Maldito San Valentín

Maldito San Valentín

Crimson Girl

29/01/2023

1. Ahogada en mis Pensamientos

– El 20% de la población mundial no experimenta ningún suceso romántico en su vida.

Eso fue lo que me dijo Alfonsina, mi amiga, una mañana que merendábamos durante el receso.

Tras sus palabras no pude evitar pensar lo lejos que estaba de mí el amor y el romance. A pesar de haber estado flechada por una persona durante ya un año, mi timidez y mi falta de habilidad social me habían mantenido siempre al margen de su vida; observándolo desde la distancia y fantaseando con una realidad dónde caminábamos juntos, tomados de la mano y sonriendo.

La forma en la que me enamore de él fue, en realidad, bastante común; hace un año, cuando acababa de mudarme a esta ciudad, terminé confundiendo direcciones y me perdí al intentar llegar al mercado local, él se acerco a mi y me acompañó hasta el bazar y me ayudó a entender las indicaciones para poder volver sola a casa. Tal vez para él fue solo un simple acto de amabilidad, una mera cortesía de un joven bien educado; pero desde ese momento yo no había podido dejar de pensar en él; así que, cuando descubrí que ambos asistíamos a la misma preparatoria, no pude evitar sentir que el destino me favorecía.

Aún así, aquí estoy ahora, después de tanto tiempo y sin haberle podido dirigir la palabra ni una sola vez.

¿Me estas escuchando, Valentina? – Alfonsina había continuando hablando, pero la verdad es que yo había dejado de ponerle atención.

– Lo lamento Ali…

– Tu siempre perdida en tus fantasías. ¿estabas pensando en tu «amado»? – Alfonsina me conocía muy bien, y sabia acerca de la batalla interna que constantemente libraban mis sentimientos.

– Falta un mes para San Valentín y yo ni siquiera soy capaz de sostenerle la mirada – Dije, agachando la cabeza.

– Oh mi pequeña Vale, tanto tiempo amando en silencio a un hombre que ni siquiera sabe de tu existencia, ¿por lo menos estas segura de que no tiene novia o novio, ya?

– Él sabe de mí, bueno, algo así… eso creo.

– Mira, si no tienes el valor de hacer algo, las cosas no van a cambiar por sí solas. Puedes quedarte aquí, lloriqueando y fantaseando, o ser valiente e ir y confesar tus sentimientos.

– No lo sé, no creo ser capaz. Cada vez que tengo que hablar con la gente o frente a la gente, se me agita la respiración y el corazón se me acelera; no quiero ni pensar que podría pasar si hablo con él, y aun peor, si me rechazara…

– Pues es una posibilidad, es cierto, pero bien dicen: «Es mejor haber amado y perdido, que nunca haber amado».

– ¡¿De donde sacaste eso?!

– De un anime. Bueno, es hora de volver, la campana ya ha sonado una vez y no quiero otro retraso.

Ese día, mientras volvía a casa no pude evitar repetir una y ora vez las palabras de Alfonsina en mi cabeza; ella tenía razón , yo era un cobarde, demasiado tonta para sobresalir en estudios, demasiado torpe para triunfar en deportes y demasiado introvertida para hacer amigos, ni siquiera sabía como me as había arreglado para convertirme en amiga de alguien como Ali, bonita, inteligente, tenas y sin miedo de expresar lo que pensaba o sentía.

Y heme ahí, otra vez naufragando en un mar de mis propios pensamientos y miedos, auto compadeciéndome y lloriqueando.

¡Ya no más! – Solté al aire – Mañana… desde mañana comenzaré a hablarle. ¡Sí, eso es!, ¡mañana cuando lo vea por el pasillo, voy a saludarlo!.

Estaba tan decidida que no pude exteriorizar mi determinación en voz alta, había tomado una decisión y pondría toda mi voluntad en cumplirla.

2. Este es mi Fin

Lo sé – me dijo – Acerca de tus sentimientos, lo se todo.

«Es todo, este es mi fin«, pensé yo.

