Él ya estaría tomándose un daiquiri en el Malecón. Esther cerró el libro de golpe, qué le importaba ese cretino de Mario, lo que tomaba y dónde, ni lo que iba a hacer, ni la novela esa. Estaba en la consulta del médico y había cogido el libro que alguien se había olvidado sobre la mesita. Esperaba. Sus nervios estaban alteradísimos. Temía el momento en que la llamaran. Fue entonces que se abrió la puerta y la enfermera llamó: Esther Veri. Con una indiferencia hiriente dijo: “La biopsia ha dado negativa”.

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