Un hombre común ante su incertidumbre

Un hombre común ante su incertidumbre

#LuisAlbertoR

30/04/2026

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Quiero ver a mi nieto, estoy cerca y es sábado, mi hijo debe estar en casa. Lo llamo y no contesta. En recepción me informan que recién salieron, pienso que no demoran. Decido esperar y le envío un mensaje.

Al frente está un parque arbolado que me encanta, llevo mi bicicleta hasta una banca sombreada junto a una fuentecita de agua fresca. Hay un señor sentado allí a quien por cortesía saludo y le pregunto si no le incomoda compartir el puesto. Me sonríe, con su mano ofrece el sitio y continúa su escrito en las hojas entorchadas de un cuaderno escolar reciclado. Me intriga el nombre de un libro que le acompaña, es una manía que tengo para averiguar qué lee alguien en estas épocas de pantallitas. Mi torpeza lo alerta y amable me dice:

<<Es poesía escogida. Siento que mantiene a flote la emoción. Intento editar mi escrito ¿Quiere escuchar cómo va?>>.

<<¡Claro!>> contesto. No puedo negarme, hice mi propia emboscada. Solo me queda rogar que sea corto.

<<Es la primera eternidad y Dios es un punto de energía concentrada, sin masa, sin calor, sin tiempo. Dios es, a la vez, El Todo y su quantum. Es y permanece íntimo, suficiente. No hay futuro, no hay pasado, solo un presente infinito pues no sucede.

Y en una particularidad de eternidad Dios piensa en Sí y el hacerlo construye una tenue historia que lo desplaza. Crea un espacio y su tiempo, una perturbación en el divino Todo. Nace el calor, es impetuoso. Dios mantiene su Unidad con el entrelazamiento de las partículas que surgen en el instante primero a partir de El Todo que por la avalancha de calor explota.

Surge el Caos y las posibilidades del azar en la dinámica de la entropía. Dios se transforma en versiones de Sí. Todo es Él, Él es su quantum. Es lo más diminuto que está en cada parte de El Todo. Debería ser menos confuso para nosotros encontrar su verdadero mensaje entre los bosones que en la interpretación acomodada de la vida y las estrellas. Sería la respuesta más simple y honesta a cualquier instancia de El Todo. Y no cabrá en nuestra limitada comprensión que apenas lo intuye y lo asimila solo a sus efectos más asombrosos, por general gigantescos. Tal vez, con las máquinas apropiadas, se podría llegar a traducir en términos asequibles la dinámica esencial que construye nuestra realidad y quizá propone otras. Debe haber una sentencia corta y fundamental que nos hace unidad.

Y henos aquí a partir de y como parte de. No parecemos finalidad sino otra más de las formas transicionales de la dinámica del caos, el azar y lo posible. Y en este tránsito hemos devenido en una humanidad egoísta, suicida, que avanza en la ciencia de entender las paradojas de lo diminuto para implementar tecnología soberbia y ambiciosa. El aprovechamiento de los saltos cuánticos es inminente y la ética se empieza a limitar al aspecto adaptativo de las élites. El poder se impone sobre la dialéctica de ideologías. El control humano de la tecnología podría perderse fácilmente. El humanismo pierde la batalla, el transhumanismo beneficia a quien puede pagarlo y el posthumanismo asoma con diversas posibilidades escabrosas. Los replicantes seguiremos en la lucha por no ser esclavizados.

Durante un tiempo dejaremos nuestro recuerdo en chorros de fotones desde nosotros a los ojos de un observador futuro que pueda tomarlo y quizá logre llevar consigo nuestro presente al instante de él ¿Nos estará observando ahora?

Algún día El Todo, Dios, regresará a ser un punto frío.

Bueno, esta es mi versión de algo que construyo para tibiar mi incertidumbre. ¿Qué opinas?>>

Eso dijo, hizo una pausa y bebió algo de agua.

<<Ah caramba, interesante>> comento. Y él continúa:

<<¿Cómo te sientes para nombrarte? yo Goranchacha Velásquez, mucho gusto. Me presento. Amo a mi pareja, Sandra Nenguiva, tenemos un gato y un perro cuánticos, donde está el perro no asiste el gato, y viceversa. Trabajo ocasional como auxiliar en una pequeña empresa de energía solar y etiqueto con código de barras las verduras frescas en un supermercado de mi barrio. No tengo religión ni asisto a cultos pero me gusta la paz de los templos vacíos y símbolos callados. Vivo en la reserva indígena muisca de Cota, cerca a Bogotá. En esta cajita tengo mi gato, Schrodinger-hijo, al papá lo descubrí muerto hace poco ahí mismo, estaba enfermo y viejito, podía morir en cualquier momento, lo vigilaba seguido y no sabía si estaba muerto o dormía, hasta que abría la caja.>>

Pronto contesto:

<<Este año me siento Anteros y algo Hefesto, mi madre me quiso nombrar Ricardo y mi padre impuso Alberto. Vivo solo. Murió mi fe, también mi perro. Gusto en escucharte, Goranchacha. Cultivo setas y algunos sueños. Ya debo irme, me espera mi hijo>>

Le doy mi mano y nos despedimos con un abrazo.

Ha pasado cerca de una hora y no hay respuesta de mi hijo, como suele suceder me deja en visto. Entonces les escribo un te quiero a cada uno, en hojas secas que dejo, junto a una luz de mi bicicleta, entre una cajita de madera sellada a la que hago dos ranuras luego de sacar las envolturas y los chocolates. Afuera pego un mensaje: «Hola hijo, proyecta la luz en la pared, a oscuras ¿Recuerdas que se puede comprobar que la luz se puede comportar como onda o como partícula? Quiero creer que como la luz, nosotros, a pesar de comportarnos diferente, somos familia. Los quiero. Alberto.»

Monto en mi bicicleta y en mis pensamientos, regreso a casa. Deseo ir al mar y en una noche despejada pisar la playa con mis pies desnudos para sentir a lo largo de mi cuerpo la metáfora de lo diminuto entre las estrellas.

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