«Hoy no creo poder escribir novelas rosas, de esas donde la doncella se duerme esperando el beso mágico. Mi realidad es que solo soy un errante armado; sí, armado de pluma y papel, con el lápiz afilado al máximo y con la agudeza de un halcón mirando los árboles en flor. ¡Cómo poder describir en palabras el aroma de estos pétalos, estoy tratando de capturar en el aire, en un frasco con ideas y mezclarlo para ver que es lo sale.
He recorrido mares, desiertos y suntuosas ciudades, pero me quedo con mi larga y angosta faja de tierra, esa de capitalismo tardío. Mirándome al espejo, no me gusta lo que veo; creo que me quedaré del lado contrario. Ya que mi reflejo se alimenta de mí a diario, porque yo no puedo alimentarme de él; si yo le entrego mi actitud y mi gesto, hoy ganaré tiempo: daré vuelta al reloj para que no avance, sino que retroceda. Tal vez mañana me sienta más joven y me pueda declarar a Anna o tomaré carrera para alejarme lo máximo posible y no dejar que nada me ancle…
Solo por hoy no salvaré al mundo y dejaré de preocuparme de todo y por todos; sino que, por primera vez, trataré de salvarme a mí mismo con un dejo de mezquindad, soberbia y un sinnúmero de apelativos calificativos poco fiables, esbozados en un borrador con rayones el cual quizás nunca vea la luz, ni tenga existencia de que se escribió siquiera. Hoy no venderé soluciones, sino conflictos, y tal vez en mi divagar encontraré el perdón no dado a palabras no dichas.
No quiero parecer un rebelde de esos de chaquetas de cuero, llena de cadenas, con muecas en el rostro y un tatuaje a flor de piel, botas vaqueras y una lata de cerveza en la mano. Tampoco quiero ser un iluminado gurú y tener seguidores, no me interesa. Solo trato de vivir un día a la vez; observar in situ si en realidad el césped es tan verde al otro lado de la barda tal como lo dicen. Quiero dejar mis huellas en el arcén, pintar con acuarelas las edades del tiempo, pernoctar a un costado del camino donde me pille la noche y esconder mi ego para que no me lo roben. Viajar entre estrellas y seres etéreos dimensionados en mi fútil imaginación; orar en una pagoda por los que perdí y por los que me perdieron a partes iguales, Solo por hoy seré el héroe de mi novela, como un mago con varita con letras de liquidación.
Mañana será otro día; ya veré cómo le doy pelea o tal vez me entregue sin dar lucha. Aunque no quiero sangrar al primer corte sin dar brega, debo arrebatarle la daga al futuro, caminar por la cornisa y arrojar una moneda al aire, pero sin saber el resultado. No sé si mi ser está en una catarsis, liberándose del pasado presente, o si llegó por fin a un estado de nirvana, esquivo pero consciente. Estoy escribiendo con pasión para no explotar por dentro, para finalizar: nadie dijo que sería fácil, ¡pero ahí vamos!»
Cuánto cuento cuántico
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