en un solo punto.

Así fue como Aníbal salió de ti para habitar en mi. No fueron los besos, ni los abrazos, ni la belleza de la juventud, viendo el mismo hombre diez años. El horizonte se escondía desde un lugar desconocido ¿y? la pregunta, o tal vez las mil preguntas que asediaban mi corazón y me volvían verborreica e irracional ante tu silencio incomprensible… Ineludiblemente todo aquello era la matriz de mi duda, pero ya mi mente no albergaba tiempo para aquello… él estaba ahí, dentro mio burbujeando y dando volteretas, impulsándose con un piecito para jugar, jugar y jugar en la perfecta morada que fuera mi vientre, todo sucedió de forma rápida e intensa.

Semana 38:

Saliendo del habitáculo, expulsado como lava volcánica, un sincope de mamá es la señal de que ha ocurrido mi nacimiento. Escucho una música especial, veo la silueta del rostro de la mujer que me hablaba en la oscuridad… «come to me/I’ll take care of you»*

Tres minutos desmayada y luego recuperarme, viendo ante mí el rostro de todo eso que nunca fuimos y desde ese momento logramos ser. Pensé de inmediato en el asombroso poder de la vida. Entonces pude entender, perdonar y olvidar aquello que no fue ni tu culpa ni la mía, sino nuestra… era cosa de tiempo y dialogo con nuestra amiga Soledad, mentora de tantas reflexiones y sugerencias de encanto o desencanto con la existencia.

A tres años, sabemos lo que somos. Articulamos múltiples puntos de convergencia… somos al fin una familia. Tenemos la fuerza camaleónica para ser lo que somos y no somos, cuantas veces sea preciso. Caminamos, volamos, navegamos. Nuestras seis manos imantadas por el calor de la consciencia espiritual. Somos una gran bestia recorriendo el planeta por todos los confines posibles.

* «Come to me», Bjôrk

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