Letras encapsuladas…

Letras encapsuladas…

André Molina

22/08/2019

– Una vez conocí a un hombre que decía que podía regresar en el tiempo, claro, yo era un pequeño sin ton ni son que escuchaba historias en cualquier esquina, crecí y estando parado frente a la ventana de mi casa, ya casado y con hijos, vi al mismo hombre sentado en una banca al otro lado de la calle. Lucía exactamente igual, sin dudarlo corrí hacia la puerta, la abrí y…

– Al cruzar la calle y acercarse a aquel hombre, se sorprendió de ver que era usted mismo….

– ¿Cómo sabe eso?.

– Señor Quineroz, me cuenta esta historia en cada sesión que tenemos.

– Y le he contado la historia de mi viaje a Grecia, tenia un barco precioso, un velero que me heredó mi padre….

– El que un otoño sombrío estando en altamar…

– Esta bien, entiendo que quizá le he contado mas historias de las que recuerdo, pero son necesarias doctor, cuando uno deja de recordarse a si mismo que ha vivido, que ha viajado, que ha amado, entonces muere, muere el alma, muere todo.

-Eso si es nuevo, debería escribir un libro.

– ¿Y encapsular mis anécdotas para el olvido, dejar que un hombre pueda colocarlo en un estante como si lo leído fuera suyo?, no doctor, me rehúso a dejar que se sepa lo que hay del otro lado del atardecer a través de mis ojos… Quizá, hoy quiera usted contarme alguna historia suya.

– Ya le he dicho que…bueno, por hoy haré una excepción, tengo unos minutos extra mientras lavan mi coche.

Hace algunos años mientras viajaba con mi esposa a Turquía, estando en un mercado de pulgas, un hombre se nos acercó, trataba de vendernos una reliquia antigua que concedía según la leyenda «los deseos del corazón», yo por supuesto no creí nada de lo que había escuchado, pero mi esposa siempre fue supersticiosa, así que la compró, es gracioso por que al final del viaje me dijo que solo lo había hecho para ayudar a aquel hombre que se veía necesitado.

– Usted no nació con talento para contar historias doctor, pero seguramente si puede escribir un libro.

Ambos sonrieron. El señor Quineroz continuó.

– Lo que no le contaron de la leyenda doctor, es que si usted le pide algo al amuleto y se lo concede, este toma a cambio una vida, no la suya, no de su familia, sino alguien cuya generación hubiere estado protegiendo la joya hasta que fuera robada por un polizón.

– Tiene razón, esa parte no me la contaron.

– Usted ha utilizado la joya dos veces, ¿no es así doctor?

– Yo…

– El viaje hasta aquí me llevó tres días, 12 horas, 30 minutos, lo busqué durante tres semanas enteras en esta horrible ciudad, contacte a mas de 100 personas con su nombre y había estado esperando escucharlo contar esta historia con la paciencia que solo puede dar la venganza y el odio que le tengo. Usted mató a mis dos hijas.

– Yo…no sabia…

– Usted sabía, su mujer no, pero usted si, antes de venir aquí fui por el polizón y lo obligué a decirme todo. Usted sabía. Ahora doctor, antes de salir de aquí, me presento, soy Ankara Zalif, protector supremo de la reliquia, mi poder consiste en controlar mentes, solo debía encontrarlo, usted y su historia hicieron el resto.

Ankara miró fijamente al doctor hasta que este cayó en un sueño profundo. La puerta de la habitación se abrió lentamente, los guardias que intentaban detenerlo en los pasillos caían paralizados.

Para la mañana siguiente Ankara tenia en su poder la reliquia y yacía sentado en la primera fila de un avión con destino a Turquía, en ese mismo instante, pero a kilómetros de ahí en una de las habitaciones del psiquiátrico, el doctor que había atendido a Ankara envuelto en una camisa de fuerza susurraba para si mismo….

Una vez conocí a un hombre que decía que podía regresar en el tiempo

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