Suelo soñar contigo en un lugar pequeño, desconocido pero con referencias de la vida terrícola. Me aferro a seguir contando una historia existente en mi cabeza y cambiante con el pasar de los años, he vivido más de once mil días y aún no puedo encontrarte.

Si digo tiernamente: Te necesito esta noche para calmar el hambre del insomnio que me come y consume mi llanto; ¿vendrías?

Déjame quieta y apacible dentro de ti, debajo de tu barbilla; en tu canto interior.

¿Y, puedo tomar sutilmente de tu camisa para no perderte en el camino?

No, no temas sujetarme y regalarme tres pasos de baile genuino en el campo humeante de tu encanto.

Quédate conmigo y te regalo mis gestos abandonados en el patio, donde alguna vez me alegré de verte.

Y cuando pensé en ti, seis mensajes llegaron; la confesión, el triunfo de mis sueños románticos, me pregunto quién te vio escribirlo y el gesto producido de tu embriagada valentía. ¿Tus manos temblaban?

Me inquietaba llegar y responder a solas leyendo una y otra vez el primer te amo, gritaba y sonreía al mismo tiempo; lo hice, te correspondí; como mi intuición y mi razón te piden cada noche.

Etiquetas: amor escritos

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS