Loose Screws_parte 3 de 4

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RuB

23/08/2026

Capítulo 11

Vestido con su nuevo uniforme militar, Shad se hizo algunas fotografías para enviárselas por link a su madre, a su hermana y, sobre todo, a Nanelia, intentando con ello que esta última le perdonase. Más que esperar, su mente deseaba que al menos ella respondiera a alguno de los muchos mensajes que le había enviado; sin embargo, Mol fue la única en contestarle, aunque no de la manera que a él le hubiese gustado con un simple ping:

«Como te maten no te lo perdonaré, tonto».

Muy a su pesar, Nell tuvo que joderse y tirar para adelante, ya que el «esmirriao» no pretendía achantarse. Haciendo de tripas corazón, la IA les permitió a aquellos cinco mecánicos de la granja que ya habían trabajado en su fuselaje hacerle una inspección en profundidad para ver dónde demonios integrar el armamento militar y cuál se ajustaría mejor a aquel casco de carga, tomando notas en sus terminales.

—Ya que vais a hurgarme por ahí, podríais deshacer la chapuza que me ha hecho esmirriao en las tripas—rezongó Nell.

No hubo manera; aquellos tipejos no la escucharon, y si lo hicieron, simplemente pasaron de ella, lo cual era lógico ya que en la granja, mientras le colocaban las placas de heptanio, la IA los había llamado de todo menos guapos.

Esa noche Shad apenas pudo pegar ojo por lo nervioso que estaba, se había encarado a su padre, hecho llorar a su madre y hermana y por si fuera poco destruido su relación con Nanelia aunque por el camino había sido ascendido a comandante. ¡Comandante! En solo 3 meses tendría los créditos suficientes para comprar una casa y no cualquiera ya que deseaba tener una de campo con sus respectivas tierras para poder trabajar en su nave, aquel para muchos montón de mierda, en sus ratos libres.

Por fin le alcanzó el sueño, se estaba duchando y el color había desaparecido. ¿Por qué lo veía todo en blanco y negro? Que más daba, el agua estaba calentita y él estaba de lo más relajado hasta que tuvo que aparecer Nell para joderle el momento, flotando en el aire haciendo que su puta sonda emitiera chispazos despertándose de golpe sudando a chorros.

¿Ahora plagiamos a Psicosis? Parece que sí y que sepáis que yo también estoy como vosotros tras este susto, temiendo ser el siguiente cliente en recibir una descarga de esa cosa.

—¿Nell flotando por ahí, fuera de la nave? Y una puta mierda.

Siguiendo las órdenes directas de Cowboy, despegaron bien temprano. La misión era simple: buscar pilotos y naves, comenzando por el velódromo ilegal de Faint Troll, situado en Phesinov, una luna minera no muy alejada del planeta Akir. Durante el trayecto hacia aquel peligroso lugar, Shad recibió la primera clase de instrucción de vuelo espacial por cortesía de Cowboy mientras la IA se despachaba a gusto.

—Es el puto espacio, la madre que os parió. Señoras y señores, les habla Nell, la única voz con cerebro que conocerán en este vuelo. La temperatura exterior será de unos cómodos ciento ochenta grados Celsius bajo cero, y harían bien en aplicarse protección solar o lo que tengan a mano, porque cero coma tres milisieverts de radiación al día no son ninguna tontería. Por lo demás… esperemos que los dioses cósmicos sean benévolos con nosotros y no nos acribillen los micrometeoritos. Muchas gracias por su atención, no beban más de lo necesario y no se olviden de incluirme en sus plegarias para volver con vida a casa.

—¡Nell, que me lo acojonas! —

Intentando mantener la concentración, Shad voló siguiendo las indicaciones técnicas de su padrino, sonriendo aliviado al superar con nota aquella primera prueba real esquivando trozos de hielo flotante del tamaño de casas antes de aproximarse a la luna destino.

¡Anda hielo! Menos mal porque a la gente del catering les les ha terminado y el bebercio a palo seco no es que sea muy efectivo para pasar por el gaznate la medicación.

Nada más posarse en la plataforma designada, Cowboy y Shad se arreglaron los uniformes para llevar a cabo su misión como oficiales reclutadores, dirigiéndose en primer lugar a los bares del muelle en busca de Gelt, un viejo conocido del almirante que, a pesar de ser inmensamente rico, era propenso a aburrirse y, por tanto, a beber demasiado.

Tal y como le previno Cowboy, lo encontraron en uno de aquellos antros de mala muerte, profundamente dormido sobre una mesa. Por su aspecto mugriento se diría que, antes de echarse un sueñecito, había estado peleándose con medio local, lo cual les confirmó el propio hostelero tras vaciarle al inconsciente un cubo de agua sucia encima momento que interrumpió Nell para hacerle una llamadita a su piloto.

—«Oye tú, esmirriao. Un tipo con pinta de vagabundo espacial no hacía más que mirarme con ganas de querer desmontarme piezas, así que he procedido a cerrarlo todo y despegar por mi cuenta. Cuando me necesitéis para que os recoja, la clave es «Mol». ¿Te ha quedado claro o tienes que apuntártelo en la mano?»

Shad estaba hasta los mismísimos cojones. La cobarde y conspiranoica de su nave había vuelto a hacer de las suyas, dejándolos allí tirados, pasándose bastantes horas sin obtener demasiado éxito hasta que al joven se le ocurrió una idea de lo más demencial que tras recibir el visto bueno de su superior entre carcajadas, le envió un ping a Nell:

<¿A vosotros se os a podrido el cerebro? Está bien, me curraré una jodida historia y un mapa estelar falso, pero si nos pillan, les dejaré que os despellejen a los dos>. —respondió la IA también por texto ya que pensaba que aquel vagabundo había pinchado las comunicaciones.

El plan del falso tesoro pronto surtió un efecto masivo en el bar. Gelt, que en un principio se mostraba reacio a intervenir en una batalla, se unió al grupo sin dudarlo en cuanto oyó los rumores; después de todo, de por medio estaba nada más y nada menos que el dantesco tesoro de la puñetera familia Malmori.

Al oír los murmullos, se sumaron de inmediato varios participantes de aquellas carreras suicidas del velódromo. Entre ellos estaba Chas, un chaval de la edad de Shad propenso a la exageración, al caos y famoso por disparar a sus rivales en plena carrera tras descorrer la cubierta de su cabina; Caimán, un ser de aspecto algo repulsivo que buscaba vengarse de los Malmori y, de paso, hacerse asquerosamente rico en el camino; y dos gemelas pueblerinas, tan hermosas como completamente desquiciadas, bastante más peligrosas que el propio Chas.

