La vida no se ve venir

La vida no se ve venir

En la parte alta de mi trono, se ubican pequeñas solapas de la vida, restos del destino, donde los suspiros se van sin abrir ni cerrar las puertas.

Puertas abiertas, para repartir deseos y en la parada de mis fatigas, me invento pensamientos, mentiras y verdades, proyectando mi luz en los ojos del mundo.

Mundo de colores, porque me sobran cadenas que me aten a nada, y solo busco ser el nómada que juegue con mi cuerpo, con el alma desnuda, buscando la locura.

Locura impecable, golpeada por cabestros o tiburones, perdedores con trajes de leyenda, herejes que no cumplen su palabra, o aburridos novios de amigas de la infancia.

Infancia divina que generó el nacimiento de mis alas, mientras ardía el mar y el aire me ahogaba.

Me ahogaba cada noche que corría, y le cantaba a la certeza un remiendo al corazón averiado, y a la memoria de lo extraño.

Extraño y me pregunto: ¿Hombres verdugos que atraviesan el bien y el mal, hombres que piensan ser dueños de ricos y pobres, hombres renegados por la sumisión del horror y la sobredosis de maldad, hombre de olvido escondido por el fraude, la traición y el poder?

Poder para disfrutar de esa suerte y no morir sin llorar, vencer el dolor y recibir la vuelta de los besos, de aquellos que tienen los cabellos de color plata.

Plata para los humildes que dieron la vida por mí, sin pedir nada a cambio, con los ojos llenos de amor y poniendo el destino a mis pies.

Pies llenos de libertad, que buscan el camino de rosas rojas y amarillas, pero que se convierte en rebelde, arduo, costoso y complicado.

Complicado porque somos lo que somos, porque los recuerdos de cada etapa son los más importantes, porque crece la libertad a medida que se saborea, y el final no es el comienzo de nada.

Nada de odio, nada de guerra, nada de tristeza, nada de enfermedad, nada de duda, nada de la sinrazón, nada de lo peor, nada de amor.

Amor perro, amor bondad, amor flexible, amor de madre, amor a largo plazo, amor sin presencia, amor por amor muere o vive.

Vive la ventaja de vivir el viaje que te agote las piernas, caminando a ninguna parte y que no nazca el vínculo de la noche, ni del día.

El día amanece emponderando el papel de las gentes de buena voluntad, países pacíficos sin armas, que eliminan las heridas que no se ven.

No se ven los esclavos del poder que construyen el dolor, las manos dañinas, el niño que llora escondido y el progreso deshumanizado.

Deshumanizado, el hombre que no oculta el magma tedioso de la violencia contra las mujeres, sirenas heridas a partir de los ojos del espectador, y el mundo responde sumamente pasivo.

Pasivo, aquel que básicamente no tiene instrumentos para pensar y escudriñar la esencia de la vida, sin crítica, sin opinión, ni aportación del ojo que mira.

El ojo que mira cada tiempo, cada historia, las metáforas de la vida y ese veneno, en forma de tango con apariencia de humanidad.

La humanidad, esa desazón que se me escapa y que es guardiana de la tragedia, de la pobreza, de la insensibilidad, y que no me deja escapar la pena.

Pena de haber perdido en vano los años y que de cierta manera se invierte más tiempo en lo superfluo de las batallas, que en la armonía de la memoria, la concordia y la libertad.

La libertad que toca el sol, y aspira a lo imposible entre los sueños y la realidad, poniendo en su sitio al actor que cada cual lleva dentro.

Dentro de mí, donde tomo la determinación de ser fiel a mí misma, a ti, a mis tías, a mi madre, a mi pasión, a mi infancia, a mi adolescencia, a mí amor, a mi aprendizaje de la vida.

La vida y la naturaleza que me acompaña. El silencio que besa la contemplación y discrimina las prisas y el ruido.

El ruido me rompe los oídos, atraviesa mis pensamientos, hiere a esas palabras llenas de amor y de belleza cautiva.

Cautiva la magia que consiguen encontrar inviernos, primaveras, otoños y veranos.

Veranos llenos de amores, aprendiendo a besar, a bailar, a pensar y a luchar con los miedos que se guardan en la mochila.

La mochila que abres, donde encuentras las batallas perdidas y las victorias merecidas, donde el único fracaso de la vida es el que no se ve venir.

Tu puntuación:

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS