Las redes solo quieren presentarnos aquellas secciones del mundo que nos gustan. Es decir, al final esta interconexión digital no facilita el contacto con otros, sino que sirve “para encontrar personas iguales y que piensan igual, haciéndonos pasar de largo ante los desconocidos y quienes son distintos”, La expulsión de lo distinto – Byung Chul-Han.

Hoy me levanté temprano por la mañana, fui al baño como de costumbre, tomé mi chocolate caliente y salí de casa; antes de salir me planteé un ejercicio sencillo:

Observar a mi alrededor y evidenciar en qué gastaban el tiempo los que como yo adelantaban el día.

En mi alrededor así como en los extremos del recorrido que hacía pude reparar que 7 de cada 10 personas miraban su móvil o celular – o como suelan llamarle en tu región –

Los jóvenes engolosinaban su ocio en las redes sociales, unas tomaban selfies, otros miraban el escote o derriere de sus artistas de moda. Unos pasaban casi sobre tu ser, con los ojos desorbitados como bajo el embrujo de su dispositivo, después de tropezarte en su camino seguían inmersos en sus aparatos, taciturnos y a punto de cruzar las calles sin verificar el tráfico.

Me sentí algo frustrado tras evidenciar que el resto de la escena natural de nuestro entorno les era indiferente y fútil a los transeúntes dispersos, una especie de «Burbuja digital» que le proporcionaba a cada quien la expectativa de aislarse socialmente en su red.

Al llegar a mi sitio de trabajo, observando por supuesto un escenario similar y repujado en esencia, se me hizo rutinario a los ojos el horizonte, con una perspectiva introspectiva, con visos de sobria nimiedad.

Quise consultar, además de moda, qué razones podrían explicar ese patrón observado.

Entré a mis redes dónde, desde hace un tiempo, publico links y textos como autor y como referente, observé además que los textos compartidos carecían de LIKES, que las imágenes con mensajes o fragmentos de poemas o frases tenían algunos pocos LIKES y que, lo que más le gustaba a la gente que seguía mis redes, eran las fotografías que muy ocasionalmente comparto.
He vuelto a preguntarme,

¿Cuál puede ser la razón o las razones?
– sigo en blanco –

Volviendo al virtuosismo de la imagen y al éxito de las redes sociales me encontré con algunas referencias sobre los espejos y su influencia – no como reflector de la luz  – sino como multiplicador de imágenes.

La mitología griega reseña que Atenea le regaló a Perseo un escudo en bronce «que brillaba como espejo» al que llamaron Aegis y fue uno de los recursos, entre otros, que le permitió a este héroe mítico cortar la cabeza de Medusa que habitaba en el país de las Górgonas («Parece ser que los dioses usaban la tecnología para ayudar a sus protegidos» plantea la referencia).
Aegis, al igual que los espejos reflejados en un móvil, podría a su vez representar la opción de espiar – stalkear – a tus semejantes.

Un neonarcisista mirará en su nuevo espejo, con cristal y cámara HD, lo que ve en el otro como bueno o como malo tratando de espiar sus emociones a un lado u otro de su balanza emocional. Los nuevos narcisistas, los que se hacen tras un móvil por ejemplo, buscarán la aprobación o el rechazo en sus semejantes cuantificando los LIKES una vez más, usando por supuesto recursos o perfiles falsos que le permitan ser aceptados.

De seguro, esto no será el fin último de este recurso; este recurso tecnológico aparecerá entonces como representante de un status social incitando al uso de un «espejo tecnológico» de gama alta con mejor resolución de imágenes por supuesto.

Pues bien, ahora que voy de salida a casa, puedo creer que una nueva especie de idiotas inteligentes preferirán mirar sus dispositivos en sus recorridos sobre bulevares y calles, reparando con ojos inmutables y convictos, antes de proferir un:
– buenos días, buenas noches, que lindo su poema señor-

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