Esa mañana había salido, manteniendo al misma decisión del día anterior, con la convicción de que ese día daría el primer paso de mi largo camino hasta el corazón de mi «alguien especial». Había trazado un plan para comenzar saludándolo en las mañanas, luego iba a preguntarle como iba su día, luego acerca de sus pasatiempo y finalmente, transcurrido el mes, el 14 de febrero le confesaría mis sentimientos; así es, se lo diría el día de San Valentín.

Iba a ser difícil, hasta ahora solo me había limitado a mirar desde la distancia y en silencio, pero eso terminaba hoy.

Me arreglé y salí de casa, camine hasta la escuela, tomé un gran bocanada de aire e ingrese al colegio. Caminé por el pasillo de la escuela, jamás me había parecido tan largo, y finalmente llegue a nuestro salón; me mantuve fuera, dando vueltas esperando a verlo llegar, pero era presa del pánico y mis pensamientos fatalistas.

Cuando finalmente lo vi llegar, mi falta de valor volvió a jugar en mi contra, me quede petrificada, colorada como tomate y muda como estatua… no logre decir ni una sola palabra, solo conseguí que el y su amigo se sintieran incomodos y me miraran como un bicho raro; los recuerdos del pasado volvieron a mi mente «no otra vez, por favor».

Afortunadamente el resto del día paso sin mas inconvenientes, trate de disimular mi mal animo, pero Ali se dio cuenta de inmediato; ella intento hacerme sentir mejor, pero mi sentir no cambio demasiado; solo quería que el día terminara.

– Vale, hoy no tengo practicas del club, vamos juntas a casa.

– Gracias Ali, pero olvide mi mochila en el aula de la ultima clase; además, creo que hoy preferiría caminar sola.

– Mmm… esta bien, no voy a presionarte; solo ten cuidado de vuelta a casa, nos vemos mañana.

Regrese a este salón de arte, olvidar mi mochila o los libros de ese día, hasta mi uniforme de deportes, no era algo nuevo para mí; lo que fue totalmente nuevo fue ver parado, justo frente a mi asiento y mi mochila, a Stefano Parisi.

Hola, estaba esperando a ver cuanto tiempo te tomaba darte de cuenta de que olvidaste tu bolsa.

– Y… yo… – Estaba demasiado sorprendida como para articular mis pensamientos en palabras.

– Pensé incluso en que tal vez no volverías y tendría que ir a darte alcance yo, con el.

– T… tu…

– De cualquier manera, quería hablar contigo de otro tema.

– ¿De… qué?

Lo sé – me dijo – Acerca de tus sentimientos, lo se todo.

«Es todo, este es mi fin«, pensé yo.

No, n… no, yo….

Es inútil que intentes negarlo, eres demasiado obvia. Tanto ahora, como esta mañana, como todos los días en general; la forma en que te quedas viendo y te pones roja… si no disimulas tarde o temprano él se dará cuenta también.

¿Quién?

Matteo, Matteo Conti, mi mejor amigo, el chico que te quedas viendo cada mañana; es un poco lento, aun no se ha dado cuenta, pero para mi resulta demasiado obvio.

– Pero yo…

Eres demasiado tímida para hablarle, lo se. Por eso quería hablarte, yo te ayudare a acercarte a él, te hablare de sus gustos, pasatiempos y todo lo necesario para que puedas acercarte y conseguir conquistarlo; pero nada es gratis, a cambio deberás ayudarme con inglés, se que eres muy buena con esa materia.

Stefano seguía hablando de las ventajas del mutuo acuerdo, de como nos reuniríamos cada día después de clases y de como él sería nuestro cupido personal, pero mi mente y mi cuerpo ya se había desconectado para ese momento.

– ¿Qué opinas de eso Valentina?, es un ganar ganar; entonces… ¿tenemos un trato?

– ¿Sa… sabes mi nombre?

Por supuesto, hemos sido compañeros ya por un año, o un poco mas.

– ¿En… entonces nos encontraríamos aquí, tú y yo, cada día hasta San Valentín?.

