Ver, oír y ladrar.
Solía descansar mi pequeño cuerpo al lado del mueble mexicano de la televisión. Olía a madera, madera antigua, y me remontaba a aquel primer día allí, en el que yo, juguetón e inocente corrí sin advertir el enorme mueble que presidía el salón, y me lo comí de lleno, cayendo precisamente en el espacio del...