Viaje largo
Nunca olvidaría esa cara. Cuando me monté en aquel coche tan extraño, parecía un entrañable anciano, con un gracioso cardado lleno de canas, que con amabilidad me abrió la puerta. En unos instantes se convirtió en un remedo de un kamikaze, no solo era la velocidad, también la cara, más parecida ahora a un chiflado...