La cuenta
Se llamaba Luis y era especialmente bajito para tener doce años. Castaño claro, medio cobrizo, cara de bueno. Por todo eso, desde que entró por la puerta el primer día de clase supimos que nos iba a dar juego. Bueno, en cuanto cogiéramos confianza -nosotros, no él-. Que fuera repetidor era irrelevante en su caso....