El paradero de Odín

El paradero de Odín

Marihel Machado

11/10/2018

Verano del 2010 en Buenos Aires, mis padres cumplieron 20 años de casados, lo celebraran emprendiendo un viaje para conocer parte del continente más antiguo del mundo Europa, ¡Qué envidia! Estaremos en contacto vía red social, ¡Si Facebook!, a través de ese medio también podre enterarme de lo genial que estarán pasando las vacaciones mis amigos del colegio, es la manera que encontré de sobrevivir al verano en la casa de mi abuela Rahel, ha tratado de contarme la historia de su vida en otras oportunidades, pero esta vez no podre escabullirme, ha pedido que la acompañe a visitar la vieja galería de arte ubicada en el centro de la ciudad, es casi un patrimonio familiar, pertenezco a una modesta casta de artistas plásticos, mi abuela fue pintora, mi madre es pintora, pero allí se rompe la tradición, no deseo pincelar lienzos con extraños retratos, ¿Para que tardar tanto tiempo tratando de dibujar a alguien o algo? Cuando puedo tomar una fotografía digital y capturar el momento al instante. Esa y otras interrogantes saltaban a mi mente cada vez que conversaba de algún tema con mi abuela Rahel, en fin al llegar a la galería, nos encontramos con la visita de un grupo de niños perteneciente a un plan vacacional, la encargada de la galería les daba el recorrido haciendo paradas cortas en cada obra expuesta, dando una breve reseña, mientras la abuela revisaba algunos asuntos pendientes en administración, me uní al grupo visitante.

Llegamos a la obra titula Odín, era la favorita de la abuela, por alguna razón se identificaba con ella, siempre creí que Odín era el nombre del barco retratado en la obra, al escuchar detenidamente la explicación de la guía, entendí que Odín era el nombre del pequeño niño que posaba sobre la cubierta de la nave, concluyo el recorrido, la abuela Rahel termino sus asuntos pendientes en la galería y regresamos a casa, al llegar insistió en que la ayudara con la organización de su viejo taller de pintura, asenté con la cabeza sin más remedio, al entrar sentí que estaba de vuelta en la galería, habían más cuadros que espacio, llenos de polvo y telarañas, era evidente que la chica de la limpieza evadía el lugar, ¡También deseo evadirlo! exclame en voz baja, busque una escalera para comenzar por la pared más alta, al limpiar cada obra note con perspicacia que en todos los cuadros pintados por la abuela, estaba retratado el mismo niño Odín, la curiosidad se apodero de mí, llegando a pensar que la abuela tenia un fetiche, al terminar con la labor en el taller, busqué a la abuela para preguntarle, esta es su historia, Rahel Kolosky es una sobreviviente de la segunda guerra mundial, su familia era de origen Polaco al ser invadidos por los Alemanes en la década de los 40, sus padres lograron abandonar el país emprendiendo una travesía a través de Europa, hasta llegar a las costas de Croacia, donde tenían la esperanza de abordar un barco que los llevaría a Sudamérica, Rahel tenía siete años y Odín su hermano menor tenía seis, eran inseparables, el padre de Rahel había gastado gran parte de su dinero para llevarlos hasta Croacia, debido a las calamidades del viaje Odín enfermo, no fue admitido para abordar el barco, debía permanecer en cuarentena, la familia se dividiría, la decisión que tomaron fue que el viaje lo emprendería Rahel y su madre, mientras que el padre permanecería con Odín, hasta ser dado de alta de la cuarentena y poder tomar el próximo barco, la madre se rehusaba a separar la familia, sin embargo el padre insistía que era la única forma de sobrevivir en medio de tanta hostilidad a causa del conflicto bélico, Rahel recuerda que en medio de lágrimas su madre la tomo de la mano y arribaron al Emperador ese era el nombre del navío, al Zarpar corrieron a toda prisa hasta la cubierta del barco para despedirse, permanecieron allí hasta perderles de vista en el horizonte, era un adiós, habían prometido encontrarse en Brasil lo antes posible, ese era el país destino en Sudamérica, sin embargo la realidad era otra, no habría otro barco que zarpara con tal prontitud, y el dinero que poseía el padre de Rahel se había terminado.

El padre de Rahel tomo la decisión de quedarse con Odín con la esperanza de una pronta sanación, sin dejar de pensar que podía ser fatal la enfermedad y no lograra sobrevivir, prefirió evitar ese sufrimiento a su esposa y no arriesgar la salud de su otra hija, fue un sacrificio para el, transcurrió un mes aproximadamente Rahel y su madre pisaron tierra firme, pasaron varias noches durmiendo a la intemperie hasta que lograron refugiarse en una iglesia mormona, todos los días Rahel y su madre visitaban el muelle esperando un barco que nunca llego. Al cabo de un tiempo la madre de Rahel se hizo misionera de la iglesia y viajaba a distintos países vecinos donde llegaban refugiados provenientes de Europa, con la esperanza de encontrar a su esposo e hijo, al fin término la guerra y ella continuaba en una búsqueda infructífera, años después murió sin saber cuál fue el paradero del resto de su familia. Rahel posteriormente se casó y se radico en Argentina, se dedicó a la pintura sin olvidar a su familia en especial a su hermano Odín, el cual incluyo en la mayoría de sus obras. Cada historia relatada por la abuela Rahel era fascinante para mi, fue el mejor verano que pude compartir a su lado, pronto mis padres retornaron de su viaje, cada quien volvió a sus actividades cotidianas, sin embargo algo en mi interior cambio, mi madre dice que madure, pero solo tengo quince años, sigo conectada a la red social, de vez en cuando tecleo el nombre Odín Kolosky y presiono buscar con la esperanza de encontrar el hermano perdido de mi abuela, he revisado varios perfiles coincidiendo con un Odín Kolosky Milán.

Solicitud de amistad.

-Enviada.

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