La Mujer y el Fantasma

La Mujer y el Fantasma

Karol Bolaños

20/04/2026

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La mañana estaba fría, congelada y gris. Los carros iban y venían hacia todos lados, los adultos dejaban los niños y niñas en las escuelas, colegios y liceos; para luego irse a cumplir sus jornadas diarias de trabajos soñados y odiados. Las panaderías estaban abiertas desde temprano, al igual que los tabacos y los supermercados.

El humo de las chimeneas se esparcía por el cielo, se confundía con el aire y dejaba su suave aroma a pino quemado.

Era un día normal, el final del otoño se acercaba, así que, todo estaba congelado, la hierba, los techos, los carros dejados al aire libre, la superficie de los árboles, el suelo, el aire y las personas.

Allí estaba ella, esa mujer gentil, inteligente, dócil y fraterna; esa que parece un ángel cuando nadie la ve, esa que guarda un amor desmesurado por sí misma y su descendencia. ¡Cuán aterrador puede ser verla tan elegante, tan dispuesta a todo en el mundo de los negocios, tan bella, seductora, insensible y fuerte! ¿Cómo puede una mujer ser varias a la vez? ¿Será que en el fondo no es ninguna?

Era temprano para fumar, pero ella lo hacía con un placer soberano, como si el éxtasis estuviera entre sus labios. Parecía atenta, como detectando todo lo que la rodeaba y concentrando su atención fijamente en la soledad, aquella tan necesaria para luego poder soportar estar abarrotada de gente que, con problemas, solo esperan de ella soluciones.

Como un espejismo aparece y desaparece un fantasma ante sus ojos. En realidad, se trata de una minúscula partícula de existencia que se presenta en forma de cuerpo femenino y parece que va al cruce de miradas.

No lo puede creer, es casi como una invasión a su espacio, a su tiempo y a su actividad de placer. De algún modo, se siente incómoda y no quiere tener que saludar porque ese ente viviente le causa algo inexplicable. Saca del bolsillo derecho de su largo abrigo negro el teléfono móvil y fija su mirada en el dispositivo.

La fantasmal presencia no baja su mirada, todo lo contrario, cuando aclara su visión, afirma que se trata de la madre de una compañera de su hija; ella sabe que, se trata de una mujer importante en la sociedad, una mujer de negocios, elegante, generosa y bella. Una mujer distinta a ella, con objetivos disímiles y una confianza arrolladora.

Tiempo atrás, entre mujeres, existía la complicidad, cordialidad y generosidad que permitía la construcción de la amistad entre niñas; pero la ruptura de la naturalidad en la comunicación, hace que se pierdan los vínculos, la química en la relación de cercanía; por lo tanto, no es extraño el gesto de ignorar. En el fondo cada quien sabe que frente a la otra tiene un ser diferente, tal vez equivocado, pero bueno, noble y sincero que se pierde entre la materia o la existencia.

El fantasma, la partícula efímera de existencia, desaparece entre el frío matutino, una leve sonrisa se dibuja en sus labios, entendiendo que solo es pasajera en este volátil camino de mortales desamparados.

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