La caída inevitable de la vida, una tras otras o en intervalos, no importa. Es una caída. Duele, quema, desarma y asfixia. ¿La has sentido? Yo la he sentido. Escúchame, estoy gritando, pido ayuda, necesito que tomes mi mano, necesito que digas: ¡aquí estoy! Que me tomes entre tus brazos y me hagas sentir segura. Me canse de ver las horas pasar, me agote de ver tantas muertes y no poder decir ¡basta ya!

Las injusticias nos rodean, los asaltos nos dicen ¡hola! Las mentiras nos sofocan, pero somos hipócritas y nos dejamos engañar, usurpar y utilizar, nos vendemos por dinero y sufrimos los años que le siguen. Dejamos que nos pasen por encima y no pedimos que se aparten, nos dejamos pisotear porque estamos rodeados de personas que nos dicen que nos quieren, cuando en realidad nos quieren destruir.

La impunidad se disfraza de paz, los criminales de victimas que se dejaron llevar por el mal, basta de mentiras.

El sistema nos dice que estamos mal por querer dejar de sufrir, por querer emprender y sacar nuestro negocio adelante, nuestros hijos mueren, los amigos se dejan vencer, nuestros padres derraman lágrimas al ver la patria caer.

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