El lago seguía en calma, como si también escuchara. Ren apoyó los codos en las rodillas y se inclinó hacia adelante, la mirada clavada en el reflejo de la luna. Su voz salió baja, como si hablara consigo mismo. —¿Alguna vez sentiste que, aunque intentaras hacer lo correcto, igual terminabas hiriendo a alguien? Ayaka no...
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