En el horizonte se perfila la silueta de un paraíso perdido, un pequeño faro ilumina el camino en un mar de pesares.

Sacha navega hacía la luz como hipnotizada, no consigue apartar su mirada de ella desde que empezó a vislumbrarla.

Por fin parece llegar a su destino, ese destino buscado durante años.

Mariposas revolotean en su estómago.

No siente temor alguno, no hay motivo para ello. Habiendo estado tanto tiempo sumergida en la oscuridad más profunda, dónde ni las estrellas brillaban en el cielo, este haz de luz la consuela.

Larga había sido su travesía, tan larga que ya no recuerda cuando comenzó, ni desde qué puerto zarpó.

Sus recuerdos se han ido hundiendo, arrastrados por lágrimas de sufrimiento.

Cuánto tiempo arrastró con ella el peso de almas ancladas, que una y otra vez pretendieron arrastrarla con ellas en remolinos sin retorno.

Cuántas y cuántas veces se sintió como un frágil barquito de papel.

Ahora sin embargo siente que se ha convertido en un gran barco mercante, sus motores a todo vapor, sin lastre alguno, libre y con rumbo a su felicidad.

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