Soliloquio existencial

“La soledad del hombre no es más que su miedo a la vida” Eugene O’Neill.

Nadie habla de ese dolor en el pecho que se siente cuando las personas saben de tu tristeza, de tu decepción o de las cosas poco agradables que llegan a tu vida en determinado tiempo y te dicen «échale ganas» o «ve el lado positivo». Me parece que no es un asunto de seguir adelante con actitud positiva, es un sentimiento que va más allá, que se siente íntimamente conectado con la existencia. Hay días que solo se sigue no por el afán o por la meta o el sentido de la vida, se sigue para simplemente seguir existiendo. 

Mi tristeza es una de las que, poco se habla. No viene de una decepción amorosa, no viene de problemas familiares, no se deriva de estrés laboral y solo tal vez no es el resultado de estar haciendo lo que me apasiona poco. Viene de una profunda y magnánima soledad. 

No es la soledad de no tener a alguien cerca, es una soledad más obscura. Aprieta fuerte el pecho, incluso arde, se siente tan apretado que deja poco movimiento para llenar los pulmones de aire. Soledad que recorre cada hueco de la carne y no se borra con la compañía de alguien. Seguramente es de esa soledad en la que, alguna parte crucial de mí ha muerto y no me he enterado que así fue. El cadáver se pudre dentro de mí y no lo puedo sacar. 

O quizá es de esa soledad en la que, se perdió una esencia individual de mi propio ser y no he procesado correctamente la pérdida. Los abrazos han perdido la fuerza, las palabras de ánimo no producen ningún efecto, los olores calman solo un instante, las situaciones incómodas se sienten con más intensidad que otras veces. Me reinvento cada cierto tiempo, redirecciono el camino y no encuentro la esencia, no encuentro la calma, no encuentro la paz auténtica. 

Así pasa un día tras otro. Algunos más veloces que otros y no encuentro la particularidad o el aprendizaje de tanto descontrol en mi vida y en mi mente. Hay días que parecen productivos, llenos de agenda, pero hay días que solo lo llenas con existir. 

Generalmente «echarle ganas» van relacionado con tener mil actividades dentro del día, con cada día obtener un aprendizaje nuevo, dar una paso a la ficción de plenitud que cada humano se ha formulado con el fin de avanzar, pero nadie sabe que existimos las personas que no nos hemos formulado un ficción de plenitud específica, que cambiamos mucho de metas, de objetivos y que realmente hay días que solo nos concentramos en existir únicamente, no en ser «productivos» o amantes de los planes y agenda, si no, levantarse, respirar, dejar pasar el tiempo y volver a dormir para de nuevo levantarse, respirar, dejar pasar el tiempo y volver a dormir. Coexistir con la rutina. 

No encuentro un final adecuado al soliloquio, tal vez porque así es mi capacidad actual de encontrarle poco sentido a la existencia, solo concluyo de que, un dolor así, tan inexplicable, tan profundo pero al mismo tiempo tan difuso no amerita un fin específico o una prosa hermosa. Solo son palabras que por el simple hecho de estar plasmadas, existen y eso basta. 

Sabina León. 

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