El retorno a una nueva vida

El retorno a una nueva vida

Camina dubitativo a su cita. Es noche cerrada y el frío ha alejado a todo ser viviente de deambular por las calles. Él habría hecho lo mismo, quedarse en casa al abrigo de la estufa, si no fuera por ese encuentro que aún duda si será conveniente. Su cabeza es un mar agitado de ideas, de reflexiones, de esa constante indecisión que domina sobre la tormenta interior y que, posiblemente, le haga volver sobre sus pasos.

La distancia se acorta, aunque nunca es tarde para arrepentirse de su determinación. Conoce su destino pero no a su contacto. Jamás lo ha visto. Entonces ¿cómo reconocerlo? No le preocupa esto más que el viaje que deberá hacer llegado el momento. Al fin entra en una calle más estrecha. Los humeantes contenedores exhalan sus fétidos aromas al aire, un aire ya contaminado de olor a excrementos humanos y animales. Al fondo se distingue una hoguera. Tiene que ser allí. Se acerca sigiloso. Un desheredado calienta sus ateridas manos frente a un exiguo fuego. Él se detiene y el mendigo levanta su cabeza y lo mira fijamente.

─Aquí estás ─le dice con total confianza, dando la seguridad a quien acaba de llegar de que está ante su contacto─. Ha sido un acto de valentía por tu parte, aunque valorando los beneficios que puedes obtener, exclusivos para ti solo por hallarte ante tamaña proeza, convendrás conmigo en que resulta la única opción viable de comenzar una nueva vida.

─¿Qué es lo que debo hacer?

─Antes que nada debo advertirte del riesgo que supone hacer ese viaje. Aunque, llegados a este punto, entiendo que tu voluntad es irreversible. Pero es mi deber establecer las condiciones ─e hizo una pausa esperando la aprobación de su interlocutor. Éste afirmó con la cabeza─. Bien, en ese caso comencemos. Ya sabes que el punto de partida debe establecerse de forma inequívoca. Esa resolución, errónea, que se tomó en su momento y que provocó el seguimiento de otra senda… Nuestros actos nos conducen por diversos caminos y, a cada bifurcación que se nos presenta motivada por la toma de una decisión que se nos impone, las nuevas veredas pueden direccionarnos por rutas que pueden complicar nuestra existencia futura. De mí podría decirse tal cosa, pero no te atañe el porqué de las causas que me han llevado a esta situación ni los motivos que pueda tener para no realizar ese viaje que tu ahora pretendes hacer. Verificado ese punto de partida solo hay que desear con todas las fuerzas retornar a aquel momento y enmendar la decisión. Esto, como podrás comprender, supone, digamos el borrado, de todo acontecimiento posterior y, por tanto, el recorrer un itinerario distinto al realizado hasta ahora. Perderás amigos, familia, alegrías y tristezas, que serán reemplazados por otros tantos. Y olvidarás también todo ello ya que, de otro modo, supondría el seguir manteniendo las vivencias pasadas, lo cual es incompatible con el hecho de viajar a ese momento.

─Me resulta increíble que tal cosa pueda ocurrir.

─Como a todos. Solo creéis en las vidas corrientes que lleváis. En esa zona de confort y, sobre todo, por la cobardía de no enfrentaros a un difícil cambio, no valoráis vuestro potencial de poder modificarlo para alcanzar una vida más plena. Tú, que has reaccionado, que has meditado y logrado llegar hasta ahí, tienes ante ti la inmensa suerte de lograrlo.

─Creo… no, afirmo, mi resolución de eliminar ese fatal error de mi vida. No puedo soportar seguir viviendo con esa pesada carga que me lleva a una existencia oscura e imprevisible.

─Debes saber que es una decisión de retornar a un único punto. No hay repetición de la acción in aeternum. ¿Está claro? ─sentenció mientras echaba un trozo de tela vieja y roída a la casi extinta llama.

─Estoy dispuesto a correr ese riesgo.

─En ese caso, siéntate junto a mí y cierra los ojos. Olvida donde estás, solo concéntrate.

Así lo hizo. Su mente se centró en aquel instante que cambió su vida y, tras valorar intensamente todas las opciones, decidió una alternativa. No sentía frío, ni la incomodidad del suelo en el que se hallaba sentado, porque estaba del todo ausente. Tan solo la satisfacción de haber cambiado su decisión justo en ese momento. A continuación una intensa luz nubló toda la visión de su recuerdo. Abrió los ojos y se encontró sentado en una pestilente calle, solo, ante un fuego que se apagaba. No sabía qué hacía allí ni cómo o por qué había llegado. Lo que sí tenía claro era que debía volver a casa. Le esperaban.

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