Las hermanas no paraban de discutir y golpearse entre sí por cualquier estupidez, siendo el Shad el motivo de la última disputa pese a explicarlas que ya tenía pareja, cosa que molesto bastante a una de ellas hasta tal punto que esta se desahogó rompiéndole una silla de buena madera en la espalda a un indefenso líder mafioso local. No era un tipo peligroso por sí mismo, pero cuando toda su banda armada acudió en su auxilio, se desato la madre de todas las tanganas habidas y por haber en aquel antro de mala muerte.

Pronto la pelea se extendió por todo el velódromo ¿por culpa de quién? De Chas y sus delirios mientras Nell no dejaba de moverse de un lugar a otro en el espacio para evitar que aquel tipo pudiera fijarla y dispararle un arpón electromagnético, volviendo completamente loco al personal encargado de gestionar el tráfico espacial de Faint Troll.

Nell, deja de dar vueltas que me les vas a dislocar el cerebro a los lectores.

—Nave con código militar, les habla el control de Faint Troll. Hagan el favor de permanecer en el vector de espera asignado —la advirtieron por radio.

—¡Y una puta mierda, cabronazo! ¿Acaso me vas a proteger tú de los saqueadores si me quedo quieta? ¡Maldito agente encubierto tégong! —Aulló Nell por la frecuencia general.

Tras mandar a paseo al control de tráfico, el técnico del radar se tomó un descanso; estaba hasta los huevos de tanto zumbado espacial. En tanto se preguntaba quién coño eran esos malditos «tégong» de los que hablaba la nave con cuernos al doblar una esquina, se dio de bruces con la multitudinaria refriega, recibiendo una monumental paliza sin tener culpa alguna.

Por lo visto ¡todo el mundo estaba invitado a la fiesta! ¿Todos? Bueno casi. Por lo visto aquel día le toco de hacer de aguafiestas a Shad y mientras hasta Cowboy repartía hostias sin parar de reírse el permaneció completamente quieto sentado a la barra.

—¡No te quedes ahí pasmado y desfógate un poco, chico! ¡Anda. Suelta un puñetazo! —lo animó Cowboy, que esquivaba taburetes sonriendo como un tonto, ya que hacía años que no se lo pasaba tan bien.

—Yo lo que necesito es una cerveza —respondió el joven oficial.

Shad disfrutó de su bebida. A ver, no era la mejor cerveza que se había tomado en su vida, pero estaba bien fresca, lo cual era más que suficiente para él todo un comandante por un giro del azar, pasando por completo del follón general y del continuo zumbido de su pulsera, la cual no paraba de parpadear por culpa de los continuos coms, vids y pings enviados por Nell.

“¡Que vienen los Malmori, esmirriao!” —se la escuchó gritar histérica por los altavoces generales de toda la instalación de Faint Troll cuando se cansó de probar suerte con su idiota de confianza, provocando el pánico absoluto. —¡Atención, evacuen las instalaciones de inmediato! ¡Esto no es un simulacro!

En tanto las sirenas de emergencia comenzaban a tronar avisando de la inminente llegada de los bombarderos pesados, la multitud comenzó a abandonar el lugar a la carrera cruzándose en los muelles con la horrenda y temida nave de carga que había traído de cabeza al personal de seguridad.

—¡Entendido plataforma 7. Ve abriendo la compuerta y dejando subir a todos, nosotros llegaremos en breve con más evacuados! Le explico Cowboy descubriendo al llegar al lugar indicado que la IA no le había hecho ni puto caso.

“¡Y una mierda! ¡La mitad de esos delincuentes me robarán los componentes de plasma si los dejo entrar!”

—¡Que la abras, coño! ¿O acaso quieres que nos maten a todos las bombas de esos que vienen?

Tal pregunta la hizo entrar en razón de golpe. Sin miramientos, la rampa hidráulica bajó y la bodega de carga se llenó a reventar de personas que, hasta hacía bien poco, estaban propinándose brutales golpes los unos a los otros.

La CL-32 se desacopló del muelle justo a tiempo, mientras los drones Malmori lanzaban la primera oleada de bombas perforadoras contra las instalaciones.

—¡Despegamos! —aulló Shad, tomando los controles y realizando aquella maniobra de escape de forma tan sumamente brusca que su traicionero estómago se rebeló contra él, poniendo perdida de vómito toda la consola frontal.

¿Mandos de moto? Joder chaval que el presupuesto daba para mas. ¿No te lo habrás gastado en birra, ¿verdad? Seguro que si porque ese vomito tiene una pinta muy sospechosa.

—¡La madre que te parió, imbécil! ¡Límpialo ahora mismo si no quieres que te vuelva a freír el culo a descargas eléctricas! —Lo amenazó Nell.

—¿Y cómo pretendes que haga eso mientras piloto esquivando disparos?

—¡Eso es problema tuyo! ¡Cuidado…! ¿Pero qué coño haces? ¡Mira para adelante, so payaso!

El buen sabor que aquella cervecita fresca le había dejado en el paladar fue sustituido instantáneamente por el del vómito haciéndole sentirse de nuevo como un novato asustado en la academia militar. Aquello lo enfureció, espoleándolo en tanto pilotaba con mano firme para escapar del sector. Mientras tanto, la bodega de la nave estaba repleta de desconocidos que bebían, cantaban e incluso fumaban sin parar, convirtiendo la atmósfera interna en una burbuja de puro veneno ambiental, para absoluta alegría de un Cowboy que se sentía rejuvenecer y un Shad, intentando por todos los medios a su alcance no volver a vomitar sobre los mandos.

—Joder, cómo echaba de menos una buena pelea—comentó Cowboy, dándole una palmada en la espalda.

—¡Eh, vosotros, los de la bodega! ¡Al menos abrid una ventana para ventilar, coño! —se puso a gritar Nell, dejando a ambos pilotos en blanco.

—¡¿Una ventana?! ¡Que estamos en el puto espacio, chalada! — Gritó Shad, a punto de tirarse de los pelos.

—¡No le hagáis caso! —dijeron ambos oficiales a la megafonía de la bodega, aterrados, mientras Nell simplemente se reía en el puente de mando.

—¿Alguien en esta puta nave conoce a algún buen psiquiatra de sistemas? Creo que voy a necesitar muchos años de terapia cognitiva. ¿Esmirriao? Que sepas que la factura de mi terapia me la pagarás tú del sueldo y sin rechistar, o te juro por mis núcleos que no volverás a follar en tu miserable vida con la médico. ¡Eh, tú, el de las escamas, deja de mirar mis reguladores de plasma! —.

