El tiempo nos permite entender todo. No sabría decir cuánto de este, exactamente, conlleva entender una discusión con alguien, comprender el punto del otro o si realmente uno tenía razón más que el otro. Las peleas pueden ser muy oscuras, llevarnos a frasear desde lo más profundo del corazón negro y lograr lastimar a la persona que más llegaste a querer. Corrieron eternos meses y se llega a la fina conclusión de que esa persona cumplió su ciclo o que meramente se requiere de un corte temporal, sin saber cuánto llevará. ¿Duele? Claro que sí, como toda herida: al principio sangra y la mirás con nostalgia, esperando que vuelva a su estado sano. En cuanto deja de correr la sangre y vemos una fina cicatrización, entendemos que el dolor es de roce y no constante. Un malestar mucho menor, en donde comenzamos a entender lo sucedido y nos reducimos a interpretar. Luego viene la cicatriz sin dolor; saber que esa persona te marcó, fue importante, habrá recuerdos siempre y, aun así, sumándolos todos, no tenés intenciones de cruzarte. Cuando no brota el extrañar, entendés que todo pasó. La tormenta finalizó y ahora, sencillamente, queda mirar delante y comenzar un nuevo ciclo. Las amistades pasarán y, al fin y al cabo, cuando esa persona te deseó lo peor, no podrías creer ciegamente que valía poseerla a un lado tuyo. Siempre los héroes, ante una gran pelea, logran sacar su jugo más ácido para mantener viva la herida, para que te mantengas de su lado; atado a una disconformidad cómoda. Un verdadero héroe jamás impondría tanto dolor hacia su aliado. Es así, muy importante mantenerse atento a los supuestos héroes de nuestras vidas y buscar a los verdaderos aliados de la amistad. Las personas van y vienen, pero ¿tengo a mi lado a quien realmente me quiere? Preguntátelo, revisá e intentá interpretar quién realmente quiere lo mejor para vos o quién se encuentra ahí solo por estar, esa disconformidad cómoda.

Atte.

Facundo Verardo D’Agostino

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS