De vuelta en Santiago, Makeda se sentó en su mesa chica. La Llanera Solitaria le puso té y le dijo: «Escribe, hija. Lo que viviste no se puede perder.» Y escribió. Noche tras noche. Con tinta y con cicatrices. *Título: «HISTORIAS URBANAS DEL PUEBLO CHILENO»* _Por Makeda Ngen Nagast Linconao_ El primer relato se llamaba...
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