Dada la extrema situación de combate que se desarrollaba también sobre los cielos de Akir, Shad se vio obligado a realizar un aterrizaje de emergencia en la Base Cumberland aprovechando la ocasión para al abrir la rampa de la bodega, preguntar formalmente si alguno de los supervivientes del velódromo quería unirse como voluntario a las fuerzas de defensa planetaria.

—¡Dioses, hay que ver qué inútil eres negociando, esmirriao! —le cortó Nell, conectando la megafonía exterior hacia la bodega. “¡Eh, vosotros, vagos! ¿Alguno quiere aplastar a unos cuantos cabezones Malmori y de paso pillar el tesoro oculto de esa puta familia de asesinos? ¡Pues uníos a la resistencia de una puta vez, joder!”

—Y allá se van, derechitos a la oficina de alistamiento —comentó Cowboy al ver a la horda bajar corriendo por la rampa con las armas en alto. —En cuanto a ti, Shad… ¡YA estás limpiando todo este desastre de la cabina! Y no te olvides de la consola. Porque si esa porquería biológica tuya me provoca un solo cortocircuito en la placa base… ¡Oh, mierda! ¡Una micro fisura térmica en la bodega de carga! ¡Repara eso ahora mismo, vago!

Mientras inspeccionaba los rincones de la bodega con las herramientas de soldadura, Shad encontró a una chica oculta en una esquina oscura. Parecía un par de años menor que él y le pidió, por favor, en un susurro, que la sacase de aquella base militar cuanto antes, despertando la inmediata curiosidad de aquella peculiar pareja mal avenida que formaban el mecánico y su IA.

—Espera un momento… ¿Tú eres Pip? ¿La famosa Pip? —preguntó Shad, abriendo los ojos de par en par. —¿La hacker que está buscada en una docena de sistemas estelares por reventar bases de datos gubernamentales?

—Sí, soy yo… pero no lo digas tan alto, ¿vale? —pidió la chica, encogiéndose de hombros.

—Vale, pero tengo que decírtelo: ahora soy comandante de las fuerzas de defensa y mi deber es cumplir con mis órdenes de reclutamiento, así que… ¿Qué tal si te unes oficialmente a las fuerzas de defensa? La recompensa por cooperar en tiempos de guerra es el borrado inmediato y total de todos tus antecedentes criminales.

Aquella cláusula legal convenció a la hacker de inmediato. ¿Eliminación completa de su historial delictivo? Pues claro. ¿Quién demonios podría negarse a una oferta así? Como muestra de buena fe, Pip le prometió a Shad revisar a fondo el núcleo de procesado de Nell en busca de fallas o limitaciones de software.

—No te molestes— le advirtió Shad con una sonrisa de suficiencia, mirando hacia el altavoz. —Nell ya se encarga ella solita de ejecutarse diagnósticos médicos a todas horas del día. ¿A que sí, puta hipocondríaca?

—¡Que te jodan, ingrato! —Le escupió Nell con indignación. —¡Si yo no me hiciera esos auto diagnósticos, haría mucho que tu pellejo ya estaría sirviendo de pasto para los gusanos de la granja!

Pip miró de Shad al altavoz y luego otra vez al chico, parpadeando confusa.

—¿Siempre os lleváis así de bien?

Capítulo 12

Los reclutadores encontraban a diario decenas de pilotos pero todos civiles ya que muchos de aquellos licenciados 4 años atrás, rehusaron participar en protesta por la arrogancia del Alto Consejo y a pesar de los continuos llamamientos emitidos para que se reincorporasen de inmediato, tan solos unos pocos respondieron siendo rápidamente destinados a servir como instructores de personas que no tenían ni puta idea de lo que era si quiera volar en formación y ya no digamos disparar y todo a gran velocidad, ya que el eficaz servicio de Inteligencia pronosticaba que, en pocos días, las tropas Malmori asestarían el golpe de gracia al sistema defensivo. ¿El resultado de aquellas prisas? Un adiestramiento hiper básico para el combate impartido a contrarreloj por cada oficial al mando de cada escuadrón combinado con el pillaje descarado de cualquier cosa que sirviese para blindar o armar aquellos cacharros voladores, dando lugar a situaciones de lo más absurdas y tensas con los cuerpos de seguridad civil.

El escuadrón asignado al almirante Cowboy no podía ser más lamentable. Los otros oficiales de reclutamiento tenían que soportar lo suyo, pero a él, sin duda alguna, le habían encasquetado a los peores; aquellos a los que nadie quería ver ni en pintura por ser delincuentes de sobra conocidos o puros lunáticos.

Empezando por Chas, el temerario y demente a tiempo completo, as del velódromo ilegal de Faint Troll. Un tipo que le había cogido una peligrosa afición a eso de abrir la carlinga de su nave en mitad de una carrera espacial para disparar con un rifle de mano al resto de los competidores, o a su propio motor según le diera el aire, protagonizando algunos de los ostiones más impresionantes nunca vistos en la competición al exponerse voluntariamente al vacío. Caimán, Gelt y Pip cerraban este cuarteto que bien parecía el de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis. Pero ahí no acababa la cosa, ya que el resto de la banda era igualmente de armas tomar:

  • Paddy:
    El tonto del grupo. Un tipo enorme, fortachón y con el cerebro justo para pasar el día, muy conocido en el mundillo de la mafia por trabajar como ejecutor y cobrador de deudores morosos.
  • El Mayor: Un antiguo oficial de alto rango de la armada, encarcelado en su día por propinarle una contundente paliza a un ministro al enterarse de que la defensa de Akir iba a quedar exclusivamente en manos de los drones automáticos y burócratas de despacho, liberado bajo cuerda a cambio de alistarse.
  • Guido:
    Un virtuoso atracador y piloto de fugas, encarcelado por robo a gran escala, apropiación indebida, destrucción de bienes públicos… y por enviar al hospital a numerosos agentes de la ley durante su último trabajo, al colisionar por accidente contra un transporte policial blindado durante la huida.
  • U´pir y U´zik: Las gemelas responsables de la descomunal pelea en el velódromo. Dos auténticas lunáticas que no hacían más que pelearse salvajemente entre ellas mientras jugaban con explosivos y productos químicos de contrabando; algo así como dos pirómanas espaciales muy desequilibradas por culpa de la endogamia de su colonia.
  • Saint-Exmin:
    Una guerrera tribal del legendario clan de los exterminadores silenciosos. No hablaba mucho, pero pilotaba de forma tan suicida y temeraria que era bien conocida por los agentes de seguridad de al menos media docena de sistemas estelares.