Sí, tu me enseñas inglés y yo te hablaré de Matteo.

Como si hubiera agotado todas las palabras que podía usar en un día, solo pude asentir con la cabeza, accediendo de esa manera a su petición.

Estoy segura de que Dios existe, y que se divierte jugando con nosotros.

3. Nada Malo

Al día siguiente asistí a clases de forma normal, pensaba que todo lo que había sucedido fue producto de mi mente, en un desesperado intento de evitar la realidad. De esa forma hubiera sido más fácil, tal vez lo mejor hubiera sido solo regresar a casa al terminar el día, pero mis pasos me dirigieron directo al salón de arte, donde Stefano me esperaba.

– Hola, te tardaste, ¿traes tu libro de ingles? – sentado en un pupitre acomodado al lado de la ventana, con dos sillas, una a cada lado de la mesita, me esperaba Stefano.

– No, yo…

– Lo olvidaste, no importa, yo traje el mío.

– Lo que quería decirte es que te equivocas, conmigo y Matteo, en realidad yo… a mi…

Ya puedes dejar de negarlo, vamos; solo mírate, toda sonrojada y temblorosa. Esta bien, yo te ayudare a llegar hasta el, tranquila.

Stefano ciertamente tenia buenas intenciones, pero era muy malo escuchando. Entre mi timidez y su iniciativa, no podía terminar de formular ni una sola oración. De esa manera, no encontré forma de explicarme y aún menos de negarme ante su iniciativa.

Cada tarde nos reuníamos en el salón de arte, a veces estudiábamos, a veces él me contaba de Matteo, otras tantas y sin darse cuenta, terminaba hablando de temas diversos que, yo supongo, le resultaban interesantes. Poco a poco fui tomando valor y uniéndome a su monologo para lograra una conversación; el tiempo paso casi sin que nos diéramos cuenta.

Hablamos de como le gustaba ir a la costa, nadar en el mar, pescar, e incluso navegar un pequeño velero de su familia; yo le conté acerca de como antes solía ir a las montañas, escalar, acampar y recorrer a pie los senderos de los bosques.

Nos contamos acerca de nuestras familias, la música que escuchábamos, las películas que nos gustaban; todo de cuanto pudiésemos hacer conversación.

Una de esas tantas tardes, Stefano empezó a preguntar más acerca de mí, yo me había esforzado en retrasar ese momento, pero al final fue inevitable.

– Es muy divertido hablar contigo, Valentina. ¿Por que no hablas con la gente?, con la única que te he visto hablar es con tu amiga Alfonsina.

– Me da vergüenza, creo que si evito hablar no diré algo tonto de lo que puedan burlarse.

– Eso suena muy pesimista, ¿se burlaban mucho de ti en tu anterior escuela? – el interés de Stefano parecía sincero.

– Yo… en mi anterior escuela me enamore de dos chicos, uno hace mucho tiempo y otro hace no tanto. Del primero, en ese entonces era mas pequeña, él era dos años mayor que yo; para confesar le escribí una carta, recuerdo que pase toda la noche escribiendo y reescribiendo hasta tener una misiva perfecta, sin errores ortográficos, con caligrafía perfecta y que expresara todo lo que sentía por él…

– ¿Y qué pasó?

– Se la entregue una tarde, y a la mañana siguiente estaba colgada en el tablero de anuncios de la escuela, donde todos la veían y se burlaban de ella; estaba llena de garabatos e insultos escritos por él y sus amigos. Afortunadamente al final de ese año él se cambio de escuela y, tras eso, las burlas fueron parando y la gente lo olvido.

– Supongo que con el segundo chico te fue mejor.

– No, no exactamente; es decir, al principio todo iba bien, después de que le confesé mis sentimientos, pensé… él no me rechazo y yo asumí que estábamos saliendo y yo de verdad lo quería mucho. Siempre lo buscaba en los recreos, le compraba el almuerzo, hacia sus tareas, básicamente todo lo que el me pidiera; pero una tarde, cuando fui a verlo para volver a casa juntos, lo encontré con una chica, ambos se burlaban de mí, de lo melosa que era, de lo estúpido que era todo lo que yo decía y lo que me gustaba y de que como era tan tonta que en todo ese tiempo no me había dado cuenta de que él y ella estaban justos a mis espaldas.

