Suena difícil de creer que el sentimiento de querer ver todo lo peor del otro, venga de la felicidad, sobre todo cuando se suele entender como un concepto universalmente positivo. La RAE lo definen como un “Estado de grata satisfacción espiritual y física».
Sin embargo, lo que a mi concierne la felicidad oculta una parte importante de la verdad. Tal como menciona Kant “la felicidad es un ideal de la imaginación”, lo que es cierto, analizando las palabras de Kant a mayor profundidad damos con algo que nos puede llevar a una pregunta inevitable ¿es realmente la propia felicidad un fin absoluto? O de forma más simple ¿la felicidad del otro lo es todo?
Siguiendo el planteamiento Kantiano, aquello que imaginamos como felicidad puede entrar en conflicto con la ley moral. Muchas veces nuestro bienestar se sostiene en base a otros no en nosotros, lo que nos hacen pensar que, cuando ustedes se encuentran en un estado de satisfacción espiritual y/o física lo están haciendo a costa de otro?, por lo que consiguientemente pasarían a llevar la tan anhelada moralidad, esto pasa cuando se miente, se roba, se rompen promesas, o por la falta de honestidad, entre muchos otros ejemplos que son mucho más básicos que los aquí mencionados, por lo que en esos momentos la moral no importa, siempre y cuando estemos en búsqueda de nuestra propia satisfacción. Es más, estoy cien por ciento seguro que ustedes están recordando momentos en que valió más su satisfacción que lo que realmente debieron o que pudieron hacer.
Es precisamente ahí donde aparece mi sentir, el que busque el peor lado del otro no nace de querer ver la destrucción, sino del deseo de ver que oculta o arrastre detrás de esa felicidad, lo que revelaría la relación entre la moralidad y el deseo.
Lo que busco en este escrito es no juzgar a la personas y no sentirme juzgada por ellas cuando mis sentimientos son siempre ver lo malo detrás de todo lo que se obre.
SM.O
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