Últimamente me parecen estimulantes palabras como sororidad y mansplaining. Bueno, es que yo soy rara y además tengo el clítoris en la cara. ¿Qué? ¿Os parece raro?, bueno, es que también soy un poco exagerada. Lo que pasa en realidad es que tengo muchas terminaciones sensoriales junto a la nariz, concretamente todas las que deberían estar en los pezones. Y además, a mi edad, me gusta escuchar las mismas historias una y otra vez y por eso descubro rarezas por todos lados. Por ejemplo, hace poco averigüe algo en Memorias de África. Resulta que la buena de Meryl Streep, que ha luchado contra leones y capataces de poca sesera mientras el rubio Redford no quiere saber nada de problemas económicos ni de cafetales, tiene que enfrentarse a una asamblea de poderosos varones blancos para que la dejen donar sus tierras a los kikuyus. Hasta ahí todo bien, cine clásico, apoteosis esperable de la protagonista sola ante el peligro. La mujer del gobernador se pone de su parte, la heroína ha encontrado un ayudante, Joseph Campbell bien asimilado por los guionistas. Pero resulta que el héroe es una mujer y que lo que hace la ayudante se llama sororidad. Y, repito, el héroe es una mujer y esto es Hollywood. Por eso, sin que sepamos a santo de qué, aparece Finch Hatton en la piel sudorosa de Redford, para, ¡oh sorpresa!, explicar masculinamente a todos los presentes cómo merece la baronesa ese favor que ya le habían concedido minutos antes. Música melosa, final feliz, o falso final feliz, porque él todavía tiene que morir, transmutado en león-macho alfa dominando las alturas hierofánicas de África. Definitivamente me estropearon para siempre mi escena favorita y la del noventa por ciento de las mujeres, el derrame de espuma jabonosa, metáfora de algo demasiado carnal para los puritanos yanquis, sobre el pelo polvoriento de la baronesa.

  ¿Queréis más?, un poco sobre la película del Beso con mayúsculas, un beso entre olas espumosas y afrodíticas. ¿No os llama la atención tanta espuma en las películas norteamericanas? Deborah Kerr está casada con un oficial borracho mucho mayor que ella y está insatisfecha, ¿raro? Con su discreto jersey de punto y una falda bajo las rodillas, sufre constantes comentarios machistas de los militares cuyos ojos serán nuestros ojos durante toda la película. Colocaros ahora en su lugar y sufrid. Y luego pensad que no queréis sufrir más. O podéis seguir ejercitando la mirada. Os propongo algo. Repasad las películas en las que el protagonista masculino, ante la inminencia de un peligro que seguramente acabará mal, le dice al hijo pequeño, “cuida de tu madre”. Anotad cuántos años tiene el niño que se va a ocupar de esa madre tonta e inútil. O si preferís, cuando llevéis a los niños al parque, recordad que con solo cuatro años os van a salvar de zombies y alienígenas, así que despreocuparos de los problemas cotidianos. Palabra de Hollywood.

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