Es agosto. Todavía falta para que llegue la primavera, aunque cada vez falte menos. Y yo sé que cuando llegue voy a ponerme contenta, como siempre. Voy a sentir que el año empieza de nuevo. Que vuelven los días largos, las noches tibias, las ganas de salir sin mirar el pronóstico.
Pero estos días escuché una canción de verano.
Y fue suficiente.
De golpe volví…
A esas tardes en las que la playa empieza a vaciarse despacio. La gente junta sus cosas, sacude la arena de las mantas y se va caminando con el pelo todavía húmedo, lleno de sal de mar. Algunos se quedan… Los más jóvenes, quizás, empiezan a juntarse para tomar algo mientras el sol baja. La ciudad va cambiando de color y, casi sin darte cuenta, se encienden las primeras luces.
El ruido baja, y se escucha más el romper de las olas contra la orilla.
El día se queda quieto.
Y yo extraño.
Extraño muchísimo.
No sé si extraño exactamente un lugar, una época o una versión de mí misma que aparece cuando pienso en todo eso. Quizás extraño las tres cosas.
Y entonces pienso en vos.
Qué absurdo, porque vos no sos un amor de verano.
No solamente.
Sos de esos amores que no necesitan estar presentes todo el tiempo para seguir existiendo en algún rincón. De esos que pueden desaparecer durante meses y, cuando vuelven, hacen trampa.
Porque hablamos después de meses y es como si no hubiera pasado absolutamente nada. Como si el tiempo, para nosotros, también se aquieta. Como si el tiempo, entre vos y yo, tuviera una regla distinta.
Y ahora estoy acá, en agosto, con frío, escuchando música que debería estar sonando mientras camino por la costa y no encerrada en mi casa.
Y te extraño.
Te extraño de una manera bastante inconveniente.
Quiero saber de vos. Quiero saber cómo estás, qué hiciste estos meses, qué cosas cambiaron y cuáles siguen exactamente en el mismo lugar.
Quiero verte.
Quiero abrazarte.
Quiero besarte.
Y quizás lo más extraño de todo es que no necesito imaginar demasiado para sentirlo. Porque hay personas que uno recuerda.
Y hay personas que uno, de alguna manera, todavía siente… Vos sos de esas. Quizás por eso el verano me pone melancólica incluso cuando todavía falta para que llegue.
Porque no extraño solamente el calor.
Extraño esa sensación de que todo puede pasar.
Y, por alguna razón, cuando pienso en el verano, termino pensando en vos.
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