La locura no tiene antídoto.

La locura no tiene antídoto.

Kramen

19/04/2017

Vivir en sintonía con la sociedad es pedirle a una mata de tomates que construya sus propias cabañas de caña. Algo posible, pero contra natura. La espontaneidad surge en todo sistema al azar y fortuitamente pero inevitable, como los terremotos y los tsunamis. En todo conjunto se crean posibilidades que deben de existir, de coexistir y finalmente integrarse. Nunca hay control total.

No todos pueden medir dos metros, ser rubios y muy inteligentes. No se nos construye en una fábrica, ni nacemos bajo una patente. Aparecemos por una sucesión de variables que se entremezclan hasta que después de una leve espera, aparece un nuevo problema, o quizás una solución concreta y buscada. Como un parche para un código fuente corrompido, o como la extensión de un programa ya existente que necesita complementos para evolucionar hacia la eficiencia.

Carecen de valor las pastillas, y las batas blancas, los cuestionarios no están concebidos para cribar correctamente todos los patrones. Los mentirosos y los tramposos invalidan los protocolos con su sexto sentido anticipándose hasta al escrutinio. A los lunáticos los van sencillamente cazando por los pasillos, andan extraviados viajando de un planeta a otro sin posar los pies en la tierra.

Pero en la extensa fauna de la locura hay tantos animales como patas puedan llegar a imaginar. Los ciempiés son de peligrosa mordedura, pero arrastran tantos defectos que el sonido de vagones alertan de su llegada. Los dementes en cambio, solo guardan riesgo en una cámara de espejos. Allí podrían demostrar sus mil caras y quedar expuestos como un vampiro. Son extremadamente detallistas con aparentar… descuidados en ser naturales.

Y la visita continua como no con los invisibles, que nunca los ves, pero existen. Son camaleones tan hábiles con el mimetismo que podrían ser tu hermano de otra madre, con amplios conocimientos y una empatía similar a la de un gemelo, podrían confundir hasta tu propio reflejo. Pero en el papel, no existen, no constan, no aparecen. Simplemente surgen y se mueven como las sombras, detrás de un sol que recibe toda la atención y de forma simbiótica reciben la luz deseada.

¿Después?

Todo el zoológico al completo. Gorilas que tumbarían a un rinoceronte y minúsculas abejas que matarían a un elefante con solo mirarle. Víboras enroscadas en las alcachofas de las duchas, y lémures que cuentan pesadillas colgados de las barras del suero. Búhos que viven de día con sus pupilas capaces de tragarse al mundo entero y no pronuncian más palabras que el silencio continúo del desprecio.

Jirafas con miedo a volar y murciélagos enjutos que llevan su capa ceñida hasta el alma, pululan por los hospitales y fabrican cajas de madera como los pájaros carpinteros. No hay quien les diga nada, porque ya tienen suficiente calvario.

A nadie le importa algo que no sea especial. Ven la televisión en sus cómodas y confortables casas, mientras les pudren los cerebros con historias inconexas y conductas aberrantes. A más mentiras mayor salario, basura y despojos repartidos por una bandada de buitres sin escrúpulos pero con billeteras llenas de intereses y contratos.

A ellos tampoco les hacen exámenes, porque no tienen nada bueno que contar ni demostrar, su sueldo lo paga la ignorancia de toda esa masa que roza el suficiente pelado y esquiva los controles como simple ganado de subasta.

Los especímenes raros siempre resultan al parecer mercancía defectuosa.

Sus taras no son debilidades sino fortalezas. No sienten el miedo, como los demás, puede que su pánico haga que a otra persona se le pusiera el pelo blanco al instante, pero ellos están acostumbrados al dolor, a la pérdida, a no tener nada a lo que aferrarse. Son como inmigrantes en patera, reciben mucho afecto, pero nadie se los lleva a dormir a su casa el fin de semana.

Puro morbo informativo, la irónica justicia ciega a base de estupefacientes, género útil para pruebas de medicamentos demasiados caros como para que caduquen y pierdan efectividad. Lo que no venden los camellos, lo proporciona el estado, en prácticas grajeas de cápsulas solubles. Buscan el antídoto allá donde no existe la cura. Obviando quizás que puede a su vez que no haya problema alguno, ni enfermedad ni epidemia.

Puede que lo diferente solo sea un valor poco común, no extraño, entra en posibilidades pero rozando los extremos más transitados. Pero es que no todo lo que es haz es onda. Ni todo lo que luce puede quemar.

Así como hay personas tímidas, los hay que no hablan porque no han encontrado la forma de expresarse, o puede que los que ven cosas que no existen, tan solo contemplen todas las opciones posibles sin descartar ninguna por extraordinaria que parezca. Eso los convierte quizás en más personas que nosotros mismos porque no sesgan, ni interpretan, no fingen ni disimulan. Son tan sinceros como una balsa de agua cristalina. No juzgan porque no saben lo que es eso.

Quizás el error sea el mejor ejemplo de conducta y en cambio muchos de los que están al frente de algo importante, sean peores modelos a seguir. Está claro que a alguien que sueña con quemar el mundo, no puedes ponerle al cargo de la mayor empresa de carburantes del planeta. Ni a un genocida, ponerle a llevar las riendas de un país. Está evidenciado que de la experiencia se aprende.

Pero entre los normales, entre aquellos que cumplen las normas, que duermen sus reglamentarias ocho horas, que trabajan con diligencia y responsabilidad. Entre esos ciudadanos anónimos que forman parte de la maquinaria inherente a la sociedad. Hay pequeños virus escondidos, garrapatas antisistema y sinfín de seres que actúan bajo el amparo de su reducido tamaño y su fácil ocultación.

Actúan en libertad, auspiciados por la imaginación que se desarrolla en los teatros de sus cabezas, sin Dios ni patria ni amo. Que no necesitan lujos ni lisonjas, ni admiradores ni tampoco detractores que no sabrían hacerlo mejor. Especie sin control ni censo, que saben las respuestas y también las preguntas. Ellos te ven, ¿puedes tú?

Tu puntuación:

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS