De bichas y bicheros
No me había parado a pensar en Justino hasta que murió Martín. Fue un día vibrante de principios de verano. Un mal día para morir, sí. Podría haberse esperado al invierno. La cuestión es que Martín era el último habitante de Valdelolmo aparte de mí. —Te has quedado solo —constató Juan, mi hijo, tras el...