– ¡Pero que idiota!, dime que hiciste, ¿lo confrontaste, lo insultaste, lo golpeaste?.

– No hice nada de eso, no tuve el valor; pensé que tal vez ellos tenían razón y el problema realmente era yo. Fui cobarde y les pedí a mis padres que me cambiaran de escuela… eso es todo.

– ¡¿Por qué?!. Es obvio que el del problema era él, no tú, debiste…

Stefano, se detuvo, se había puesto de pie, creo que son darse cuenta; pero dejo su oración a medias y se acerco a mi con calma.

Perdón, no debí subir la voz… ¿está bien si te abrazo?

Yo asentí con la cabeza y él se agacho a mi altura, pues aún permanecía sentada. Con su mano seco las lagrimas que chorreaban por mis mejillas, no supe en que momento había comenzado a llorar; con ambos brazos rodeo mi espalda y con la palma, desde atrás, acaricio mi cabeza.

Tú no hiciste nada mal.

Sus palabras y el tono de su voz fueron tan amables, que no pude evitar romper en llanto.

4. ¡Maldito San Valentín!

Los días siguientes de aquella tarde, Stefano me trató de la misma forma que siempre, no mencionó el incidente, ni nada parecido; eso me ayudó mucho, pues yo estaba realmente avergonzada después que me haya visto llorar tanto.

Continuamos encontrándonos en las tardes, como siempre; pero para mí esas citas de estudio y charla, eran un constante recordatorio de que el tiempo pasaba y yo no progresaba ni un poquito en mi misión de confesar mi amor.

Aún así, tan atascada cómo estaba, debo reconocer que el tiempo que pasaba con él, realmente lo disfrutaba.

Una tarde, después de repasar el libro de ingle y hablar de Matteo, nos pusimos a hablar de tonterías y, aunque no recuerdo bien el por qué, recuerdo que estábamos riendo de algo que Había dicho.

Después de unos minutos de silencio, él comenzó a hablar.

Tu cabello es muy bonito, creo que te verías linda también con el pelo suelto.

– Ah…. no lo sé, no es muy largo, pero creo que podría intentarlo.

– Veamos ¿si…? – Stefano se inclinó sobre la mesa que nos separaba y extendió sus manos para quitar los elásticos que sostenían mi cabello en coletas – ¡Listo!.

Mientras se distanciaba de mí, para poder volver a sentarse, pude notar como su expresión cambiaba. Al principio pensé que se había decepcionado del resultado, pero luego pude notar un leve rubor en sus mejillas, así que pensé que tal vez sí le había agradado.

Después de unos minutos de incómoda espera para escucharle volver a hablar, él puso sus manos sobre la mesa y, en un rápido movimiento, se levantó de la silla con la cabeza gacha.

– ¡Qué tarde es!, no me di cuenta de la hora, tengo que irme a casa, lo siento, adiós.

Y salió corriendo sin más, antes de que pudiera siquiera contestarle; por lo que solo me limité a observarlo, totalmente confundida.

Al día siguiente volvimos a encontrarnos en la escuela, pero el mirarnos a los ojos ahora parecía igual de incómodo para los dos, cuando antes el contacto visual y los saludos eran solo un problema para mí.

Ese día Stefano cancelo nuestro encuentro de la tarde y al día siguiente se repitió la escena de extrañes del pasillo, tal como la mañana anterior.

Estaba bastante confundida, así que ese mismo día, en el receso decidí consultar con mi consejera, apoyo y mejor amiga, acerca de toda esta situación.

¡¿Te has estado viendo cada tarde con Stefano?!. Y peor aún, ¡¿no me lo habías contado antes?!.

S… si, lo siento; jejeje.

