Por primera vez, vas a hacer la receta de pan que te dejó la abuela antes de partir, solo esperabas el momento ideal, y eso sucedió una mañana en que te levantaste como si estuvieras hechizada, te pusiste el delantal disponiéndote a comenzar ese ritual familiar como lo hacía ella, estabas a la expectativa, tu corazón comenzó a latir con fuerza cuando colocaste sobre el mesón la cantidad exacta de harina con la cual empezarías a darme la vida; de igual forma y sin perder el tiempo ibas agregando los ingredientes que aportarían el sabor, la frescura y la calidad que tendría.

Después irías añadiendo poco a poco el agua la cual uniría todo, acto seguido la hora del amasijo y lo hiciste con esa firmeza que te caracteriza y eso me entusiasmo y continuaste amansándome no tanto como para que no quedara duro ni poco como para que no levara, iban pasando los minutos y con un paño me arropaste con dulzura para que creciera… y ahí empezaría la sinergia.

Pasaron los minutos y lentamente empecé a desarrollar mis sentidos, y llego ese momento anhelado en el que salí de mi capullo, tal como lo hace la mariposa. Te esperé paciente mi querida amiga, mientras seguías el proceso de untar el molde de mantequilla y harina para que a la hora de sacarme no me pegase a él. Volviste nuevamente conmigo e hiciste esos cortes en mi piel necesarios para que tuviera esa forma que provocaría esa sensación táctil y visual única e inigualable que querías de mí. Mis venas de gluten me hicieron más esponjoso, grande,  mejorando mi sabor, eso significo que iba por buen camino.

Después de un tiempo, llegó la hora de que ingresara al horno para tomar ese color dorado y sensual. Creo que tarde mínimo una hora en este proceso.

Finalmente, abriste las puertas del horno y desprendió de mí ese olor que se esparció por todo el lugar, tus emociones salieron a flote y me sacaste lentamente, me colocaste en el mesón en donde empezó todo. Si Lilly fui ese pan artesanal, crujiente por fuera y húmedo por dentro, que te recordó a la abuela cuando lo horneaba con esas manitas arrugaditas pero firmes.

La Libélula

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