por Andrés Obychniev El saco no era una prenda. Nunca lo fue. Aunque colgaba, obediente, de un clavo oxidado en la pared de chapa, su peso no respondía a la gravedad sino a otra cosa, algo más denso, más antiguo, como si en vez de tela estuviera tejido con sombra comprimida. En el sur umbrío...
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