Por. Karol Bolaños

Lina, mi querida Lina, desde hace días tu imagen va y viene en mi mente, te recuerdo en tantos momentos y situaciones simples de la vida, pero tan importantes y felices. Sabes, creo que tú me presentaste un mundo diferente del que conocía, como lo hizo la mayor parte de mis compañeros y compañeras en la universidad, en especial, mis amigas y amigos. Por lo tanto, tu ayudaste a cambiar mi mundo.

Hace días estaba bloqueada en unos pensamientos que me perturbaban mucho, salí a fumar un cigarrillo en la ventana del pasillo y escuché voces en mi cabeza que me incitaban a tirarme. Yo vivo en un tercer piso, acá le dicen segundo. En la parte de abajo hay un patio, es tan melancólico, triste y abandonado que cuando lo veo me deprime. Ese patio tiene un piso hecho de rocas antiguas que parecen fuertes, indestructibles y trituradoras. Desde arriba se ve alto. Pienso que si me hubiese dejado convencer por aquellas voces hoy seriamos dos volando en el limbo.

Estaba pensando, escuchando, mirando y fumando. Por un instante fue uno de esos momentos en los que sientes que no sirves para nada, que todo lo haces mal, que la vida no tiene sentido, que todo lo que te duele te ha pasado porque te lo merecías, que luchar tanto no ha valido para nada, que debiste haber pensado mejor para no cagarle la vida a nadie.

Apareció un pajarito en el tejado y deje de mirar abajo, mire en dirección a la habitación de mi hija y pensé en ti, sentí como si mi pecho se contrajese. Sentí miedo y angustia. Pensé, mañana será otro día.

Lina, querida Lina, me esta haciendo jugadas raras la cabeza y todas las historias que se tejen ahí. Los recuerdos me abruman y ya no sé quién soy. Estoy haciendo lo de siempre, alejarme y alejar a todo el mundo de mi vida, hacerme películas que no existen, darle importancia a lo que no la tiene. Trato la mayor parte del tiempo de poner los pies en la tierra para evitar perderme mientras mi pensamiento flota en el aire, pero a veces no puedo.

Sabes yo no soy tan fuerte y mucho menos valiente, me da miedo todo, solo saltaría si alguien me empuja, pero yo por mis propios medios no seria capaz y menos teniendo una responsabilidad tan importante como ser madre; pero te lo juro, escuche voces que intentaron darme esa opción para dejar de abrumarme.

Desde entonces, no he dejado de pensar en ti. ¿Tú también escuchaste las voces en un momento difícil? ¿Te sentiste tan sola como solemos sentirnos nosotras a veces y no tenías quien te escuchara sin juzgarte? ¿De dónde sacaste tanta fuerza para irte a volar así?

Lina siempre quise recuperarte en mi vida, pero no supe cómo hacerlo, te perdí porque fui una estúpida y me comporté muy mal contigo. En lo único que soy experta es en alejar a la gente de mí y por eso merezco el destino que tengo, la solitud.

Tú intentaste un montón de veces acercarte y yo siempre lo entorpecí, fui una tonta, soy la única responsable de que nuestra amistad y complicidad se acabara. Perdimos el contacto, hicimos vidas distintas, no pudimos reestablecer la conexión porque mi tontería se acumuló con la migración, pero yo siempre guardé de ti muchos recuerdos, los mejores.

No se vale pedir perdón cuando ya no se esta en el mismo plano de la existencia, pero esto que me paso, me dice que es importante hacerlo.

Lina cuando decía que eras tan joven y veías las cosas tan simples, lo hacía en el buen sentido de la palabra, yo desde muy joven me siento vieja, complicada y siento que cargo el mundo en mi espalda. Tu manera de ver la vida siempre me inspiró, en especial, el amor por lo andino, lo tradicional, las fiestas, las danzas, lo popular, la memoria y la cultura en general. Tu compañía me despertaba mucha curiosidad. Estar contigo me hizo disfrutar la sencillez y aprendí tanto, a tu lado descubrí un mundo que había sido ajeno.

He pensado la razón por la cual me aleje de ti, fue tan injusta, tan tonta y tan ausente de solidaridad femenina. Sabes, ese día debí haber botado a ese teatrero de pacotilla que no sólo te estuvo acosando, sino que nos dañó el paseo. Ese día que volvíamos a Cali, debí traerte conmigo y mandar ese imbécil a la mierda para siempre. Todo lo sucedido, debería haber sido suficiente para saber que se trataba de un augurio de mala suerte. Pero no, te empecé a perder.

En el fondo no me enoje porque te besara, igual no teníamos nada, me enoje porque no sabía qué hacer en ese instante que me sentía en un estado compulsivo, insegura y débil. Estaba enojada porque me parecía que jugaba con las dos y ninguna lo frenó, que tontas, ahora creo que debimos haberlo compartido y botado después. En fin, ya luego mi cerebro comenzó a hacer lo suyo, películas. Intentamos acercarnos, pero yo me predispongo, me hago ideas que no existen y me las creo, psicosis controlada.

Por estos días que me persiguen las palabras celos y envidia me preguntaba si se trataba de eso lo que nos distanció, siendo muy sincera, creo que sí, creo que como siempre he sido tan insegura me atormentó que fuese la segunda vez que te presentaba un amigo y se terminaba fijando en ti.

¡Qué vergüenza!

Sabes, es muy raro, yo suelo evitar desear lo de otros, pero me vuelvo loca cuando me quieren quitar “algo mío” y automáticamente dejo de pensar con lógica. Pero no soy capaz de pelear por nada, sólo tomo distancia, como los cobardes, como los ermitaños que se meten en el caparazón y no se atreven a salir si alguien los quiere confrontar.

Perdóname Lina por no haber sido más inteligente y controlar mis emociones, perdóname porque nunca te dije todo esto, perdóname por no haber estado ahí cuando seguramente necesitabas un mensaje divino que hiciera callar las voces, perdóname por traerte tanto a mi pensamiento, no se si tenga el derecho a pensar en ti y pedirte perdón, aunque ya no estes.

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS