Los años hacen que cambies, que te transformes, que sigas siendo tú en esencia, pero que si bien tu mundo sigue siendo el mismo, consigas verlo de otra manera, tal que puedas comprenderlo y sentirlo como espectador que lo palpa sin sentir el dolor que te podría causar si no lo conocieras. Lo desconocido asusta… Las personas como yo, que no tenemos la memoria como virtud…., tenemos la suerte (o desgracia) de sentir cada nueva historia como la primera, cada sensación como la nunca antes vivida, y, bueno, si bien hace que cada día sea nuevo y te sorprendas hasta del lugar en el que tienes colocada la cafetera…, también hace que los aprendizajes que te va ofreciendo la vida, enseñándote a moverte por ella y a conocer el funcionamiento de los seres que se mueven por tu mundo, te dejen marcada una y otra vez, teniendo la sensación de que fue todo la primera.

Cuando se consigue navegar por la vida y sientes que las olas te llevan, pero manejadas por tu propio movimiento, cuando logras estar cómodo en el barco que has elegido y con el rumbo que has podido ir guiando en contra o a favor de la fuerza de la marea de la vida, sintiendo esto mismo, sintiendo los días, buscando lo que a cada uno le va haciendo feliz, esforzándote por seguir el rumbo que deseas, pero no hundiéndote si las olas desvían un poco tu camino, se consigue ser un poco más dueño de la ruta que te están marcando. Si supiésemos con seguridad el lugar al que vamos a ser dirigidos, se perdería la chispa…, tener todo bajo control no es divertido. Es complicado encontrar el equilibrio entre la locura de dejarte llevar por las olas y la seguridad de tener el timón agarrado con fuerza. Y, cuando en tu barco se sube otra persona….

Conforme crecemos somos conscientes de lo que vamos necesitando en nuestra vida, de aquello que nos hace feliz. Las cosas que podríamos dejar caer al mar y olvidarlas, las que podríamos llegar a apartar durante un tiempo, y sólo bajo determinadas circunstancias (para ello es importante no olvidar dejar bien atado el cabo a un buen enganche del barco), y las que, si dejamos atrás hacen que el nuestro ya no sea nuestro barco.

Cada cual, igual que amuebla un nuevo apartamento, trata de encontrar aquello que se ajusta mejor a sus necesidades. Pero claro, si todo fuera tan sencillo!… Te haces una idea de lo que quieres sentir cuando te acercas a alguien, lo ideal para ti, la seguridad, pero esa persona, que también ha tenido una vida y que va también navegando, tal vez desde antes que tú, pues puede que en aspectos se ajuste a tus intereses y puede que en otros no tanto… Aquí es donde hay que valorar, modelar, ajustar…., recrear ambientes en los barcos de la vida y decidir si soltar o continuar.

Cuando llevas tiempo sin ver a alguien y te enfrentas a un primer encuentro, da la sensación de que todo su mundo ha podido cambiar, que tal vez ya no tengas cabida en él…, el primer encuentro siempre me asusta. Esos primeros minutos, ¿qué tal estás?, ¿Cómo te fue?…, y, si ese alguien es un amor pasado…, esos sentimientos se intensifican. El amor mueve el mundo. No quiero vivir sin amor, no quiero despertarme un día y no sentir nada, no quiero morir. Quiero descubrir qué cosas me encuentro, qué me apetece buscar cada día, contra qué tengo que luchar o qué cosas tendré que agradecer.

A todos nos puede gustar la vida que llevamos y estar más o menos satisfechos con ella, y, un día, nos despertamos y pensamos que nada de lo que hacemos tiene sentido, que no nos satisface el mundo que nos hemos creado. Me asusta despertar un día y otro día con esa sensación, no pudiendo hacer nada para escapar de ese punto. Cuando todo me asfixia, cuando mi mundo más que llenarme, me ahoga, algo que me ayuda, y que me hace añorar lo mío, lo que conozco y que poco a poco he ido creando, es escapar, salir corriendo, de forma que llego a añorar mis hábitos, mis costumbres mis quejas habituales, y desconecto para regresar con la energía del que empieza algo por primera vez, con la ilusión de una primera cita…, bueno no exactamente, pues sabes lo que te espera, pero, como ya he dicho que mi memoria es bastante limitada, pues en esos días en los que me marcho, me logro olvidar de mi mundo.

Otra forma de escapar es cuando viajas… y, ya en tu nuevo mundo, el mundo temporal que te has creado para evadirte del tuyo, del que conoces y te gusta, del que has necesitado huir para poder regresar a él lleno de energía y de ganas y de saborearlo, cuando ya estás inmerso en tu mundo inventado… Alguien te llama, te busca, alguien del mundo real, un amigo que quiere quedar contigo y no sabe que te has ido, tu madre para saber cómo estás, los dos mundos se juntan y se funden en uno, teniendo en ese momento conciencia de dónde estamos y por qué nos hemos ido… Todo esto se puede ver así, o se puede ver como que es verano, hace calor, hay paga extra y vacaciones y apetece coger el coche o el avión y VIAJAR…

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