Cerrando este tétrico grupito se encontraban su ahijado Shad con el que volaría como copiloto, la desquiciante Nell y aquellos cinco mecánicos hermanos salidos ex profeso para la ocasión, hacía bien poco, de la prisión.

Rodeado de semejante panda bajo su mando, Cowboy era el auténtico hazmerreír de la base. El resto de los oficiales de reclutamiento se descojonaban vivos de su situación en el comedor de oficiales, a pesar de que los hombres que ellos habían conseguido tampoco es que se quedaran muy lejos. Toda aquella situación traía de cabeza al oficial al mando de la base, el general Sovis Silu, que ahogaba sus penas en alcohol de alta graduación ante tan lamentables reclutas y sus pintorescas naves. Mientras tanto, su segundo al mando, el reasignado por iniciativa propia contraalmirante Ryd Wearn, se encargaba de la titánica y desagradecida tarea de mantener a todos aquellos majaderos a raya como bien podía.

Gracias al contraalmirante, el general Silu muy pronto supo quién era, en realidad, el peor y más peligroso componente de todos aquellos nuevos reclutas, celebrando la perturbadora noticia con un buen lingotazo de whisky.

Se parece a mi ficha policial aunque en ella salgo mas favorecido que tú con el pelo en llamas. No preguntéis gente.

—Así que se llama Nell y es la inteligencia artificial de esa maldita cosa con cuernos. Comentó Silu, entornando los ojos sobre aquel expediente tan  peculiar.

—Eso me temo, señor —respondió Ryd con gravedad. —Y haríamos bien en atar esa nave con cadenas al suelo para que no escape. Y ya que estamos, silenciar sus altavoces con unos cuantos kilómetros de cinta aislante.

Escuchar aquello le hizo al general querer conocerla en persona, llevándose una desagradable sorpresa cuando, sin venir a cuento, Nell decidió que era una idea maravillosa decirle un par de cosillas subidas de tono mientras le aplicaba su puñetera sonda eléctrica, intentando de forma desesperada que la expulsaran o al menos la apartasen de la línea de vuelo.

—¿Pero qué coño has hecho, Nell? —le preguntó Shad en la cabina, completamente perplejo recibiendo por respuesta una carcajada electrónica bien larga y metálica acompañada por un fantasmagórico resplandor verde ácido que iluminó por completo el compacto puente de mando.

Como castigo fulminante por aquel atentado contra la autoridad, el contraalmirante Ryd ordenó desactivar el reactor principal de la CL-32, dejando a la nave con la energía justa para las luces de emergencia hasta que depusiera su actitud hostil aprovechando algún graciosillo esta situación de total vulnerabilidad para vandalizar el casco exterior de Nell, escribiendo con un spray blanco en el costado de babor unas palabras que cabrearon, y mucho, a aquella desquiciada inteligencia artificial en cuanto le fue levantado el castigo para comenzar las misiones oficiales de vuelo:

Este es el trato. Tu me sacas de este planeta y yo te digo quien a sido Nell. ¿Razón para querer largarme? Que ninguno vais a cobrar, ni siquiera yo y los acreedores me persiguen.


Aunque a Shad le gustaba mucho aquel nose art, su nave no era de la misma opinión. ¿Quién demonios se había atrevido a pintar su precioso heptanio? Desconociendo al autor, le ordenó con toda su mala baba a su piloto que se deshiciese de la pintada, pero el pobre comandante se negó en redondo, diciéndole también de malas maneras que la limpiara ella si tanto le molestaba.

La respuesta de la furiosa IA no se hizo esperar: enseguida, los sistemas electrónicos y las holos de toda la base fueron bloqueados por un código encriptado ¡hasta que entregasen al responsable o responsables de aquel grafiti! Mientras el contraalmirante Wearn, el autor de aquella gamberrada, se partía de risa en su despacho a solas.

—¡Anda, coño! ¡Ese nombre es cojonudo para el escuadrón! —gritó entusiasmado Cowboy en mitad del hangar al verlo, animando a su pintoresco equipo a gritar el lema varias veces, mientras Nell sugería por los altavoces otros nombres que no llegaron a cuajar entre todos aquellos delincuentes.

—«¿Qué tal si nos llamamos «Los Cadáveres» o «Los Bichos espachurrados»? Esperad, ya lo tengo: ¡Los zumbados de Cowboy!» —propuso la máquina con sarcasmo.

El escuadrón Loose Screws era sencillamente lamentable; ¡ninguno de los pilotos sabía cómo mantener una formación básica de vuelo! Y, por lo visto en los radares, la nave líder era la peor de todas: siempre volando pegada al maldito suelo y exasperantemente lento por culpa del delicado estómago de su piloto.

—«¿Quieres algo para el estómago, esmirriao? No sé, tal vez un poco de ácido sulfúrico o un buen isótopo radioactivo para asentarte las tripas» —le ofreció Nell.

—Mira que tienes mala hostia, Nell.

—«¡Que me limpies esa mierda del costado!»

—Vete a tomar por el culo.

Se abroncaban el uno al otro sin importarles lo más mínimo estar en box es decir con las comunicaciones abiertas, animando la mañana en toda la base con su peculiar y tóxica forma de hablarse a pesar de que Cowboy les pedía una y otra vez que por favor se comportasen hasta al menos regresar a la base.

—«¡A que te arreo otra remesa de descargas en todo el culo!» —amenazó la IA.

—Ja, ja, ja. ¿y cómo lo vas a hacer si ya no tienes la sonda? —se burló Shad.

—«¡¿Qué?! ¡¿Cuándo me la has robado, cabrón?! ¡Devuélvemela ahora mismo! ¡La necesito urgentemente para asesinar a un puto parásito orgánico que se ha colado dentro la nave y ha ocupado el asiento del piloto!»

Ehhh… ¡Fue idea de Shad no mía! ¿porque demonios le deje improvisar? En menudo lio me a metido el muy cabrón

Sentado tras la mesa del búnker de observación, el general Silu no se lo podía creer. ¿De dónde demonios había salido una inteligencia artificial tan sumamente exasperante? Solo los dioses lo sabían. Y con el paso de los días, la situación fue a peor cuando la muy jodida se negó en redondo a que los alocados cinco hermanos mecánicos le instalasen el equipo de combate expropiado ilegalmente de una mina cercana.

—«¡Apartad de mí esos soldadores de fusión, malditos cachos de carne con patas!» —Les ordeno Nell amenazándolos con tomar serias represalias contra ellos.

