Derroche de Verdades

Derroche de Verdades

Denise Rittor

29/11/2018

Qué distinto es que se denomine la oveja arcoíris… creo yo que resulta algo excesivo sumarle un matiz negro a la ya percudida etiqueta que marca la grieta entre aquellos que entran por la puerta grande y los que son dignos del ¨sucucho¨ familiar.

Estamos enfrentados a las limitaciones ajenas, las que nos dan un golpe seco en la nunca y nos hacen entablar una relación diaria y sumamente confusa entre los deseos efervescentes a flor de piel y aquellos que nos legaron a fuerza de lazo de sangre y creencias impuestas. La línea es tan delgada que cuando llego a la bifurcación, mis voces internas no saben hacia donde empujarme… dónde es que está mi verdadera intuición.

Todo comenzó con una punzada caladora de huesos que me despertó por la noche con sensación de frío, pero empapaba de adrenalina cálida. Un deseo voraz de calzarme la ruta sin rumbo y objetivo firme.

Ellos quedaron pasmados, horrorizados. Ademanes de palma levantada y signo de pregunta desparramados por doquier.

Te juro que estas cosquillas regadas por mis pies no son un capricho adolescente, suerte de rebeldía mezcla de inmadurez y desapego. Tampoco significan un preámbulo de la llamada ¨vida adulta¨, la correcta… ¿la correcta?

Hoy me deslizo por las lianas. Las ramas de mi herencia femenina me regalan solo una dirección. Carentes de tangentes, baches e imprevistos. Necesito con desesperación el rombo que desafíe al cuadrado.

Parece tan simple plasmarme en un grito leonezco contra la que no quiero ser, pero la lucha grecoromana de ¨yoes¨ no pasó aún ni el tercer round.

Y… no, no voy a ocultar las tantas sofocaciones nocturnas, cuando la boca del estomago me impregna el cuerpo de acidez y me llegan los reclamos internos, la rabia de no verlos crecer, los cuestionamientos infinitos hacia mis llamados ¨cuasi descabellados rumbos¨, las reacciones repentinas y hasta el universo. Pero de alguna forma mis demonios se arremangan sus prejuicios cuando el agua fresca del cenote y unas palabras tan tiernas como alentadoras mecen mis días de trópico. A veces son los simples intercambios de zaguán, improvisados y disfrazados de intrascendentes los que quedan retumbando como zumbido de mosquito nocturno.

Generalmente llegan de la mano de los que se convierten en familia substituta cuando de tanto girar el hogar se vuelve maleta y el abrazo más sentido alienta conversaciones profundas a puro dedo quemado.

Hay días en que me escapo para flotar un poco allá arriba y me encuentro teniendo las conversaciones que se me siguen atragantando en el pecho. Lo no dicho que arremete como flagelo cuando la mente parece calma. Es ahí en ese punto ciego de la realidad en el que me encuentro con ella y finalmente se lo digo:

-¨Sé que allá hace un tiempo y te juro que no tan lejano, te cabalgaban sueños con pizca de locura, mamá¨

´¨Cerrá los ojos… si los buscas siguen ahí. Tu guitarra y tu voz privilegia todavía te acompañan. Es cierto que la ruta que se venía era más larga que ahora, pero el ritmo y la pasión no deberían tener fecha de caducidad, ¿no? El arrebato y vértigo por la vida es lo primero que me hubiese gustado heredar¨

Pero su respuesta , inclusive en mis propias creaciones cerebrales, es siempre la misma:

– ¨Se me pasó el cuarto de hora¨

Y así, con tan dantesca declaración, mis respuestas son nulas. Me desmorona al menos 3 décadas porque no hay forma de remontar el tiempo cuando lo damos por perdido.

En estos días me dedico a hacer catarsis en toda clase de papeles que se me cruzan por enfrente. Me aferro al desconcierto e intento que me deje de noquear la duda eterna, que me trae la carga de generaciones pasadas, peso plomo que no es mío. Sé que no es mío. Es de ellas.

Me sacudo los ayeres que se me montaron a los hombros , los despido con reverencia y arremeto confiando en que lo que tengo adelante es propio, elegido, sin roces ajenos.

-Pero ¿ sabés qué? también te invito a sumarte y desempolvarte el fardo que anduviste pateando por más de seis décadas. Trépate a la vorágine de emociones desconocidas, corajudas y hasta a veces torpes. Te juro que no te vas a arrepentir…

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