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Revivir el pasado en estos momentos, dejan solo los buenos recuerdos…

Fui joven y guapa, (eso decían en el pueblo) los años y las lágrimas derramadas por la pérdida de mi marido y después la de  mi hija Ana Belen, cambiaron  el físico, el carácter y las ganas de vivir…

Modista de oficio y no de beneficio, por los trece hijos concebidos en mi vientre compartieron pecho, enseñanza, coscorrones por la lectura, las cuentas, lavar a mano, planchar, cocinar, coger agua de la fuente, limpiar, coser, zurcir con miles de noches en vela. 

A cambio, una vejez en la que la soledad y la apatía me ganaron terreno…

Les  sigo echando de menos…

Desde hace unos meses, ya no estoy sola, ahora rezo todos los días y le pido a Dios fuerza para disfrutar cada instante, con cada abrazo, con cada sonrisa, con cada “te quiero”  de mis trece hijos y diecinueve nietos…

Carmen Lozano

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