Despierta un nuevo día, abro los ojos y me pregunto, ¿Es un sueño o es realidad?. Estiro mis piernas, mis brazos, un bostezo hace abrir mi boca. Pero entonces mis pensamientos vuelven a la realidad. Ni en un sueño podía imaginar, lo que ahora es tan real. Cuando decido poner los pies en el piso, abro la ventana y allí esta el. Aquel que aunque la vida de las personas haya cambiado, el, siempre esta ahí para darme sus buenos días. Sus rayos rozan mi cara, el calor que desprenden son agradables. Nunca había reparado en lo importante que iba a ser el sol, con tan solo abrir una ventana. Cierro mis ojos y agradezco poder sentir su calor, su luz entra en el dormitorio como un nuevo invitado. El único que en estos momentos, puede entrar en nuestras casas. Entonces me doy cuenta, seguimos aquí, en la misma situación, encerrados en casa. Intento saber como esta el mundo, nunca mejor dicho, pero cada vez da mas miedo informarse. Hoy como tengo tiempo, haré algún cambio en casa. ¿Tiempo?, me pregunto. Ahora tengo siempre tiempo. Lo que no tengo, es el abrazo de todos los míos. Un beso de mis padres, porque están muy delicados. El corretear de mis nietas, sus gritos por casa, mi hija y su marido, están tan cerca y tan lejos. No debo ser egoísta, no estoy sola. Tengo conmigo mi hija pequeña y mi marido. Pero, el corazón en estos momentos se recicla, empieza a recordar aquello que teníamos olvidado. Lo importante de poder tocarnos, el besarnos, los abrazos. Ahora, en estos días, creo que los seres humanos, vamos a aprender a valorar mas nuestras vidas, lo insignificante que puede ser un saludo de un vecino, pero cuanto importa ahora. El salir al balcón, aplaudir hasta que nos duelan las manos, por esas personas que se dejan la piel por nosotros. Personas, que amenizan con música desde sus casas, para que no creamos que estamos solos. Un sin fin de emociones, pero ante todo juntos. Resistiremos y no nos daremos por vencidos.

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