¿DÓNDE QUEDÓ MI CONSCIENCIA?

¿DÓNDE QUEDÓ MI CONSCIENCIA?

Maelo...

27/02/2023

Un mensaje para mi

La educación, pieza clave en la lucha por la erradicación de la corrupción, sin duda

es la propuesta más apoyada en las políticas preventivas, enfocándose a la génesis

de esta problemática y aunque se vienen aplicando estas medidas a nivel nacional e

internacional, infructuosos son los resultados cuando nos hacemos esta pregunta

“¿Tengo hoy más consciencia de la que tuve a los 13 años?”, ello nos hace dar cuenta

de que, los esfuerzos de un proceso educativo de varios años son revertidos y

destruidos por distintos factores, entre ellos, el facilismo educativo.

Es razonable pensar que, si en los primeros años de escuela la honestidad y lealtad

eran valores fundamentales en nuestra formación, al terminar la secundaria, estos se

vieran consolidados en actitudes éticas muy arraigadas en nuestra persona, en vista

de que la formación moral es uno de los objetivos de la educación (en un trabajo

conjunto entre la familia, I.E. y sociedad), sin embargo, encuestas nos demuestran

que, a medida que pasan los años, nos hemos vuelto más tolerantes con actos

deshonestos en la vida académica.

En un artículo realizado por Sañudo y Palifka (2018) sobre la corrupción académica y

su influencia en la democracia, se registró que el índice de estudiantes tolerantes con

actos deshonestos era mayor en la secundaria que en la primaria; respecto a la

universidad, el porcentaje era más alto en semestres avanzados. Estos datos son

comparados con los resultados de una encuesta elaborada por Ipsos Perú para

Proética, que refleja que el 72% de la población peruana es medianamente tolerante

con acciones corruptas y un 6% altamente tolerante. Datos preocupantes si

consideramos que los estudiantes de hoy, serán los profesionales llamados a ocupar

puestos de trabajo en el sector público y privado del mañana, que estarán

predispuestos a cometer actos deshonestos y, por lo tanto, si su posición lo permite,

valerse de la misma, haciendo uso incorrecto del poder en beneficio propio o para un

tercero. (Comisión de Alto Nivel Anticorrupción. 2017).

Viendo la trascendencia de la deshonestidad académica en el campo laboral,

debemos entender ¿por qué nuestra consciencia disminuye con el paso de los años?

Y ¿por qué esta no se fortalece con los nuevos aprendizajes? Entre los factores que

nos llevan a normalizar dichas conductas, encontramos al facilismo, pues la idea de

lograr objetivos con el menor tiempo y esfuerzo posible, resulta muy tentador a los

ojos de todo estudiante que desee acceder a nuevas oportunidades, claro es el

ejemplo de un estudiante que llega a ocupar una vacante en una entidad pública a

través de una llamada, una llamada que le ahorró horas de preparación, postulación,

entrevistas, viajes, etc. En otras palabras, el poder desvincularse de la moral para

obtener un beneficio anhelado, enerva toda culpa o remordimiento que la persona

deba sentir respecto al acto deshonesto o corrupto que ha realizado. (Sañudo y

Palifka, 2018).

De este modo, se ve que el facilismo educativo destruye la ética, pues este problema

se traduce en demostrar a otros, que lograr una meta por muy complicada que

parezca, es posible sin el sacrificio que amerita (Leiva, 2022), este es un concepto no

muy alejado de la corrupción, que, de acuerdo con la Comisión de Alto Nivel

Anticorrupción [ CAN ], (2017, p.22) es “el mal uso del poder público o privado para

obtener un beneficio indebido; económico, no económico o ventaja; directa o indirecta;

por agentes públicos, privados o ciudadanos; vulnerando principios y deberes éticos,

normas y derechos fundamentales”

Por lo que, entre las consecuencias mediatas del facilismo, lamentablemente se

encuentra la corrupción, razón por la cual, en la medida que todo estudiante esté

propenso a aceptar y practicar conductas deshonestas (plagio, soborno, otros) en su

educación, esta condenado a cometer actos de corrupción en un futuro, ya que la

ética no es un principio que haya fortalecido en su proceso pedagógico, muy por el

contrario, lo ha deteriorado en el transcurso de los años, haciéndose indiferente a su

consciencia que ya no tiene voz en la toma de decisiones.

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