Que gusto de verlos, vamos, vamos, suban a la camioneta. Hay muchas cosas para contarles. Acomódense, me operaron de la vista hace tres meses, a Lucha le han colocado un marcapaso hace cuatro días ¿no la ven un poco rara? Su amiga ya sentada en la parte de atrás dijo: me han operado hace cuatro meses de cáncer. No se produjo el silencio de rigor, se apresuró a exclamar ¡Paco se separó!

Habían quedado en almorzar juntos, un día domingo, amigos de toda la vida: Jorge, Lucha, Javier y Carmela. No se veían hacia un buen tiempo, algo raro en parejas que habían compartido juntos experiencias personales, familiares, sociales. Paco, hijo de Jorge y Lucha, había viajado al país galo. A los diecinueve años, postuló a una universidad de esos lares, fue aceptado, no era raro ese logro. Primeros lugares siempre fueron suyos, desde que empezó a estudiar. La estrella tenía que alumbrar el mundo. Europa fue la escogida, su esplendor debía asentarse.

Queridos amigos –dijo Jorge– escojamos un restaurant, tranquilo, que no haya mucha gente, comida variada. Me da gusto verlos, después de tanto tiempo. Se acuerdan de ese restaurant que visitamos, en tu cumpleaños Carmela. Me parece que reúne la característica de nuestro paladar y ambiente requerido. Estoy de acuerdo –dijo Carmela–

Era una tarde bonita, alegre, soleada. Del local escogido se podía divisar el malecón y mas allá el mar y su horizonte lejano. El mozo le alcanzó la carta a cada uno. Rápidamente fue hojeada y pícaramente se miraron, como inquiriendo ¿Qué van a pedir?

–Jorge dijo: me provoca un lomo ¿pero es carne de res? ¿Javier lo sirven bien aquí?

–Si –contestó Javier–, he comido diferentes presentaciones de lomo y cada uno me ha resultado agradable. Pero sino quieres res, también sirven un buen chanchito.

–Prefiero el chanchito –dijo Jorge–, dicen que la carne de res es cancerígena. Mejor me apunto con el cerdo.

–Para tu coche Jorge –dijo Carmela– que la del cáncer en esta mesa soy yo, y toda mi vida he comido carne de res, sobre todo en asado y aún conservo una hemoglobina muy alta. Pero me provoca una ensalada de quinua ¡eso voy a pedir!

–Por mas calor que haya, me ha provocado una sopa, si una sopa criolla ¿Qué tal la prepararan acá? –Preguntó Lucha–

–Contestó Carmela: ¡buenaza!

–Por mi parte –dijo Javier– el ambiente provoca un plato frio, un ceviche con rocoto aparte y una cerveza bien helada.

El resto pidió su bebida: Jorge un cerveza helada –no muy convencido–, Lucha una infusión de anís, Carmela una copa de vino blanco, bien helado.

La conversación no tenia dirección definida, muchos acontecimientos que comentar. Cada uno empezaba un tema, el resto interrumpía si sabía algo de aquello, complementando o retrucando. La costumbre de escuchar, interrumpir, complementar, negar o discutir las afirmaciones, era la regla, todos como buenos amigos la respetaban.

Había momentos en la reunión de espacios vacios, al comer, al escuchar el parloteo del amigo, sin ponerle atención. Era la ocasión en que el inconsciente de Lucha jugaba con ella. Recordaba cuando de chico vestía a Paco –su hijo– y como al transcurrir del tiempo se preocupaba de que estudiara, y con gran orgullo a su familia, a sus amigos, a la sociedad les mostraba los resultados educativos de su heredero. La gran capacidad intelectual que adquirió le permitió irse fuera del país. Un genio en busca de retos mayores. Ella ponía más énfasis en su crecimiento personal, afectivo. Orgullosa cuando se enteró de su primera enamorada, a los quince años empezó, tuvo dos antes de viajar al extranjero. Al separarse de la última, consideró que eran gajes del oficio, el que se separaba era él, no ella. El tenía un proyecto, no podía detenerse en su escala ascendente. En la universidad gala, no destacaba entre los primeros, sin embargo continuó, se graduó de biólogo. Pero tenia que doctorarse y se abocó apasionadamente en un experimento que no resultó y no logró su objetivo. Se dedicó a buscar trabajo. Pocas alternativas existían. Lo admitieron en un laboratorio, en el área de marketing, los conocimientos adquiridos en sus estudios, le sirvieron para el desempeño en esa labor. Pero a ella, le preocupaba mas el aspecto afectivo, le causó un gusto enorme cuando se enteró que hacía seis años tenía una enamorada del lugar, la misma que prontamente se fue a vivir con él, decidiendo hace cuatro años, casarse. Inmediatamente tuvieron al nieto.

A Jorge, también su inconsciente le tocaba su puerta. Su nieto era su cariño. Cada visita para verlo, era un esfuerzo no escatimado. Ahorraba, pedía en su trabajo viajar en avión constantemente, de esa manera acumulaba millas. Los pasajes le salían más baratos. De Sudamérica a Europa son mucha millas, el costo de los pasajes áereos son caros. Pero se las ingeniaba. Cada viaje era programado con mucha anticipación. Antes los hacía, al visitar a su hijo, más mesuradamente. Pero ahora el se había casado, con una chica de allí y tenía ¡un nieto! Se puso como obligación viajar una vez al año. Estar con su nieto, verlo crecer, hacer todo lo posible para que lo vaya reconociendo como su abuelo, se había convertido en su pasión. Hasta que hace poco tiempo, un día antes del último viaje de visita, recibió la llamada de su hijo <<hola viejito, mañana los esperamos en el aeropuerto, por si acaso nos hemos separado, pero no te preocupes por tu nieto, poco a poco se lo estamos haciendo entender>> ¡los esperamos!

El almuerzo muy agradable, amigos de toda la vida. Decidieron pasear por el malecón, naturalmente se agruparon. Jorge y Javier, iban adelante, Lucha y Carmela a unos metros atrás. Caminaron y caminaron, seguían conversando. Sin darse cuenta comenzó a caer la tarde, los cuatro se juntaron y sin mucho que decir, expectaron como el sol se escondía en el horizonte, hasta que esta estrella desaparecía de su vista y daba lugar al silencio de la noche.

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