Hay mujeres —y hombres también, porque el orgullo no conoce géneros sino espejos— que atraviesan el mundo con la secreta convicción de que poseen algo irrepetible. No hablo de la inteligencia, ni de la bondad, ni siquiera de esa rara elegancia que algunos llevan sin saberlo. Hablo del orgullo de tener culo, dicho así, brutalmente,...
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