Ce n’est pas une crème glacée

Ce n’est pas une crème glacée

Nata y chocolate, definitivamente. Es lo mejor del mundo. Nata y chocolate, como siempre. Es ir a lo seguro, a lo que me gusta. Y eso es bueno. Las cuatro personas que me preceden en la fila me privan de cierta visibilidad, así que estiro el cuello a la par que balanceo el cuerpo cual metrónomo eufórico para aumentar mi línea de visión hacia el escaparate. Podría aventurarme a salir de la fila unos segundos y acercarme al frente para sopesar mis opciones pero tengo gran desconocimiento del grado de civismo de la retaguardia. No quiero perder mi legítimo quinto puesto en esta heladería de moda. Así que, barbilla al cielo y balanceo elegante. ¡Qué orgullosa colmena de colores helados! ¡Qué de texturas comestibles de lo má sugerentes! Opciones y más opciones. Más que en toda mi vida. Se nota que han querido salirse de lo común, destacar sobre la media. Aquí abundan los sabores que nunca he probado. Tengo todo un banquete multicolor a disposición de mi deseo. Sorbetes de al menos treinta frutas, algunas de las que desconozco forma y color. Pero está claro que no voy a jugármela con un sorbete por muy refrescante que parezca. No obstante, el resto, sí merece mi atención: crema catalana, chocochip, vainilla, banana split, dulce de leche, menta (aggh), cheesecake, tiramisú, avellana, turrón, ¡de lavanda!, de durazno, ¿de lucma?, ¿de guanabana?, ¿de sambayon?, de zanahoria, de cerveza (qué fuerte), de gofio… ¿gofio? eso suena fatal. Como a enfermedad o algo así. Hay muchos que me gustaría probar…Touché, heladero. Sería un necio si no aprovechara esta oportunidad. Adieu, nata y chocolate.

Además, el sitio tiene pinta de artesanal, fijo que es artesanal, ¿no? Ah, sí, ahí lo pone, en el cartel que cuelga sobre las torres de vasitos apilados: “Helados La niña. Maestros artesanos heladeros desde 1953”. Reconozco que da confianza. Y qué hermosas torres de vasitos, color crema a rayas rojas o a rayas azules. Qué graciosa referencia a la torre de Pisa. Míralos, aguardando su dulce sino. ¿Cuál de esos vasitos está destinado a acabar en mis manos? Si cuento la gente que tengo por delante podría determinarlo. Bueno, sin contar los que piden cucurucho en lugar de vasito. El de delante tiene cara de cucurucho. Va a pedir cucurucho, fijo.¿Ves? Cucurucho. Se le notaba. Yo nunca he sido de cucurucho. Cucurucho, cucurucho. Es una palabra bastante rara. Cuanto más la digo más rara me suena: cucurucho, cucurucho, cucurucho, cucurucho, cucurucho, cucurucho, cucurucho. Me gustaría saber su etimología. A ver. ¿MI MOVIL? Ah, qué susto. A ver:

“Cucurucho:

Del italiano dialect. cucuruccio.

1. m. Papel, cartón, barquillo, etc., arrollado en forma cónica, empleado para contener dulces, confites, helados, cosas menudas, etc. U. t. en sent. fig.”

(…)

Uy, ahora que lo pienso ¿podré elegir el color del vasito? ¿Será algo que dejen a elección del cliente? No tiene sentido que estuviera prohibido por alguna insípida política de empresa. ¿Quedará raro si pido un color en concreto? No veo que los de delante elijan color. Mm, la dependienta -un poco hosca para mi gusto, he de decir- coge el vasito de la pila que le queda más cerca, según en qué lado del mostrador esté; y eso depende del sabor que ha elegido el cliente. Más concretamente del primer sabor que elige el cliente. Tomo nota.

Uhhh ¿seis clases de chocolate? Oh my. Esto podría ser una señal. A ver, chocolate blanco, descartado -eso no es chocolate-. Con leche, muy típico. El puro tiene buena pinta, el belga indudablemente también, esos hacen buen chocolate. El que incluye galletas… no. No queremos arriesgarnos a un ataque de tropezones blanduzcos. Nop. Uhhh, LECHE MERENGADA, algunas veces la he pedido con el chocolate… cuando tengo antojo de canela. ¿Tengo antojo de canela? Podría convalidar fácilmente la leche merengada por nata. Sigue siendo un blanco y negro. Un clásico. Como las buenas películas antiguas, las mudas. Uno menos. ¡Pasito enfrente! Definitivamente el vasito de rayas azules. Es como más veraniego. Aunque también podría decir que es veraniego el rojo: calor, sol… Pero el azul es el color del mar, playa, verano… el azul. Bien. Madre-del-señor qué pinta tiene el banana split,sabor cinematográfico donde los haya… reconozco que se me está haciendo la boca agua de pensarlo… le quedaría genial con el dulce de leche o puede que con el cheesecake. ¿Y el de lavanda? Me encanta la lavanda, puede que me lo deje probar un poquito, antes… temo que me recuerde al suavizante para la ropa. La gente de detrás parece impaciente, ¿se molestarán si entretengo con preguntas a la jovial dependienta? Decidido: Voy a probar algo nuevo. VOY A PROBAR ALGO NUEVO, sí señor. ¡El sitio lo merece y la ocasión también! Ya que estoy cambiando tantas cosas en mi vida… y ¡después de lo de la semana pasada! que no se lo deseo a nadie, por mucho “crecimiento personal” que me haya aportado, como dice mi psicoterapeuta Luisa. ¡Además! no todos los días uno consigue el premio a la mejor… ¡Anda! ¡Pero si tienen toppings! Esto lo cambia todo… Galletas crujientes troceadas, frutos secos cubiertos de miel o de chocolate, virutas de arco iris y de chocolate, fruta fresca, fruta deshidratada, conguitos, malvaviscos… Maravilloso, voy a representar mi nuevo y flamante YO en este super-helado de sabores nuevos, topping y salsa. Y luego le envío una foto de “mi-nuevo-yo-versión-helado” a Luisa. Esto va a dar que hablar en la próxima sesión. Veamos, qué sabor me apetece…

BUENOS DÍAS SEÑOR, ¿QUÉ VA A SER?

– …

¿Y BIEN?

– Pues… ¿cómo está la lavanda? ¿Buena? Parece muy refrescant…

¿CÓMO DICE, SEÑOR?

– Eh… eh… Un vasito de nata y chocolate, por favor.

Bien. Esto sí que va a dar que hablar en la próxima sesión.

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