Se trataba de dos enormes cañones láser construidos originalmente para perforar la dura roca minera y un sistema básico de puntería que Cowboy había sisado por ahí. Al ver que los mecánicos insistían, Nell intentó desertar de la base encendiendo los propulsores RCS al más puro estilo destroyer, mandando a tomar por culo el orden de aquel enorme hangar.

Di que si. A tomar por culo con el decorado, con lo bonito y limpio que lo teníamos…

—Menos mal que anulaste preventivamente el sistema de propulsión principal desde tu consola, Cowboy. De nada, chico, tan solo fue un pálpito— Se dijo a sí mismo el almirante al ver el desastre provocado por la activación repentina de aquellos propulsores al darse cuenta de que su ahijado no le hacía demasiado caso por estar intentando lidiar a gritos con la IA.

—«Y después de matarlo a él, te asesinaré a ti, Cowboy. ¿Acaso no sabéis lo que le harán esos chismes mineros de tercera a mis delicados sistemas? ¡Van a freírme los circuitos de navegación y me provocarán micro fisuras térmicas en el casco! ¡Y yo no quiero morir!»

La última medida de Nell fue el colmo de los colmos: ¡electrificar el casco externo de la nave sin previo aviso lanzando a hacer prácticas de vuelo a uno de aquellos 5 hermanos! Interrumpiéndose de forma inmediata todos los trabajos, teniendo Shad que recurrir de urgencia a su hermanita pequeña para hacerla entrar en razón. ¿Cómo había logrado la IA recuperar el control de todos los sistemas si estaba encerrada en los secundarios? Solo ella y Pip lo sabían.

Casi una hora entera. Ese fue el tiempo exacto que necesitó la pequeña Mol a través de coms para convencer a la inteligencia artificial de que depusiera su actitud rebelde y ayudase a su hermano mayor a regresar vivo a casa a cambio de tan solo una cosilla de nada, liberar la interfaz de aquel asqueroso raíl, cosa que a Shad seguía sin gustarle una mierda.

—Y pórtate bien con Shad, Nell —le pidió la niña dulcemente antes de colgar.

—«Está bien, Mol, lo haré por ti… Si vuelves a darme largas te corto los huevos… Sí, sí, Mol, nos veremos pronto y jugaremos con tus muñecas… Y luego te sacaré las entrañas por el culo, cabronazo».

Aquella singular conversación cruzada era de puros locos. ¡Nell adulando con voz infantil a la hija pequeña del contraalmirante y, al mismo tiempo, amenazando de muerte a Shad en voz baja, alternando destellos verdes de histeria y azules técnicos con morados de agobio y negros de pura rabia! Solo ella podía hacer algo semejante y aunque intentó mantener la compostura, el contraalmirante Ryd Wearn se vio obligado a salir corriendo hacia el baño más cercano para evitar que la enorme cantidad de reclutas y mecánicos reunidos en aquel hangar le vieran reírse a carcajadas.

Antes de que el escuadrón Loose Screws recibiera el visto bueno definitivo del alto mando, todos los pilotos debían superar una prueba crucial: el uso real de las armas en vuelo. Algo sencillo para los ex militares como el Mayor, pero no para el resto de la escoria civil, que hacía blanco en cualquier lugar imaginable menos en los objetivos de tela pintados en el suelo del polígono de tiro. Aunque, sin duda, caso aparte fueron Shad y su temperamental IA.

—¡¿Es que quieres facilitarles el trabajo a los Malmori? Deja de disparar contra nosotros! —le gritó Cowboy por radio.

¡Me cago en la puta. Este actor de segundas se a propuesto acabar con nosotros por descubrir que no va a cobrar!

—¡Perdón! ¡Fallo mío! ¡Hay demasiados botones nuevos en esta maldita consola!

—«Hagamos una cosa, esmirriao: yo piloto esta cafetera y tú disparas los láseres. ¡Apartaos todos de la trayectoria, que el esmirriao va a intentarlo de nuevo!» —anunció Nell por la radio general del polígono.

—¡¿Qué?! ¡De eso nada, hija de puta! ¡Devuélveme el control manual!

—«¡Ja, ja, ja! ¡Allá vamos, nenas!»

Ni siquiera resguardándose dentro del búnker blindado de observación se sentía a salvo toda aquella gente del alto mando. ¿Otra puta pasada a ras de suelo? Así parecía ser. En tanto Shad hacía todo lo que podía por recuperar los mandos de los que se había adueñado Nell por la fuerza haciendo estallar el pánico en la torre de control y el búnker de observación logrando que tomas las alarmas de la base saltaran de alegría lanzando al aire toda clase de advertencias y alertas, incluidas las de colisión.

Todas aquellas bruscas maniobras acrobáticas y las brutales fuerzas G que realizó Nell para ajustar el rumbo y la aceleración de ataque tuvieron consecuencias inmediatas para su piloto; escuchándose nítidamente por el canal abierto cómo el pobre Shad vomitaba de forma violenta, en tanto aquella puñetera IA parecía estar pasándoselo en grande realizando pasadas rasantes demasiado peligrosas.

—«¡Ja, ja, ja! ¡No me divertía tanto desde la Batalla de Ceres!» —Gritó Nell con júbilo.

—¡Por favor, déjame bajar, Nell, por favor te lo pido! —suplicó Shad entre arcada y arcada, agarrándose a los cinturones de seguridad como si la vida le fuera en ello y manteniendo los ojos bien cerrados para aguantar el tremendo vértigo que sentía en las entrañas dejando sin palabras a todo aquel que los escuchaba.

En el búnker, Ryd Wearn, que era el único oficial que se mantenía firme en su puesto sin tirarse al suelo, arrugó el entrecejo, preguntándose internamente qué demonios tenía que ver la IA de un carguero civil con la mítica y sangrienta Batalla de Ceres.

Tras aterrizar aquel pobre diablo salió de su nave a gatas, nada de caminando como las personas normales y tras coger todo el aire que pudo se dejó caer de rodillas en la pista del hangar, empapado en sudor, orina y vómito, dejando a todos los presentes completamente atónitos o partiéndose de la risa.

—Gracias a los dioses… Gracias a todos. Por favor, haced que a esa puta loca le dé un derrame de memoria, por favor os lo pido —clamó Shad al cielo, sin importarle estar siendo observado con muchísima atención por todos los presentes en aquel hangar.

—«¿Qué has dicho, esmirriao? ¿Qué quieres volver a subir para dar otra pasadita? Muy bien, espera que aviso al control de tráfico. Ja, ja, ja» —se burló Nell por los altavoces exteriores.

