Entre Tailandia y Singapur
-Lástima que no haya billetes para maniquíes- le dije. Me contestó con su silencio habitual. Estaba sentado en el salón en su silla delante de la tele, inmóvil. -¿Me has oído? He dicho que no venden billetes para estatuas. Me hace incluso menos caso ahora. Y eso que estuve allí aguantando sus quejas durante esos...