Abro los ojos y me encuentro bajo un cielo demasiado azul, salpicado de nubes blancas que no se mueven, ni cambian de forma. Como si se tratase de un mural. El sudor que segundos antes reptaba por mi frente ha desaparecido, aunque siento que la cabeza me arde. No sé cómo puedo saberlo, pero algo...
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