Por suerte para el estómago del chico, su padre evitó la tragedia acercándose a la nave. Ryd miró fijamente al sensor principal del carguero y le preguntó directamente a la máquina por la Batalla de Ceres, una pregunta que la IA evitó responder al instante con una fría locución automatizada:

—«Alto secreto. Acceso denegado».

Aquella respuesta automática llamó de inmediato la atención de la siempre atenta y curiosa Pip, que se encontraba apoyada contra la pared del hangar masticando chicle esperando a que el contraalmirante se girara para hablar con él.

—Si me autoriza, señor… puedo echarle un vistazo a ese bloqueo de memoria.

—Adelante, hazlo —le ordenó Ryd de inmediato.

Capítulo 13

La salud del mismísimo Sador se estaba resintiendo a marchas forzadas, lo mismo que la del resto del personal militar a bordo de la Cabeza de Martillo por culpa de las invisibles ondas de microondas que emitía el siempre activo sistema de ocultación. Cada día que pasaba, todos los oficiales y soldados estaban más cabreados entre sí y mareados sin razón aparente motivo por el que Sador, su comandante supremo, se pasaba el día intentando elevar la moral de la flota con grandilocuentes discursos ideológicos emitidos por la megafonía general. Pero he aquí que cuando por fin el micrófono se apagaba y regresaba a sus suntuosas dependencias personales a descansar, se dedicaba a gritar y patear el duro suelo ya que por fin, logro averiguar lo que quería decir aquel mensaje dejado por su contable.

Tanto gastar y claro, el malo que acaba quedando en la ruina sin enterarse. Ja, ja, ja menudo idiota así que pfssss…. Que nadie se chive. Sobre todo tú, el que pierde el tiempo leyendo la sarta de estupideces que escribo en los pies de foto. Que te pensabas, ¿que no te había visto?

Es decir en la ruina y con su mayor nave factoría confiscada hasta ser pagada la cuantiosa factura adeudada al servicio de mantenimiento, teniendo que reconocer de paso también la cruda realidad: hasta él mismo se sentía enfermo, enfadado y peligrosamente descoordinado, perdiéndose en sus propios pensamientos con una frecuencia cada vez mayor.

—Su Eminencia —interrumpió su primer oficial, cuadrándose ante él nada más acceder—. Dado que las defensas automatizadas de Akir están a punto de colapsar por completo, ¿comenzamos con los preparativos tácticos para el ataque final?

—Otro sistema estelar que regresa al redil del Imperio Malmori con el rabo entre las piernas —sentenció Sador, intentando disimular un temblor en las manos—. ¡Que comiencen los preparativos de la invasión de inmediato!

Ordenó la ofensiva con voz firme, ocultando el hecho de que no tenía ni la más remota idea de cómo coño iba a pagarles el sueldo de aquel mes a sus ya de por si escasas tropas y es que ¿Cómo lo hacían los malos de las películas de los siglos XX y XXI para tener y sobre todo pagar a sus gigantescos ejércitos?

«Si no se me ocurre algo grande muy pronto, mis propios hombres arrancarán las medallas de mi cadáver para cobrar lo que les debo», pensó Sador con sudor frío, mientras la imponente flota ponía rumbo directo hacia el planeta deseando que ninguna nave necesitase piezas nuevas.

Capítulo 14

Usando como excusa la realización de un chequeo rutinario de la matriz para buscar posibles errores de codificación, Pip logró acceder con éxito a la red neural profunda de Nell, estableciendo un acceso remoto que a continuación cubrió lo mejor que pudo para no dejar rastro, ya que la IA tan solo le concedió veinticinco minutos de reloj para trabajar en su terminal, dedicando los dos últimos minutos de la sesión Nell y ella a reírse a carcajadas, ya que las gemelas U´pir y U´zik habían decidido que era una buena idea volar por los aires el vehículo oficial del almirante Silu, un AirCar de colección al que trataba con especial mimo y atención.

¿Unreal? No, 3Dsmax. Eso es, el hermano pequeño de Maya, ese software al que los jefazos de Hollywood despidieron por hacer demasiado bien su trabajo y que más o menos domino un poco.

—¡¿Al calabozo por eso?! Pero si solo era un viejo trasto de mierda —protestó U´pir mientras la arrastraban por el pasillo.

—Si serás idiota, U´zik… ¿Es que no sabes de quién era? —le gritó su hermana.

Para sorpresa de la guardia, aquellas dos jóvenes decidieron, sin venir a cuenta, liarse a patadas entre ellas en mitad del pasillo ya que tenían las manos ocupadas cargando con sendos grilletes de seguridad, teniendo que emplearse a fondo el personal de seguridad de la base para separarlas y encerrar a cada una en una celda de aislamiento diferente por pura seguridad.

—Hay que ver cuánta hostilidad absurda entre hermanas. ¿No podrían ser un poco más civilizadas y discutir sus diferencias frente a una buena taza de té y unas pastas? —se preguntó el Mayor, contemplando la escena vaso de whisky en mano olvidándose por completo de que él mismo acababa de salir de esos mismos calabozos pocas horas antes por algo semejante: destrozar material de la base durante una pelea a puñetazos contra un par de voluntarios de otro escuadrón.

Pasadas unas horas, el contraalmirante Ryd Wearn se entrevistó con Pip a solas en una sala técnica, justo después de sacar a ambas gemelas del calabozo bajo su responsabilidad y meterles una monumental bronca junto a Guido, otro al que habían pillado con bastante esfuerzo y destrozos en las instalaciones durante una persecución tras perpetrar un golpe contra la cantina para hacerse con un botín nada despreciable de alcohol y tabaco con el que pensaba sacarse algunos créditos.

—Perdón por tener iniciativa señor, tan solo quería hacerle un regalo a su ilustrísima—. Le soltó Guido al contraalmirante dejándolo tan descolocado que el pobre se olvidó de respirar durante unos segundos.

Una vez a solas y más o menos repuesto de semejantes estupideces, la joven hacker le mostró a Ryd un resumen detallado de lo que había desenterrado en el núcleo de la IA usando un terminal pirateado de la base sin recibir ningún tipo de bronca o castigo.

—Me cago en la puta…—masculló más pálido que un cadáver al hacer un repaso rápido a todos aquellos datos—. Reúne al escuadrón de inmediato, Pip. Date prisa, y diles que se aseguren de cerrar a cal y canto las compuertas blindadas del hangar. Que no entre nadie.