No me digas jejeje, esto es un notición – Alfonsina, dejo de lado su exaltación y se tomó un momento para pensar – Entonces, cada tarde se reúnen a aprender, Stefano sobre inglés y tú sobre Matteo… ¿No es esto contraproducente?, pasar tanto tiempo con un chico que no te gusta para hablar del que sí te gusta.

Bueno, yo…

Ali era muy lista y bastante observadora, pero por sobre todo, me conocía mejor que nadie.

Pero a ti no te gusta Matteo, ¿verdad?.

Asentí con la cabeza.

¡Oh por amor al cielo!. Cuando tú los mirabas, Stefano pensó que mirabas a Matteo, que te gustaba Matteo; yo también lo pensé. Pero quién en realidad te gusta es Stefano, el chico que está dándote información de como gustarle a otro… ¡Valentina, nooo!

Es que todo se salió de control y yo… Cuando el me dijo que me gustaba Matteo, no tuve el valor de corregirlo y decirle que quien en realidad me gusta, es él.

Al menos te has vuelto cercana a él, pero el piensa que te gusta otro. Acabas de ponerte el pie a ti misma.

Yo quería… Tenía la esperanza de poder confesarle la verdad y mis sentimientos por el en San Valentín.

– Es cierto, en una semana es San Valentín, oh no, no he preparado nada para mi novio, odio esa fecha, ¡Maldito San Valentín!… Pero no nos distraigamos, ¿que me dijiste que paso ayer?

– Eso… desde lo de mi cabello, creo que ya no quiere hablarme.

– Si, eso, lo de tu pelo… Mira Val, creo que tú le gustas, pero él piensa que a ti te gusta su mejor amigo, y tal vez tú le gustes a él también, a Matteo.

Entonces Stefano se está alejando de mí, ¿por que comencé a gustarle?

Es lo más probable, así que si no quieres perder la oportunidad tienes que decirle la verdad cuánto antes.

Pero yo…

Valentina, yo te quiero mucho, pero tú falta de coraje solo causará que tú y los que están a tu alrededor terminen heridos; es hora de ser sincera.

Las palabras de Alfonsina podían sonar severas, pero sabía que tenía razón.

5. No te Rindas

Esa tarde, como el día anterior, Stefano canceló la cita de estudios; eso, junto a que Alfonsina tenía práctica, me hizo decidir volver temprano y sola a casa. Pero, mientras caminaba, me encontré con la persona que menos hubiera esperado.

Oh, Valentina, ¿verdad?. Hola, soy Matteo, de la escuela.

– Ho…hola, Matteo.

– Hola, sabes quién soy, ¿no?. El amigo de Stefano.

– S…si, sé quién eres, jejeje.

Matteo era vivaz, alegre, lleno de energía siempre; él era muy agradable y podía entender por qué tanto Alfonsina cómo Stefano creían que él me gustaba. Pero la verdad era diferente.

El chico, me hizo conversación y luego me invitó a comer un helado, por su puesto yo no pude negarme; a veces odiaba esa parte de mi, pero ese día fue realmente útil.

– ¿De frutilla o de chocolate?

– De frutilla está bien, gracias.

Bien, entonces yo tomaré el de chocolate. Sabes Valentina, he notado que tú y Stefano pasan mucho tiempo juntos últimamente.

– Yo… sí, así es.

Jaja, no es un reclamo, es solo una observación. Es que creo que el piensa que me gustas y temo que te esté forzando la idea de que salgas conmigo o algo así.

– Pues sí, el cree eso… Lo siento, no quise causar problemas.

No, no, tranquila; es más, eres una chica muy linda y todo; me sentiría halagado si te gustara, pero temía que no fuera así y el estuviera siendo insistente.

Es que yo, no he podido decirle que me gusta alguien que no eres tú…

Ya veo. Ese tonto, asumiendo cosas… ¡Oh!, podría preguntar ¿quién es el que te gusta entonces?

La verdad… Es que yo…

Tranquila, no tienes que decírmelo, no debe…

– ¡Stefano!, ¡quien me gusta es Stefano!

