Cuanta felicidad te puede brindar un lugar?
Aquí me siento libre, es el mejor retiro que uno puede hacer.

Es vivir «en» y «con» la naturaleza, sus climas, sus visitantes, sus peligros, sus frutos, su dureza, su alegría y su pena.

Hoy la niebla entra en el terreno como la brisa o el humo de un cigarrillo mal apagado, densa avanza tranquila.

El día está místico, aunque el sol hoy se deja ver en pequeños fragmentos de luz en una parte concreta del terreno que casi no da para cargar las placas solares.

Hemos limpiado los árboles quitando su acolchado para que seque la tierra y las raíces, para que respire. El suelo está muy húmedo puesto que hace dos días que hubo tormenta y aún sigue todo con olor a tierra mojada. Está todo mejor desde el paso del tornado.

El huerto da sus frutos, los tomates aún están verdes y los calabacines crecen sin cesar.

Me gusta mirarme los pies y no ver asfalto, y que ese sea también el suelo de mi casa.

Nunca jamas aprenderemos la infinidad de colores que posee la naturaleza.

El día me recuerda a Silent Hill.

Hoy leí El Loco, de Khalil Gibran. Bonita poesía, precioso libro guardado como un tesoro en la pequeña estantería de la caravana.

Observo a Bali buscando los últimos rayos del sol.

En el huerto aparecieron semillas de haba.

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