El archivo de los imposibles

El archivo de los imposibles

Self

29/04/2026

2 Aplausos

5 Puntos

26 Lecturas

Hay un archivo que no debería existir.

No porque esté oculto, sino porque nadie recuerda haberlo creado.

Yo lo encontré por error, aunque con el tiempo sospeché que ese error también estaba registrado.

No era un lugar físico. O no del todo. Se accedía a él como se accede a ciertos recuerdos: sin saber exactamente cómo se llegó ahí, pero con la certeza de que no es la primera vez.

El archivo contenía vidas.

No las que ocurrieron, sino las que quedaron suspendidas antes de existir.

Decisiones no tomadas. Palabras retenidas. Caminos abandonados segundos antes de volverse irreversibles.

Cada registro tenía un nombre.

El mío aparecía demasiadas veces.

Abrí uno al azar.

En esa versión, yo decía lo que nunca dije. No había miedo ni cálculo. Solo una claridad brutal que lo arruinaba todo con precisión.

El resultado no era mejor.

Era distinto.

Cerré ese archivo y abrí otro.

En ese, me iba antes de quedarme lo suficiente como para que doliera. Evitaba la herida, sí, pero también todo lo que venía antes. No había ruptura… pero tampoco había nada que romper.

Sentí una incomodidad extraña, como si esa vida “correcta” estuviera vacía de algo esencial.

Seguí revisando.

Había versiones donde era más dura. O más blanda. Más valiente. Más indiferente.

En algunas evitaba el error.
En otras, evitaba el aprendizaje.

Ninguna terminaba de convencerme.

Fue entonces cuando noté algo inquietante.

Todos los archivos tenían una marca al final.

No era una conclusión ni un juicio.

Era una anotación breve, casi técnica:

“Descartado por inconsistencia.”

Fruncí el ceño.

¿Inconsistencia con qué?

Seguí buscando.

Encontré versiones en las que yo era feliz, pero de una forma que no reconocía. Versiones en las que no cometía ciertos errores… pero tampoco desarrollaba nada que naciera de ellos.

Eran vidas limpias.

Demasiado limpias.

Como si alguien hubiera eliminado todo lo incómodo… y, sin querer, también todo lo real.

Empecé a sospechar que ese archivo no guardaba posibilidades.

Guardaba descartes.

Versiones de la realidad que no lograron sostenerse.

Intentos fallidos de una vida más perfecta.

Entonces busqué el registro principal.

El único que no debería estar ahí.

El único que, si mi intuición era correcta, no sería un descarte.

Me tomó tiempo encontrarlo.

No porque estuviera oculto, sino porque no parecía especial en absoluto.

Cuando lo abrí, tardé unos segundos en entender.

Era mi vida actual.

Con sus errores.
Con sus silencios mal elegidos.
Con sus decisiones torpes.
Con todo aquello que, en otros archivos, había sido corregido o evitado.

Revisé el final del documento con una ansiedad que no intenté disimular.

No había ninguna marca.

Ninguna nota.

Ningún “descartado”.

Solo una línea en blanco, como si todavía se estuviera escribiendo.

Me quedé mirando ese vacío más tiempo del que puedo precisar.

Y entonces lo entendí.

No era que esta fuera la mejor versión.

Era la única que soportaba todas sus contradicciones sin colapsar.

La única que no necesitaba ser corregida para existir.

La única lo suficientemente inestable como para ser real.

Cerré el archivo.

O al menos eso creo.

Desde entonces, a veces siento que alguien revisa mis decisiones como si fueran borradores.

Como si cada error fuera una prueba.

Como si en algún lugar siguieran acumulándose versiones de mí que no lograron sostenerse.

Y en ciertos momentos —los más silenciosos—

no puedo evitar preguntarme

si esta vida que insisto en llamar mía

es realmente la que elegí…

o simplemente

la única que no pudo ser descartada.

Puntúalo

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS