Era de noche y en plena temporada de primavera. Me recogió en su auto.

La cita pactada era ir a los piques, había querido llevarme pero siempre me negué; sentí que era mucha adrenalina para mí que suelo ser un poco más pasiva.

La reunión de autos pasaba las 11 pm. para más discreción y al estilo de rápidos y furiosos: tokio drift todos iban en filas por la carretera.

Entre los terrenos de playa hay una pequeña pista que lleva a los condominios de playa, aún en construcción, ese era el sitio de reuniones.

Comenzó street racing. El aire olía a gasolina y el calentón comenzaba con un auto que tenía unos parlantes de mi tamaño en vez de asientos; ése ponía la música y el ambiente más divertido

Con el rugir de los motores no solo estaba la ilegalidad de las carreras si no que junto a ellas, el consumo de alcohol , apuestas y alguna que otra sustancia en resumen la ilegalidad en su esplendor.

¿Que hacíamos ahì? Él era un consentido, mimado por los papás típico niño de clase media-alta que siempre quiere hacer una fechoría porque los papás nunca le dejaron hacer nada prohibido y tampoco le faltó nada. Por mi parte yo siempre con la imagen de chica buena…si alguien supiera que estuve ahí, no lo creerían.

La noche transcurría bajo las estrellas, la música, los bailes alocados y todos los que estábamos en el mismo team brindando en cada carrera que ganaba algún integrante. Esa noche fue elemental, sabíamos que al amanecer seríamos los mismos de siempre.

Corrí una junto a mi acompañante. Fue lo mas insano que hice en mi vida. No sabía si terminaríamos chocando contra un poste o con algo roto en una de las maniobras. Cerré los ojos en una curva; lo único que me sostuvo fue mi cinturón de seguridad. Ni yo misma me aferraba tanto como el lo hacia.

Baje con las tripas revueltas pero de la mano del ganador de varias carreras. Aun mareada, con el corazón a mil, sentía la libido recorrerme el cuerpo. Nos besamos. Me tomo de la cintura y, al apretarme junto a su pecho puede escuchar su corazón desbocado. Su latir era semejante al mío.

Concluía la rodada, decidimos ir a la playa, con unos amigos. Fueron horas intensas: de mucha risa, apasionados y fogosos besos, conversaciones grotescas …cabe resaltar que todos fuimos muy bien educados pero en ese momento éramos perversos.

Mi acompañante manejaba con una mano en el volante y la otra en mis piernas. Decía que tenía frío, pero lo mágico de la noche fueron los tres gatos que se nos cruzaron en la pista. Era raro ver gatos por donde no había nada alrededor.

Llegábamos a la playa. Él posó su cabeza sobre mis piernas, exhausto de tanta adrenalina, nos miramos y sin intenciones de algo más, nos dejamos llevar por el ambiente romántico: el olor a playa y el alba en nuestra cara. Nos sentíamos poderosos en una noche tan efímera.

Llego en momento de regresar a la realidad 4 am. debíamos buscar donde lavar el carro y él debía llegar como niño bueno a casa. Si su mamá supiera lo que él hacía, se caería infartada.

Me dejó en mi casa y, con un beso apasionado, nos despedimos.

Cada vez que pienso en él, un gusano musical se activa dentro de mí, repitiendo : No me importa de qué lado está en este momento el puto destino.

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