Entre palabras que dolían

Capítulo 1: Un encuentro inesperado

El primer día de trabajo siempre trae nervios.
Aquella mañana, ella caminaba rápido por el pasillos del colegio intentando recordar todo lo que le habían explicado minutos antes.

Mientras acomodaba unos papeles en su escritorio, escuchó una voz detrás de ella.

—¿Eres nueva, verdad?

Ella levantó la mirada. Frente a ella estaba un chico alto, con una sonrisa tranquila y unos ojos que parecían observarlo todo con calma.

—No… es mi segundo año trabajando —dijo ella riendo suavemente.

Él también sonrió.

Desde ese momento comenzaron a hablar más seguido. Al principio solo eran conversaciones cortas sobre el trabajo: dónde estaban las cosas, cómo funcionaban algunos documentos o a qué hora era el descanso.

Pero con los días, esas conversaciones se hicieron más largas.

Reían juntos en los descansos, se ayudaban cuando uno no entendía algo y poco a poco comenzaron a conocerse más.

Cristina no se dio cuenta exactamente cuándo empezó a sentir algo diferente.
Tal vez fue cuando él la hacía reír en los días difíciles… o cuando buscaba cualquier excusa para sentarse cerca de ella.

Lo único que sabía era que, sin pensarlo demasiado, su corazón empezó a inclinarse hacia él.

Y aunque todo parecía bonito al principio, había algo que ella aún no sabía.

Algo que con el tiempo cambiaría todo.

Capítulo 2: Una invitación inesperada

Había algo en él que hacía que todo fuera más fácil. Sus bromas, su forma de hablar, la manera en que siempre encontraba un momento para acercarse a su escritorio.

Una tarde, mientras Cristina llegaba a casa a descansar un poco por su día largo, Cristina le respondió un estado a Daniel mencionando:

—Hace tiempo que no voy al cine. Han salido varias películas buenas.

Daniel durante unos segundos dudó, ya que estaba jugando fútbol con sus amigos pero finalmente reunió valor.

—Si quieres… podríamos ir un día —dijo tratando de sonar tranquila—. Yo también tengo ganas de ver una película.

Daniel la miró sorprendido por un instante, pero luego sonrió.

—Me parece una buena idea.

Valeria no pudo evitar sonreír también. Era algo simple, solo ir al cine… pero para ella significaba mucho más. Era la primera vez que hacían algo juntos fuera del trabajo.

Y aunque parecía solo una salida al cine, para Cristina era el comienzo de algo que su corazón ya empezaba a imaginar.

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS