Hola, Si soy yo. Pensé que ya no reconocerías mi voz, ha pasado mucho tiempo. No sé qué hago llamándote y sí lo quieres ver de esa forma, si tengo el descaro o tal vez la inocencia de ser yo el que da el primer paso de vuelta hacía lo nuestro. No lo sé, sabes, aunque tratemos de guardar en lo más recóndito de nuestra alma nuestros más profundos deseos, solo basta la distancia correcta y ese punto de la noche cuando uno se siente seguro como para pensar que nos protege de lo avergonzado que estaríamos de confesar nuestros sentimientos, estar tan lejos de ti me quita las inhibiciones y encima la noche, la noche embriaga en un manto que parece que nada importa fuera de nosotros. ¿Sigues ahí? Bueno, no importa, nuestro final nunca pudo ser descrito, tantas cosas que te quise decir en su momento, desde los poemas más profundos y arrastrados hasta los insultos más oscuros que solo el rencor podría pronunciar. Pero me los trague y los guardé donde coloqué el amor que en algún momento te regalé sin ánimos de reciprocidad.

Y ahora heme aquí, sin palabras que pronunciar, ha pasado el suficiente tiempo, Suficiente como para que ya solo sienta ese pequeño infarto al verte. Pero no te vayas, también te quiero escuchar, dime algo, solo una señal de que no soy el único bailando este son de nostalgia y melancolía. Dame solo una señal que mi alma desnuda pueda considerar no volver a vestirse. Si debo confesar algo es que todavía tengo presente el momento en que cerraste la puerta de mi habitación por última vez y tu silueta jamás acompaño las mías por las noches. Es casi como ver partir a un ser querido y saber que jamás lo volverás a ver y esta llamada suena más a una oración a los pies de una tumba que una charla. Casi me quedo sin batería, finjamos que esto fue un mal sueño; no esta llamada, toda nuestra relación, yo lo hago.

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