Genoveses
María Gozza no tenía fuerzas ni para llorar. Pietro, por fin, se había quedado dormido. No se había despegado de ella desde el momento en que salieron de Feligno para no regresar jamás. En la bodega de aquel navío, el calor y el hedor a agua podrida eran insufribles. Apenas disponían de espacio y con...