ENTRE ALBAS Y OCASOS

ENTRE ALBAS Y OCASOS

nones

09/08/2019

ENTRE ALBAS Y OCASOS

TE DEJO LA NOCHE

Dejo los astros de tu mirada

en la memoria de mis ojos,

quizá la distancia

alivie mi nostalgia.

EROTISMOS

Soledad a galope desbocado,

oye oído oye, las sirenas convocan.

El ímpetu, de los años mozos,

me hizo deshojar ramas otoñales

para descubrir primaveras grises.

Y mis manos juveniles,

también, agitaron,

caudales mansos

en estaciones secas,

imaginando los muslos

de Helena de Esparta.

Oye oído oye,

tu relincho

de caballo satisfecho,

hasta que empiecen

a ausentarse las musas.

PASIONAL

Dibujamos nuestros nombres

en el difuminado color de la pared.

Hubo tantos, como nosotros,

que dejaron el rastro rupreste

de su paso, y su peso,

por ese espacio breve.

Solitarios viajeros

aturdidos de insomnio.

Parejas infieles

Justificando sus vidas vacías.

Jóvenes ardorosos

descubriendo a Kamasutra.

Y ellas, entre ellas,

y ellos, entre ellos.

Timbró el celular, y respondió.

Estaba en casa de una amiga, dijo.

Yo deliraba, tendido, bajo ella.

43 NORMALISTAS

TRISTE MEMORIA COLECTIVA

Primera memoria

Han callado, los grillos,

el sonido clandestino

de sus cri cri continuos.

Aturde esa absoluta calma

en la que se ahogan los sonidos.

Más allá del silencio de la noche

hay una alfombra, sombría e inerte,

de mariposas agonizantes

regadas por el camino.

Más allá de ese silencio,

antes y después, hubo un ruido,

un ruido sepulcral de torturas

que congeló la sangre en cada grito;

fue el crac de aquellos huesos triturados,

lo que apagó el cric del canto de los grillos.

Por aquí pasaron los opresores,

los que se arrancaron el alma

para vivir, de la conciencia, proscritos;

son las falanges de la muerte

deshojando tréboles marchitos.

Son del dinero, esbirros con placa,

narcos y sicarios, en un solo equipo,

son los innombrables de Ayotzinapa,

los nahuales, los zombis asesinos,

masacrando la libertad de los sin patria

en un horrendo embudo de suplicios.

El cielo, mudo testigo, llora,

la fría impiedad del genocidio,

fueron 43 los que no volvieron,

fueron 43, los desaparecidos.

Ya ni el viento con sus ondas de aire,

ni con sus ráfagas de remolinos,

podrán guiar, desde la flor, el polvo

del polen brutalmente desvanecido;

ya no agitarán el verde fluorescente

que se hizo color turbio de hojarasca,

en un otoño tempranamente extinguido.

Todo se apagó. Se entristeció todo.

Después del relámpago asesino,

los árboles temblaron en sus ramas,

los pájaros abandonaron los nidos,

mientras los lobos, bajo la luna,

seguían desmembrando, a las flores,

sus estambres, pétalos, y pistilos.

La primavera del futuro incierto

fue cortada a medio ciclo;

a medio camino de la ruta,

fue raptada, mutilada, envilecida,

por la consigna monstruosa

de una bestia que transpira sangre

y tiene,en el infierno,su recinto.

No hay señales ni huellas

en el silencio espantoso

de aquella muerte incognoscible

que se tragó el fuego y la tierra.

Segunda memoria

¿Dónde está el hermano, el hijo,

el familiar entrañable y amado?

¿Dónde están los 43 suspiros

de la misma sangre, de la misma carne?

¿Dónde están las 43 presencias añoradas?

¿Dónde, cada uno de ellos, donde?

Todos de una misma patria y de un mismo mundo.

Todos, desaparecidos, por la misma mano asesina.

De la misma raza todos, todos humildes.

No se fueron, se los llevaron,

No se rindieron, los quebrantaron,

No se callaron, amordazaron su voz,

y aunque les arrancaron las plumas

jamás dejaron de agitar sus alas rebeldes.

Y aunque les arrancaron la corteza

no pudieron doblegar sus profundas raíces,

a ellos que salieron a marchar sin armas,

a ellos que levantaron, en acto rebelde, solo sus libros.

Raza indómita de Ayotzinapa, raza herida,

sigues anudada en crespones de duelo,

tatuada en la ceniza de esa hoguera bárbara

que nubló de un rojo intenso tu cielo;

sigues, Ayotzinapa, hundida en el pozo

de esa noche genocida que marchitó la simiente

bajo el paso brutal de un tropel de bestias

sin patria, sin escudo, ni bandera.

