El beso despreciado

El beso despreciado

Carobilba

29/01/2021

Dices que no quieres mis besos. Sin embargo, me aconsejas besar a otras personas. Te quejas de que siempre llego demasiado temprano a nuestras citas… No entiendo. Soy puntual.

Me has ignorado casi toda tu vida… excepto el año aquel. Recuerdo que te sentías muy mal. Te habían despedido del trabajo, o algo así. Tu mujer te había abandonado a ti y a tu pequeña para irse con tu «amigo».

Recuerdo que me deseabas intensamente. Esa noche, ansioso, me llamaste. Querías verme. Lo habías planeado todo milimétricamente: desde la ropa que te pondrías hasta como peinarías tu cabello. Ja, como si esas cosas me importasen. Llamaste a tus padres para pedirles que esa noche cuidaran a tu niña. Sabías que te dirían que sí. Retiraste a la pequeña del colegio… Tomaron un helado. Luego, pasaste por una juguetería para comprarle esa costosa muñeca que tanto la ilusionaba. Al fin, la despediste con un abrazo apretado e interminable. La dejaste en casa de sus abuelos y volviste a tu hogar.

Sé que querías verme en un motel, o incluso en tu auto, pero por algún motivo preferiste que fuera a tu casa. No tardé en llegar. Toqué a tu puerta. Algo extraño que aún no logro descifrar te había ocurrido: de repente, ya no me deseabas. No solo no me deseabas, sino que la sola idea de haberme llamado te producía un terrible asco. Estabas realmente arrepentido, avergonzado, desolado… sí, desolado. Tu cara era un océano de lágrimas.

Qué fue lo que te hizo cambiar de opinión en tan breve tiempo, no lo sé. Por razones que escapan a mi entendimiento, me alejaste. Con la cara roja e hinchada de tanto llorar, me pediste que te olvidara y me marchara, que ya no me llamarías. Nunca lo comprendí.

Pasaron cinco años para que la «vida», ja, que irónico, nos reencontrara. Esta vez estabas enfadado, muy enfadado conmigo. No comprendías por qué había besado a tu padre. Sé que desde niño fantaseabas con que yo sería capaz de hacerlo… Lo supe desde aquel verano del ´73, cuando me viste besar a tu viejo perro. ¿Crees que he olvidado cómo me rogabas que no me liara con tu padre? ¿Que, antes, te besara a ti? Traté de hacerlo aquella noche en que decidiste ignorarme, ¿sabes? ¿Crees que mi accionar no tiene sentido? Lo tiene, y es perfecto. Pero tú jamás lo comprenderías.

Pasó tiempo hasta que volvimos a vernos, veintitrés años exactamente. Aun así, insistes en que te he visitado demasiado pronto. Sin embargo, sé que desde hacía ya unos meses intuías mi visita. Pero esta vez, YO decidí buscarte.

Estabas con una mujer… supongo que te volviste a casar. Me imploraste que me fuera. Que olvidara tu llamado de aquella vez, que no me merecías, que no estaba siendo justa… Me reclamabas que pensara en tu familia… Sin importarme nada, te besé.

Fue cuando nos unimos para siempre.

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