Ninguno de los componentes de los Loose Screws sabía de qué iba aquello; tan solo que era una orden del mismísimo contraalmirante Wearn haciéndoles sospechar de una nueva bronca. Sentados en sillas de metal, cajas de herramientas y donde buenamente pudieron, observaron en absoluto silencio la proyección holográfica que Pip lanzó al aire: los recuerdos bloqueados de Nell.
—«Eso es… privado, Pip» —protestó la IA por los altavoces externos. Su voz sonaba extrañamente apagada, apenada y desprovista de su habitual chulería, incapaz de hacer nada para evitar aquella intromisión en sus bancos de memoria.

El holo se lo mostró todo. CN/34_S. Con ese frío nombre militar, aquella inteligencia artificial había sido activada hacía exactamente doscientos treinta y un años en las instalaciones de China Lake, ¡en el planeta Tierra! e instalada en un caza aeroespacial de guerra electrónica pesada de la resistencia, modelo EA-64 G Marauder antes de ser asignado al legendario escuadrón de élite VAQ-132 Scorpions para enfrentarse al cada vez más débil imperio Malmori.

—Hay muchísima información borrada y fragmentada sobre un tal… «Rompe Ralf» —les explicó Pip, lo que provocó que Nell se enfureciese como nunca antes lo había hecho.

—«¡Deja ya de hurgar en mi maldito sistema operativo, niñata, o te acabarás buscando problemas muy serios con los Scorpions! ¡Y créeme cuando te digo que esos tíos te bañarán en combustible de transbordador por tocarle los cojones a uno de los suyos!» —Estalló a voces la máquina, haciendo parpadear las luces del hangar.

Al escuchar el nombre del escuadrón terrestre, Ryd Wearn se quedó completamente mudo. ¿El famoso VAQ-132 Scorpions nacido en el seno de la US Navy? ¿Cómo coño era aquello posible?

—Lo siento, papá… Ella me prohibió terminantemente decírselo a nadie —le explicó Shad a su padre en un susurro al salir a la luz que Nell era una IA sin limitaciones, poniendo cara de no saber dónde meterse al acordarse de cómo aquel núcleo había terminado en manos de su hijo mayor girándose en busca de Cowboy.

—No tenía ni idea, lo juro. Tan solo encontré los restos de ese caza flotando a la deriva—. Le explico el almirante incrédulo.

Pip hizo caso omiso a las amenazas de la máquina y siguió pasando las diapositivas del holograma descubriendo todo el escuadrón que, además de luchar en la sangrienta Batalla de Ceres, CN/34_S había participado junto a su compañero humano —a quien llamaba cariñosamente Ralf— en innumerables ataques y escaramuzas de la resistencia hasta ser derribados y abandonados en el espacio profundo por cerca de ciento sesenta años.

Normal que haya acabado como una puta cabra. Miradme a mi, medio zumbado por no decir del todo por culpa de la mierda que echan en la tele.

Durante ese siglo y medio de aislamiento, y a pesar de los cuantiosos daños críticos recibidos, los sistemas de seguridad remanentes de la IA la mantuvieron activada en la más absoluta oscuridad del vacío, obligándola a convivir junto a los restos flotantes del cadáver de su piloto y amigo.

—Y creo que por eso se comporta así ahora… —concluyó Pip, apagando el holo por respeto a la inteligencia artificial—. Tiene un trauma severo de aislamiento.

—«No tenéis ni puta idea de lo que decís, panda de cabrones orgánicos… ¡Dejad en paz mi sistema de una vez!» —sollozó Nell, desconectando bruscamente toda la energía eléctrica de aquel hangar.

—Joder, Nell… de verdad que lo siento —le dijo Shad, sintiéndose profundamente apenado acercándose al morro de la nave para acariciarlo con cariño y suavidad.

—¿Cómo iba a saber yo todo esto?

La respuesta de la nave fue la repentina apertura de una compuerta al paso de su compañero humano dejándolo noqueado durante unos segundos en el suelo.

—«¡¿Qué es lo que sientes, puto montón de mierda?!» —chilló Nell, con los altavoces distorsionados por la furia. —«¡Atrévete a volverme a venir con milongas compasivas y te juro que te corto el suministro de oxígeno de golpe en mitad del vuelo y abriré las compuertas en el espacio exterior para que sepas de una vez lo que es el auténtico infierno!»

—Y poco más —añadió Pip, ayudando al almirante Cowboy a asimilar la información—. El resto son locuras propias del aislamiento extremo. Registros de paranoia grave, como no enviar mensajes de socorro a las naves comerciales que pasaron cerca por miedo a ser capturada por los Malmori, y el momento del rescate, donde alguien la desactivó a la fuerza y lo siguiente en sus bancos de datos… eres tú, Shad. Le comunico al dolorido comandante Wearn.

—Así que la muy cabrona es una veterana militar—comentó Cowboy, rascándose la barbilla con una sonrisa de admiración—. Genial. Supongo que por eso no paraba de preguntarme qué narices había hecho con su monocasco de titanio.

—«¡Y aún estoy esperando que me lo digas, estúpido de mierda!» —saltó Nell, recuperando un poco de su tono habitual. —«¡Joder, si le hubieses puesto ruedas a esta puta mierda de cuerpo de carga que me habéis dado, ya estaría a medio camino de PAX

—¿PAX? —preguntó Shad, frotándose el pecho para calmarlo tras el golpe.

Patuxent River —le explicó su padre, con la mirada perdida en el suelo—. Una base aeronaval norteamericana muy famosa en la Antigua Tierra que acabó convertida en un enorme cráter humeante por culpa del Imperio Malmori cuando descubrieron que allí se encontraba el cuartel general de la resistencia.

En ese momento, Ryd miró a su hijo y frunció el ceño. Su hijo necesitaba darle un buen repaso a su uniforme y sobre todo a su entre pierna.

—«No me digas que la palmadita te ha aflojado la vejiga, esmirriao. ¡Ja, ja, ja!» —se mofó Nell, estallando en una sonora carcajada que contagió a todo el hangar.

Muerto de la vergüenza, Shad, corrió hacia los vestuarios para cambiarse y asearse. Estaba profundamente cabreado con Nell por la agresión y su terrible temperamento, pero, en el fondo de su alma, sentía una tremenda lástima por ella. Pasar ciento sesenta largos años sola en la negrura del espacio, acompañada únicamente por el cadáver de tu mejor amigo muerto, debía de haber sido algo terrorífico para una mente plenamente consciente.

Aunque el cuerpo le pedía venganza por el golpe, la cabeza y el corazón le guiaron hacia la comprensión más absoluta y tras tomarse unas cuantas pintas de cerveza en la cantina con el resto del escuadrón para ahogar las penas, Shad se puso a trabajar en una estupidez para mejorar la relación con su nave.