Fue horadado el surco virgen, mancillado,

en aquella noche de presagios funestos

que prendió la hoguera de la muerte

y apagó el brillo de las estrellas.

Aun se espera, en el hogar humilde,

la presencia que alegraba el aposento,

la voz familiar que despertaba el alba,

aquella sonrisa que lo iluminaba todo.

Aun se espera,

inútilmente,

a los 43 de Ayotzinapa.

LA SIESTA DEL TIGRE

Traivol releyó,

para sí mismo,

su “Desahogo de una garza

en tiempos de antihéroes”,

-poema de una noche inspirada

en el patio trasero de casa

quemando hojas de cannabis-.

Versos excepcionales

-sin lugar a dudas-

de su temperamento febril,

que pasaron inadvertidos,

igual que “arbitrios impúdicos

de una rana

que se creía conejita”

o el mismo “erotismo

de un martillo desnudo

entre cáscaras

de cangrejos hermafroditas”.

Releyó,

con entusiasmado acento,

aquel fragmento

que erizaba sus poros:

…..el inmenso y temible predador

yacía, exánime, bajo las patas,

largas y flacas,

de una garza gris,

la que se veía incólume,

sin fatiga alguna,

después del supuesto,

e inaudito, enfrentamiento,

librado,

en aquel lugar,

contra el temible tigre.

Cuando todos los animales vieron

aquella imagen de señorío evidente,

un sonido enorme, proclamó, ovacionó

esa proeza inigualable y casi imposible.

Todos los animales festejaron, cantaron,

danzaron en torno de la gran bestia

Todos los animales presentes,

festejaron,

cantaron y danzaron,

en torno al gran carnívoro

que yacía, aparentemente vencido

(loando también, a la sin par heroína).

¿Pero tenía acaso sentido o lógica

que una fiera de ese tamaño

pudiera caer vencida,

desvanecida a muerte,

por una garza enclenque

como aquella?

No, en realidad,

la garza solo pasó por allí

y se posó un momento

sobre el inmenso felino

que dormía su siesta.

Nada más hubiera sucedido

de no ser por ese aciago bullicio

que despertó al monstruo,

quien engulló a cuanta presa pudo,

incluida la garza.

EL PECADO.

El amasijo de barro

recibió, de pronto,

ese suave

y dulce aliento de vida

que atomizó las micropartículas

de una reacción eléctrica en cadena.

Y fue así, por vez primera,

que despertaron los ojos,

y se abrió, con el destello de la luz,

el paraíso de la naturaleza.

Y, por vez primera, respiró,

el Ser,

el perfume de todas las esencias

en el preludio de la brisa

y en el aire.

Luego vino el sonido

en el rumor del mar que provocan las olas,

en el crepitar de la lluvia,

en el migratorio gorjeo de las aves.

Escuchó el sonido del fluir de los ríos

y la agitación del viento entre el follaje.

Y fue después la sed

seguida por el hambre.

Al final el crujir de vértebras,

la tensa dinamia de los huesos,

los músculos y la carne;

la sangre fluyendo como un río

en dirección de sus cauces,

como marea brava.

Primero fue él,

luego esa sensación

de soledad,

y vino ella,

y, con ella,

la fruta prohibida

de esa intensa pasión

llamada pecado,

con todas sus ansias.

EGOCENTRISMO

No es la tarde,

es, el silencio de la penumbra,

la tristeza que se agita

en el fluir de las horas

que se marchan.

Es el espacio vació e infinito

de una sensación solitaria

que nos marchita el alma.

Es la aciaga indiferencia,

de la maldad como instinto,

que nos conduce,

por el mismo círculo

en que muere la esperanza

Y a veces,

cuando el sol suelta

su último destello

de astro moribundo,

nos llueve

una carga de ebrias monotonías,

de espesas melancolías,

que nos ahogan, por dentro,

con su agria resaca.

Y, esas veces,

después de todo,

en nuestra esencia humana,

se nos hace llaga,

la tozuda hiel,

de ese fatal egocentrismo,

que nos amarga.

CULPAS EXTRAÑAS

Todos, o casi todos,

cruzamos una ruta ficticia,

una senda inventada,

para retornar, presurosos,

a la misma rutina obligada.

Y, a veces,

intentamos perdernos,

en el vicioso silencio

de la soledad falsa,

llevando,

como equipaje,

simples utopías mundanas.

No obstante,

casi siempre, vivimos,

rezagados,

estacionados,

en un cubículo de prejuicios,

lanzando,

palomitas de resentimiento,

por las ventanas.

