Televisores en blanco y negro, en forma de caja que pesaban una tonelada, no existía el control remoto y tenías que levantarte de tu cómodo sofá, para subir el volúmen o para girar esa perilla que sonaba «crac – crac» cada vez que cambiabas de canal.

Radio grabadoras de casettes, que solían enredarse en el interior de la grabadora y era toda una odisea volver a colocarla dentro del casette sin que se rompiera, girándola con tu dedo o con un lápiz, ¡vaya técnica!.. y ni hablar de  cada vez que intentabas grabar una canción, rogabas que el locutor no hablara hasta el final de la canción. Recuerdo los  walkman,  dentro colocabas el casette de tu grupo favorito y con unos audífonos podías caminar escuchando música.

Las enormes máquinas de escribir, instrumento escencial de periodistas, escritores y oficinistas, con ese teclado tan peculiar, que tenías que empeñar fuerza en tus dedos para presionar cada letra … tac – tac – tac… y el ruido del rodillo cuando pasabas a iniciar otra línea, lo que ahora se hace con sólo presionar «enter» en una computadora. 

Teléfonos de mesa, donde al girar la rueda marcabas cada número y luego llegaron los de botones, tonrándose lo más moderno en ese entonces.  Medio de comunicación inmediata que existía entre  madres y esos hijos en universidades, a kilómetros de sus casas; muchas daban el número de una vecina o  pariente que tuviera teléfono, pues no todos podían pagar uno y esperaban a la hora pactada, tan anhelada llamada. Cabinas telefónicas, con largas filas para hablar con parientes lejanos que laboraban lejos de sus hogares.

Los Betamax y VHS, enormes casettes con los que podías ver una película en casa y era emocionante cuando tus padres te llevaban a locales de alquiler y escoger tu favorita, era lo que entretenía a todo aquel que no tenía acceso a un cine, ni contaba con el dinero suficiente para ir a uno.

Las cartas,  medio de comuncarse con parientes o amigos que residían en otro país y esperar mes tras mes, la respuesta. El dinero se enviaba hacia otros lugares, a través de giros telegráficos. El pago a los trabajadores era a través de cheques y se formaban largas filas en los bancos para cambiarlo. 

Cámaras fotográficas, donde tenías que girar la perilla y activar el flash cada vez que tomabas una foto y al terminarse el rollo, lo llevabas a un lugar de revelado, para poder ver esa foto que tomaste hace semanas, sin hablar de cuantas se quemaban, cuantas salían  con el mágico dedo en el lente y si salías bien o mal, ya no tenía remedio.

El Atari, era el video juego de la época y todos nos reuníamos donde ese primo o vecino, al que sus padres le podían regalar uno en navidad y jugábamos el famoso «pacman».

Con el tiempo surgieron los teléfonos inhalábricos, los cuales eran el top de la moda y sólo los «yeyes» o «rabiblancos», como le dicen en mi país a los adinerados; podían tenerlos, pues eran muy costosos.

Fueron saliendo los televisores a colores, pero seguían siendo cajas enormes, pero con control remoto, así que no había necesidad de levantarte de tu butaca para cambiar de canal o subir el volúmen, asi evolucionamos hasta lo que hoy tenemos, los llamados pantalla plana, hd, smart, etc. 

La fotografía evolucionaba,  con las cámaras digitales, ya tenías la oportunidad de ver tu foto antes de revelarlas y podías borrarla si no te gustaba y volverla a tomar. Los casettes enormes de VHS y Betamax y los de radiograbadoras; se redujeron a DVD; el famoso walkman,  pasó a ser diskmany luego lo que hoy es un USB.

Llegaron así, las primeras computadoras, donde tenías que colocar y aprenderte comandos para encenderlas y lograr escribir algo. Los beepers, donde te dejaban mil mensajes y era lo más cercano a la tecnología que se empezaba a ver. Aparecen los celulares troncales, enormes y pesados como un ladrillo, pero eran lo máximo y llegabas hasta sentirte poderoso con sólamente tener el tuyo, pues no todos podían comprarse uno.

Esa fue mi infancia en los ’80 y mi adolescencia en los ’90.

La Tecnología llegó para quedarse y se apoderó de todo y de nuestras vidas. Ya no guardamos papeles considerados importantes, como hacían nuestos padres; en un USB, ordenador o celular,  allí cabe todo, hasta archivos importantes; sin hablar de los microchips que introducen en mascotas para ubicarlas si se pierden y hasta en niños, por seguridad; «es la excusa». 

El famoso Google, donde encuentras todo sin mayor esfuerzo,  suplantando por completo a las bibliotecas y la inteligencia humana, pues se nos da todo fácil.  Son pocos los que aún van a una librería  y se sientan en la tranquilidad de su hogar a leer, sin tener la necesidad de buscar un resúmen en el «Rincon del Vago».

Celulares inteligentes,  que nos dominan por completo y ni pensar en perderlo, de inmediato nos sentimos casi desnudos y sintiendo que estamos perdidos sin ellos.

Video llamadas, las cuales han reducido la distancia entre parientes, dejando de lado las visitas y reuniones familiares; si quieres ver a tus padres, sólo realizas una video llamada y ahi aparecen en la pantalla.  La sociedad se vuelve cada vez más insensible, perdiendo la escencia de ser humano, que es lo que nos diferencia de las máquinas. Parejas que ya no conversan ni se miran a los ojos en la cena, por ver mensajes y chat en sus celulares.

Los niños ya no juegan al fútbol o al escondite; ahora con los video juegos,  juegan en línea con sus amigos, sin tener que salir de casa.

Somos esclavos de la tecnología; llegando al punto de creer que no podemos subsistir sin ella, tal como ocurrió hace un par de semanas; caen las redes sociales y el mundo se vuelve un caos por unas horas.  Poco a poco, el ser humano se reduce a nada y el Dios Tecnología toma el control.

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