No podía creer que se lo había dicho, mis manos eran puños apretados y mis piernas temblaban más que fideos; pero al fin lo había dicho en voz alta, aunque no a la persona correcta

Jajajaja, ¡¿es en serio?!. Oh, no me río de ti Valentina, no me mal entiendas; pero es que el cree que te gusto yo y cada día se reúnen y jajajaja.

Es que yo, no he podido confesárselo.

– Y dime, por qué te gusta un chico tan obtuso, terco y distraído como mi amigo, jajaja.

Porque fue la primera persona en ser gentil conmigo cuando llegué aquí, cunado descubrí que íbamos a la misma escuela… aunque no pude acercarme a él siempre lo veía, suele actuar rudo pero en realidad es amable; es la clase de chico que lleva alimento para darle a los perritos callejeros que se encuentra en la calle, que ayuda a las personas mayores a cargar sus compras, que sede el asiento en el transporte a los ancianos. Aunque es malo en inglés trata de mejorar, es muy apasionado con sus gustos y muy sincero también y yo…

Me di cuenta de lo mucho y rápido que había comenzado a hablar, y lo vergonzoso de lo que había dicho; me puse roja como tomate.

Demonios, si que estás enamorada… Eso es genial, quisiera que alguien hable así de mí.

– Dije demasiado, lo siento.

– No te preocupes, fue lindo. Me pregunto si tú también le gustarás a él…

– ¿No te ha dicho nada acerca de eso?

– Mmm… Me parece recordar que dijo que le había empezado a gustar alguien hace no mucho, pero no sé si habla de ti o de alguien más. Lo lamento.

Esas palabras se clavaron en mi pecho como estacas, sentía que mis ojos se llenan de lágrimas, pero no quería comenzar a llorar, así que me contuve.

Si le gusta alguien, espero que pueda ser feliz.

Vamos Valentina, no te rindas.

– Es que yo….

No puedes rendirte sin intentarlo. Deberías decirle que te gusta al menos.

– Pero…

Anda, anímate. Tus sabes que es una buena persona, no retratará mal ni nada de eso.

– Sí, tienes razón. Muchas gracias Matteo.

– De nada, vamos a pagar esto, yo invito.

Matteo me despeinó el cabello y me acompaño hasta la salida; hablar con él y Ali me había ayudado a ganar valor; estaba decidida, esa vez de verdad, a qué le confesaría mis sentimientos a Stefano.

6. ¡Eres Tú!

Esa noche no pude dormir en lo absoluto, así que al día siguiente no solo estaba nerviosa y asustada, sino que también me veía horrible.

Buenos días Ali – saludé a mi amiga, quien gracias al cielo fue la primera persona que ví.

Buenos días Vale… Pero que son esas bolsas de bajos de tus ojos.

– Es que no pude dormir bien anoche.

– Ven, vamos al baño a lavarte esa carita y arreglarte un poco.

Alfonsina me llevo al lavabo y yo le conté lo que había sucedido ayer. Ella, amablemente, me arreglo el cabello y me maquillo un poco.

Si vas a verlo hoy y a decirle al fin todo, será mejor que te veas aún más bella que lo de siempre.

– Sí, lo haré hoy porque… aunque no falta mucho para San Valentín, creo que sí sigo posponiéndolo no lo haré nunca.

– Muy bien Vale, haz madurado mucho en poco tiempo. Además, San Valentín es solo otro día; lo importante es demostrar cariño sin importar la fecha.

– Si, gracias Ali.

Tras salir del baño, justo antes de que tocará la campaña para ingresar al salón, me dirigí directamente hacia Stefano y Matteo.

Hola Valentina, ¿cómo estás hoy? – Matteo me saludo muy cordialmente, pero a con quién yo quería hablar, era el chico a su lado.

Hola Matteo, es bueno verte. ¡Stefano!, buenos días, necesito hablar contigo hoy por favor, te esperare a la salida en el salón de arte; muchas gracias – podía sentir como mi voz se había acelerado y elevado en tono conforme avanzaba en cada palabra.

– Buenos días… Yo, eh, está bien – Stefano se veía visiblemente confundido.