Todos, o casi todos,

nos aferramos,

como hojas a las ramas,

de una cometa

de ilusiones vanas,

esperando,

sobre el reflejo tenue

de la escarcha,

que nuestra sombra

se enamore

de un fantasma,

para robar besos ajenos

y culpar, a los duendes,

que tienen, a los espejos,

como moradas.

ARDORES

Presiento el roce de tu mano

recorriendo la huella de mis caricias.

Imagino tu caricia tibia

sobre mi piel ausente,

y escucho, a lo lejos,

el romper de las olas del mar.

Hace unos segundos has despertado,

y miras mi retrato.

El mar besa la orilla,

y tu mano busca,

mi rastro perdido,

nuevamente.

INERCIAS

Somos dos extraños conocidos,

dos pasantes sin ruta

que se encontraron en el mismo camino,

dos que probaron la misma manzana

y terminaron el árbol entero de ese paraíso,

luego…. nada,

nada más que un coágulo de fatigas

que se marchita en el pecho.

En ese cielo sin estrellas,

en ese cauce sin aguas,

en ese lado muy tuyo

y desde este lado muy mío,

para no morirte de la rutina,

te escucho decir,

esa especie de anuncio publicitario repetido,

¿ME AMAS?

Yo respondo por inercia,

medio dormido,

………. ¡Sí!

MEMORIAL

Viento y ceniza, polvo,

polvo y viento, ceniza,

ceniza y polvo, viento,

ya nada queda

de aquel sentimiento profano,

solo cierra los labios

que tengo sed de ermitaño.

Polvo y viento,

tu piel se marchita

en las alas desgastadas

de un pájaro de nieve

que perdió la ruta

de tu memoria

y tuvo muerte de hielo.

Polvo y viento,

tus manos extendidas,

en un adiós sin tiempo,

sueltan la ceniza de mi último deseo.

JUEGOS PRECOCES

Tendí una vela larga y espesa

en el barco de papel de la infancia,

trasnochando, hilando la ruta

hacia esa isla solitaria de mi sueño,

y tuve que llorar el naufragio repetido

en mis tentativas de fuga.

Los demás eran niños

Las veredas de lluvia inagotable

eran cauces inmensos, mares picados.

Yo navegué esas turbulencias

y rehice, una y otra vez, mi nave,

esa misma nave, húmeda y acosada,

derribada por la tempestad furiosa.

Los demás eran niños.

Y repetí, en cada tormenta,

mi obsesión de marinero de tierra,

hasta que ella trastornó mi periplo

y guió mi nave hacia su isla,

y aprendí a navegar en su cuerpo.

Los demás eran niños.

PRISIONERO DE MI MISMO

Yo soy de este pueblo,

de memorias alegres

y de historias tristes,

ubicado en la geografía milenaria

de viejas y rocosas montañas;

soy de esa tierra de girasoles,

de orquídeas y violetas,

de mapaches,

de osos de anteojos,

de anacondas,

de cóndores, de pumas,

de héroes y de bandidos,

desde el sur por el norte

y un poco más allá al sur

por el sur.

He sido un número de cédula,

un usuario de cabildo,

y a veces ni eso,

solo mestizo o indio,

solo mulato o negro;

pobre, nada más que pobre,

he sido.

Yo soy de este pueblo

que es nación, país, patria,

terruño multiétnico,

democracia de ironías plutócratas,

de demagogias ingratas.

Danzante soy,

y he sido,

obrero, guerrero,

y monarca.

De este pueblo soy

que es Dios mismo,

que es madre sin parirme,

hijo he sido, mucho más que hijo,

tierra mismo he sido,

hijo y padre, patriota, paria.

Llanto y miseria he sido

en el holocausto de mis ancestros,

explotado, explotador,

esclavo y amo,

fetichista, alquimista, brujo,

cultor de imágenes falsas.

He sido fanático,

hombre de fe,

y anticristo.

Yo he sido esencia de azares,

coraza de armadillo,

fibra muscular de felino,

explosión de constelaciones,

bosque tropical,

selva, valle, montaña,

majestuoso cóndor andino,

océano, rio,

oro, cobre, y plata.

He sido piedra de pie

para altares,

espacio,

viento,

tormenta,

grito,

árbol,

hoja,

fruto,

colmena,

abismo,

cascada.

Yo he sido estatua de bronce,

lujuria, orgía, sensualidad, erotismo,

sol, luna, estrella, cometa,

frase prostituida, lacayo,

apenas estereotipo

de represor y reprimido.

Sí, soy y he sido sombra,

nada más que sombra,

desde el sur por el norte

y un poco más allá al sur por el sur;

apenas cosa para el arte,

apenas indio o mestizo,

mulato o negro,

nada más.

Prisionero de todos

y de mí mismo,

para constancia.

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