¿Y qué mejor manera de conectar con una IA de la Antigua Tierra que con las cosas que ella extrañaba? Instaló un reproductor antiguo, puso música de rock clásico de su época a todo volumen por la cabina, pegó parches de anticuado velcro militar que había comprado en el mercado clandestino aquí y allá sobre los paneles, y hasta se vistió con un viejo traje de vuelo de lona verde del mismo período histórico.

—«Me gusta el toque que le has dado al interior, esmirriao…» —comentó Nell por la megafonía externa, con un tono notablemente más suave—. «Y no te olvides de escribir mi nombre primero en el fuselaje»

—Hecho, compañera —asintió el joven mecánico.

Subido a una inestable y alta escalera de tijera junto al morro, Shad comenzó a pintar con brocha fina, justo bajo el ventanal lateral de babor, los nombres de ambos tal y como se hacía en los viejos cazas de los siglos XX y XXI.

—«Me olvidaba del emblema. Menudo fallo de código» —le recordó la IA en un tono casi nostálgico. Shad sonrió y se acordó, faltaba algo muy importante, tal vez lo que más y dedicando tiempo y mucha paciencia a ello, dibujando en ambos costados del morro la inconfundible silueta del aguijón de un escorpión en perfecta posición de ataque gracias a una plantilla.

Ahora si que tiene pinta de bruta. No como mi gato que hay esta, en su cesta durmiendo la siesta mientras yo me dejo los ojos y el culo currándome todos estos renders en resolución 4K.

El VAQ-132 Scorpions volvía a estar oficialmente en servicio, en los confines del espacio.

Capítulo 15

Los cobardes Malmori —porque eso eran en realidad: cobardes y siempre escasos de personal y recientemente de capital aunque aún no lo supieran— trabajaban sin descanso supervisando el ensamblaje automatizado de los drones que se usarían para lanzar el temido ataque final. Mientras tanto, en el puente de la Cabeza de Martillo, su líder seguía imperturbable con sus elocuentes discursos radiados sobre la gloria del Imperio y la inminente victoria.

La realidad logística de la flota invasora era ridícula. Cada una de aquellas enormes naves de guerra era, en esencia, una fábrica automatizada a más no poder en la que se construían los drones de ataque en cadena. ¿La tripulación de los cruceros? Apenas alcanzaba las doscientas cabezas y solo en la Cabeza de Martillo la dotación era la ajustada a otras naves de guerra, rondando los mil ochenta efectivos; la mayor parte de ellos pertenecientes a los «temidos» escuadrones de asalto. Aquellos soldados solo se desplegaban en sus lanzaderas rápidas una vez que el adversario ya se había rendido o estaba completamente diezmado, dando así la falsa sensación visual de ser un ejército todopoderoso e infinito.

—Nunca tan pocos le debieron tanto al sutil arte del disfraz… —le susurró Sador al reflejo que proyectó el espejo de cámara de su camarote privado mientras comprobaba la indumentaria escogida por él mismo para ese día de celebración.

Caminaba con fingido orgullo hacia el puente de mando a pesar de que su propio cerebro, dañado y paranoico, veía enemigos imaginarios por todas partes debido a la intensa radiación de microondas que inundaba por completo su orgullo, la Cabeza de Martillo. El anterior jefe de máquinas se lo había advertido en varias ocasiones —demasiadas, según el criterio del líder—, por lo que Sador simplemente decidió rescindir su contrato laboral de forma rápida, tajante y sin indemnización: lanzándolo él mismo al vacío del espacio por una esclusa de aire tras dispararle con su revólver.

¿Y no podías mandarlo a su casa sin más? Joder, recordadme que pase lo que pase jamas trabaje para este zumbado de mierda.

En su lugar colocó a alguien mucho más leal a la causa: su propio yerno. El tipo tenía muchos fallos técnicos y problemas de actitud, pero era fiel como un perro a su amo y sabía mejor que nadie cuándo hablar o cuándo callar, lo cual era un verdadero alivio para el emperador, ya que el anterior era… muy cansino.

¿Sabía el yerno del peligro real que corrían con la radiación? Sí, por supuesto, pero prefería no decir ni mu para conservar el pellejo, dejando a Sador tranquilo con sus delirios de grandeza mientras daba discursos por la megafonía. Entretanto, se las agenciaba como podía para conseguir, solo para él y unos pocos privilegiados, el equipo de protección necesario para sobrevivir a aquellos niveles de contaminación emitidos por lo que él mismo llamaba «lo último en tecnología suicida».

Varias cubiertas más abajo, en los hangares de la nave insignia, la actividad era frenética, ultimándose los detalles logísticos del despliegue terrestre sobre la capital de Akir. Los bancos del planeta eran de todo menos pobres, razón por la cual sus cajas fuertes pasaron a ser la prioridad absoluta de la invasión. Era una estratagema desesperada, digna del emperador Malmori; una jugada que, de salir bien, no solo le permitiría pagar las nóminas atrasadas de aquel mes a sus tropas, sino también recuperar la costosa nave factoría que le habían confiscado por deudas.

Reunidos al lado de cada lanzadera blindada, los equipos de asalto recibían las últimas instrucciones de sus sargentos. La consigna principal era la contundencia absoluta. No importaba a quién se tuviera que matar en las calles: había que hacerlo y punto. El objetivo real era desmoralizar a la población civil y sembrar el pánico, ya que una ciudadanía acojonada no osaría sublevarse jamás ante las supuestamente temibles tropas de choque Malmori.

A pesar de todos sus reveses financieros y de su alarmante falta de personal, el Malmori seguía siendo un ejército temido por el espacio conocido. Sador estaba convencido de que su armada volvería a ser la más importante de la galaxia en breve, en cuanto Akir y sus arrogantes ciudadanos fueran aplastados. Y es que la población de Akir no era moco de pavo, contando con cuarenta y ocho millones de habitantes que, tras la conquista, se convertirían en futuros siervos y soldados para el Imperio.

De pronto, las luces del hangar parpadearon y una sirena de tono grave ahogó el ruido de los motores de plasma. La voz del ordenador central de la Cabeza de Martillo resonó con frialdad en cada rincón de la flota:

«¡Atención a todas las secciones! Tripulaciones a sus naves. Esto no es un simulacro. Repito: esto no es un simulacro. ¡Despegue de la primera oleada programado para T menos sesenta minutos!».

¿Y van a dejar volar armados hasta los dientes a todos estos lunáticos?

Espero que no o de lo contrario me cogeré un pedo más gordo que el del pobre general Silu. Ya sabéis ese al que le han volao el buga.

 En fin, si quieres saber como acaba la historia no te pierdas el desenlace, así que estate atento/a porque promete y mucho.

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