Apenas él hubo contestado, sonreí, asentí con la cabeza y me dirigí de vuelta hacia Alfonsina y de ahí a nuestros asientos.

No puse atención a las clases ese día, física, química, matemáticas, clase de deporte, el almuerzo, historia y biología; nada cabía en mi mente en esos momentos. Pero la mezcla entre nerviosismo y decisión hicieron que el día pasará bastante rápido, hasta que llegó la tan ansiada hora.

– Buena suerte Vale, tienes mi apoyo.

– Muchas gracias Ali, ya me voy.

Salí del salón apenas pude, unos segundos antes de que tocase la campana incluso, empecé caminando pero terminé corriendo y finalmente mis pies me llevaron hasta el salón de arte. Pensé en todas las tardes que habíamos pasado ahí, en como aunque no era nuestro objetivo, habíamos terminando conociéndonos y acercándonos muchísimo.

Esperaba con impaciencia, los segundos parecían minutos y minutos horas. Espere y espere, incluso llegué a pensar que Stefano no asistiría; pero, finalmente, y después de una espera que pareció eterna el cruzo la puerta.

Hola, lamento la demora…

Parecía que quería decir algo más, una excusa o una explicación, pero no dijo nada más.

Está bien, yo quería hablar contigo, lo que pasa es que yo, sobre nuestras reuniones…

– Sí, lo sé; me dirás qué ya no las necesitas más. Los vi ayer, a Matteo y a ti en la heladería.

– ¿En serio?

– Si, vi que aunque estabas sonrojada pudiste hablar mucho y muy bien con él, eso me alegra. Me alegra que hayas vencido tu miedo y que puedas estar con la persona que te gusta.

Entonces entendí que Stefano lo había malentendido todo, pero no podía culparlo, yo le había dado a entender todo mal y no había corregido su error.

Dentro de poco viene San Valentín, así que regálale chocolates, yo… estaré apoyando su relación, espero que sean muy felices juntos.

Palabras tan amables jamás habían tenido un significado tan cruel.

No, no se trata de eso…. Yo…

– Está bien, de las reuniones no te preocupes, ya no tienes que venir más; ya aprendí bastante de inglés así que no me debes nada. Será mejor que uses es tiempo para estar con Matteo y … Eso no es verdad, lo siento.

– ¿Q…qué?

– Es mentira, yo… Tu me gustas Valentina, y pensar en verte con otra persona, aunque sea Matteo, aunque sea mi mejor amigo… Yo, lo siento, lamento ser tan egoísta pero tenía que decírtelo.

Mis ojos comenzaron a desbordarse en lágrimas.

No… Lo lamento, no quería hacerte llorar – Steffano dio un paso hacia atrás – Es solo que yo, si tan solo pudiera ser yo...

– ¡Eres tú! – no podía contenerme más y seguirlo escuchando – Desde el principio siempre has Sido tú.

– ¿A que te refieres? – él me miraba confundido.

Desde el comienzo, a quien miraba era a ti, quien me gusta y me ha gustado siempre, eres tú. Cuando me dijiste lo de Matteo no tuve el valor de corregirte pero realmente me alegro haber tenido esas reuniones porque podía pasar tiempo a tu lado; incluso ayer, cuando nos viste, estábamos hablando de ti… No me gusta Matteo ni yo le gustó a él, a quien realmente quiero es a tí Stefano.

El silencio lleno el aula, nunca había sentido el salón tan grande y vacío como en ese momento. Entonces pude sentirlo, Steffano me estaba abrazando.

Gracias al cielo, no puedo creerlo… gracias, gracias, gracias.

Su voz temblaba, al igual que sus brazos, mientras me sostenía.

Me gustas, Steffano.

– Tu también me gustas, Valentina.

Nuestras miradas se encontraron y pronto le siguieron nuestros labios; ese día no era San Valentín, pero fue el más dulce y tierno día que había tenido hasta ese momento; porque entre tanta gente, al fin, nos habíamos encontrado y eramos felices.

Fin.

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