Se detendrán ante el umbral de lo que fuiste,
con el nombre de ayer entre los labios,
tanteando las paredes de un refugio triste
donde el tiempo solo guarda restos sabios.
Irán tras tu sombra en el invierno de siempre,
buscando el rastro de la nieve en tu mirada,
sin saber que no hay frío que te siembre,
ni rincón en la penumbra que te sirva de morada.
Preguntarán al viento por tus viejos miedos,
por la ceniza mística de tu antigua hoguera,
mas solo hallarán el vacío entre sus dedos
y una entrada clausurada por tu nueva era.
Es inútil buscar el cauce en la piedra seca
cuando el agua ha partido hacia un nuevo destino,
la memoria es un templo que hoy se desintegra
frente al paso glorioso de tu nuevo camino.
No entenderán que el alma rompió sus cadenas,
que el dolor ya no es ancla, sino vela al viento,
que ya no corre el luto por tus nuevas venas
ni el rastro del ayer marchita tu sustento.
Tú ya no eres el nombre que ellos pronunciaban,
ni el gesto cansado de aquel tiempo errante,
mientras sus manos al vacío abrazaban,
tú resplandeces como un sol triunfante.
Bajo cielos de luz que ellos no conocen,
donde el sol no se apaga ni la fe se rinde,
mientras los ecos de antaño por fin se desconocen
y el mapa de tu vida ya no tiene linde.
No mires atrás hacia el valle del frío,
donde el hielo pretende dictar tu estatura,
pues ahora eres cauce, eres fuerza, eres río,
que nace de Dios en su máxima altura.
Que sigan buscando en la alcoba vacía,
en el rastro borrado de una antigua herida,
mientras naces de nuevo a la luz de otro día
donde el cielo comienza y el miedo se olvida.
OPINIONES Y COMENTARIOS